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Reseña
Una vez que reservas por Whatsapp (el link está en su IG: momiji_mx) una mesa en este restaurante secreto, debes dar con el lugar. Cerca del número indicado hay un portón negro donde al acercarte estará un discreto letrero que indica que has llegado: Momiji.
Al pasar notarás que se trata literalmente del patio de una casa. Raymundo Pérez y Cristina Hanhausen emprendieron en la pandemia una dark kitchen de cocina asiática (especialmente ramen) que luego se transformó en este singular speakeasy. Mientras que en su primera etapa había un menú que cambiaba cada semana, ahora el menú es fijo, conformado de platos consolidados; lo que sí continúa es que lo mantienen secreto para que llegue el público que de verdad aprecia la gastronomía.
Aunque el talento de ambos es innegable (los dos estuvieron en el certamen internacional San Pellegrino Young Chef, y absorbieron mucho conocimiento en destacados restaurantes italianos y japoneses). Ambos aportan de su cosecha para fusionar sus experiencias en rincones del mundo tan distintos y a la vez tan volcados hacia la gastronomía como son Italia y Japón. No cualquiera sale victorioso en cocina fusión, se necesita mucho coco, mucha técnica y conocer profundamente cada ingrediente, cosas que aquí tienen dominadas.
En esta visita, Cris nos recomendó comenzar con la ensalada de uvas, jitomate y pistache aderezado con vinagreta de albahaca y fermento de cítricos y jengibre hecho en casa con los residuos. Solo un ejemplo de cómo reutilizan los insumos en todo el menú.
Otra entrada que no sale de mi cabeza fueron las gyozas de D'erbetta, la mezcla perfecta entre gyoza y ravioli, van rellenas de ricotta, espinaca y albahaca, con una salsa de mantequilla de yuzu. Un par más de excelentes ejemplos que resumen la creatividad de los chefs son la terrina de chamorro confitado ¡este sí se come con tortillas! y el postre insignia, un flan que lleva un punto saladito que no estorba sino armoniza, con crema de cardamomo y jarabe de sake.
La vibra: al ser su casa, la experiencia la sentirás más cercana a una tarde entre cuates que a la rigidez de un fine dining.
El plato: nuestro favorito indiscutible fueron los gnocchi con láminas de pato y cremoso de gorgonzola son celestiales. Tersos, esponjosos, con la untuosidad justa y el toque herbal del pesto y kōsho de lima yucateca.
El trago: Si eres de martini sucio, prueba el Parmeggiano, un trago con notas umami, ya que está preparado con costras de queso parmesano, además de salmuera de aceituna y prosecco.
Tip de Time Out: quédate en el patio, está rodeado de plantas aromáticas como lavanda y citronela que hacen agradable tu visita.
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