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Reseña
El corazón puesto en un menú que honra la memoria no se puede esconder. De Savvia primero hay que mencionar el espacio, cuyo diseño integra arquitectura, familia y geografía de forma impecable y limpia sin dejar de ser cálido gracias a las fotografías de generaciones pasadas. A cargo del diseño está el despacho WORC, el elemento principal es una mesa en forma de media luna que invita a reunirse en comunidad o conocer nuevas personas.
Lo siguiente es hablar de la cocina de la chef Kiara Mosqueda, quien en un menú corto nos devuelve a los guisos de las abuelas con un toque original, para muestra los envueltos de calabaza en salsa espesa de piña tatemada. Con sus notas picantes y ahumadas, la salsa me recordó al olor del la piña del agave al cocinarla en el proceso del mezcal.
Seguimos con las gorditas de nata con albóndigas, se sumergen en un caldillo de jitomate que no esconde su hechura lenta. De los fuertes, nos decidimos por las chuletas con puré de papa y una mermelada que va cambiando de fruta de temporada, en nuestro caso fue de guayaba. Cerramos con el postre de gaznates, en el que te puedes imaginar el placer de bañarlos en chocolate líquido.
A la cocina se suma un interesante menú de bebidas que rescata la tradición al utilizar tejuino, cacao o rompope, y adaptarlos al ahora. De martes a viernes hay un menú del día de tres tiempos ($200 pesos aprox.), ya que cualquier día es una ocasión especial para disfrutar de este hermoso espacio.
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