A ocho columnas

Teatro, Drama
Recomendado
4 de 5 estrellas
A ocho columnas de Salvador Novo regresa al teatro
Foto: Cortesía Teatro INBA

Time Out dice

4 de 5 estrellas

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La obra del poeta, escritor y dramaturgo Salvador Novo, A ocho columnas, nos trasporta en el tiempo desde la tercera llamada con una voz en off que nos recuerda a un locutor del siglo pasado: Un México en blanco y negro, muy de las épocas del cine de oro mexicano; tono que los personajes respetan durante toda la historia. La obra de teatro que se estrenó en 1956 en el Teatro La Capilla bajo la dirección del mismo autor, nos habla de un tema crucial en nuestro México de hoy: la prensa, “el cuarto poder”. El director Fernando Bonilla nos presenta este 2018 su propia adaptación en el escenario del Teatro Orientación. 

Nos adentraremos a la redacción de “el mejor periódico de México", El Mundo, aquí nos daremos cuenta de que los valores morales de todos los involucrados en la prensa no existen, que las personas solo sirven para acceder a los círculos sociales más altos, que desde la comodidad de sus escritorios pueden destruir o crear reputaciones o prestigios.

La historia además de interesante es divertida, pues aunque toda la obra transcurre en el mismo lugar la sala de espera del despacho de director, los diálogos son fluidos, graciosos, irónicos e inteligentes. Siempre sirviendo al tono y carácter de cada personaje, bien sea Torritos (Luis Miguel Lombana), el jefe de redacción; el reportero idealista amante de los versos y las novelas (José Carriedo) y su mejor amigo (Pedro de Tavira), un cínico que busca lo que más le conviene: la secretaria perfecta (Alondra Hidalgo) con una madre enferma, como en todo melodrama. También vemos a La mujer de sociedad (Sophie Alexander Katz), columnista que sabe de todos y a veces se mete con todos. Así, lo mejor de esta obra es lo que se dice más que la acción como tal.

La escenografía a cargo Elizabeth Álvarez nos presenta un ambiente realista, junto con la iluminación de Tenzing Ortega y Leonardo Soqui y la perspicaz interpretación por parte de los actores, quienes están como si en la vida real fueran lo que simulan en la ficción.

Aunque esta pieza nos habla de un periodismo que hoy en día parece ser menos poderoso gracias al surgimientos de las redes sociales y la era digital, no quiere decir que estas no continúan contagiadas de corrupción. Una obra en la que el espectador sale empapado de realidad.

Por Jacqueline Molina

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