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Andariego Cocina es una joya oculta en el Centro; un espacio de comida istmeña de gran sabor y a precio excelente. Aquí, Carlos Cabrera cocina desde lo que sabe, conoce y ha vivido, con un fuerte arraigo y amor por la gastronomía. Su propuesta fusiona la energía inagotable de la CDMX con el auténtico sabor de Oaxaca, motivada por la pasión multicultural y su origen istmeño. Su deseo genuino es compartir la mesa y democratizar la mesa entre sus comensales.
La experiencia inicia con los molotes de plátano ($110), muy bien doraditos, rellenos de quesillo y montados sobre un espejo de mole coloradito con un ligero toque a piloncillo. Después, pasamos al fideo seco ($100), servido con elote, epazote, chile pasilla y bastante aguacate.
El viaje siguió con las enmoladas ($185): cuatro porciones bañadas en mole casero, un poco más dulce que el del Valle, coronadas con harto queso de bola y su cebollita. Pedimos también la tlayuda de tasajo, frijoles, col y quesillo ($165), de un tamaño tan generoso que resultó imposible de terminar entre dos. Ojo, porque entre semana hay un menú de tres tiempos más postre por $150, y los fines de semana ofrecen especiales imperdibles, como pozole o relleno de puerco istmeño.
Time Out Tip: Pide un mezcal y deja que el show drag te atrape.
Qué pedir: Molotes, tlayuda y fideo seco.
¿Por qué nos gusta? Su cocina es buena, bien servida y a un precio justo.
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