El loco y la camisa

Teatro, Teatro contemporáneo
Recomendado
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 (Foto: Cortesía de la producción)
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Dice Nelson Valente, dramaturgo y director de El loco y la camisa en Argentina, que con su texto y puesta en escena quiso hablar sobre la mentira. La mentira en cualquier contexto y dimensión. En una familia, por ejemplo. O en el encuentro de dos clases sociales distintas en recursos pero no necesariamente opuestas en sus formas.

La obra que ha permanecido durante más de cinco años en la cartelera de Buenos Aires —aquí en nuestra ciudad ha llegado a su cuarta temporada tras estrenarse en 2014—, ha fincado su éxito en la identificación del público con los usos y costumbres de una familia de clase media baja que cae en el universo de la apariencia y el engaño frente al millonario novio de la hija.

La obra dirigida por Sebastián Sánchez Amunátegui, cuyo trabajo se caracteriza por la precisión y mordacidad para abordar conflictos de familia, disecciona a los personajes creados por Valente, los ubica en un mexicanísimo contexto y los lleva del delirio de la mentira a la crudeza de la verdad. Nuevamente el director hace que actores y público toquen fondo a partir de una comedia agridulce.

Punto alto de esta versión mexicana es el reparto, que atiende como reloj infalible la propuesta del director. Bernardo Benítez, Jimena Guerra y José Ramón Berganza alternan funciones con el reparto central. Sonia Couoh y Manuel Balbí consiguen ser desagradables como una pareja de novios en frágil equilibrio. Mercedes Olea y Marcos García aprovechan sus vastos recursos y experiencia para conducir el difícil ritmo de la obra incorporando a los padres de familia en apariencia ingenuos. El talento de Ignacio Riva Palacio le permite hacer y deshacer a través de Beto, su personaje, sin duda uno de los más inteligentes y puntuales de la dramaturgia latinoamericana reciente.

Por Enrique Saavedra

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