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Reseña
Algo de lo primero que se aprende al acercarse a los fogones es que la buena cocina no se puede ni se debe apurar. Los sabores que se desarrollan lentemente son también los que se imprimirán más profundamente en la memoria. Eso es algo de lo que está muy consciente la chef Karina Morales (Mamma Ricotta), por ello en este restaurante dicen que el concepto es "cocina abierta y comida lenta".
Figa es una reinvención de su primer proyecto, Zapote. Cambió de nombre, se rescataron platillos y se agregaron nuevos, mientras que la inspiración del menú sigue siendo tan amplia como el Mediterráneo, aunque ciertamente liderada por las cocinas italiana y libanesa.
Si algo me parece un hermoso símbolo del cariño hacia el otro, es prepararle una sopita reconfortante, en especial en esta época de bajas temperaturas. Y claro que en este lugar tienes que probar un risotto o una pasta, pero para sentir el apapacho auténtico de Figa, empieza con la sopa de lenteja roja, con curry y comino. Es como un abrazo del que no quieres soltarte.
En nuestro caso, continuamos con un cremoso risotto de camarones al ajillo y los gnocchi de calabaza amarilla a la genovés, rematados con queso pecorino. Esponjosos y suaves, ambas opciones nos picaron la curiosidad de volver solo a probar el resto de las pastas. Ahora que si buscas más proteína, explora otra opción de lado árabe del menú con el pollito con especias, papas cambray y salsas caseras.
Tip de Time Out: justo al lado de Figa está Mamma Ricotta y puedes pedir algo también de ese menú.
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