Entrevista a Cassandra Ciangherotti y Alejandro Calva y Katina Medina por Blackbird
Foto: Pedro Rueda

Entrevista a Cassandra Ciangherotti, Alejandro Calva y Katina Medina por Blackbird

Blackbird es una obra complejísima que aborda el amor y el abuso. Hablamos con sus protagonistas y directora.

Ángel Arroyo
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Ángel Arroyo
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Ni los actores ni la directora se esperaban el éxito y la ovación que Blackbird recibiría en 2019. La obra protagonizada por Cassandra Ciangherotti y Alejandro Calva, y dirigida por Katina Medina, basada en el texto de David Harrrower, nos presenta a Ray, un hombre que ronda los 50 años, y Uma, una joven con quien tuvo una relación cuando ella tenía 12 años. La obra es un dialogo poderoso entre ambos, donde se retrata el abuso, pero a la vez se nos muestra las complejidades del amor. Ganó el Premio a Mejor Obra de Teatro en los Premios Metropolitano de Teatro y esa es solo una de las muchas razones para no perdértela. Hablamos con la directora y los protagonistas sobre el abuso y lo complejo de abordarlo.

¿Qué retos representa abordar el abuso con todas las complejidad y capas que puedes llegar a tener el mismo abuso?

Katina: Hicimos un trabajo muy profundo antes de montarla. Es un tema que yo he vivió personalmente, lo he hablado públicamente. Y había algo muy profundo y personal del tema. Ale y Cass fueron compañeros hermosos en ese camino. Fueron pacientes y compasivos y nos tomamos de la mano. Siento que todo el mundo ha vivido algo parecido, si no personalmente con alguien cercano. Digo, México es el país número 1 en abuso infantil, por eso la urgencia de contarla. Hubo mucha investigación y también hubo una vivencia personal que hizo que tocáramos el tema desde un lugar muy honesto y profundo.

¿Es complicado dramáticamente dejar en claro que esto no es una historia de amor romántico? ¿Les ha dado miedo que se malinterprete?

Alejandro: Al contrario. David Harrower te pone en esa disyuntiva para que lo reflexiones. Si el teatro no te pone en esa disyuntiva sería un panfleto, un discurso hecho y no tendríamos que discutir sobre el tema. Tiene muchísimas aristas y justificaciones que tienen que ser rotas. Harrower no pone al malo y al bueno, no es una obra de blanco y negro. Es una obra de dos personas que se enamoraron y después te plantea la disyuntiva de la edad. Como hombre a mi me parecía muy complicado hablar de esto. Y quitar capas para poder trabajar desde la honestidad, desde la verdad del personaje y sus razones, fue muy complicado. Eso es a lo que invitamos al espectador, que se cuestione las aristas y matices que tiene el tema del abuso sexual infantil.

Cassandra, hace tres años comentaste sobre esta obra que "Es una de las obras más complejas y profundas a las que me he enfrentado… ni Shakespeare me ha costado tanto trabajo" ¿Cómo te has sentido ahora en los ensayos? ¿Sigue representando un reto tan grande?

Cassandra: Sí, el tema es que Shakespeare te cuenta todo. Y en esta obra están como cortados los diálogos. El inconsciente de los personajes está flotando todo el tiempo. Y se interrumpe. Son esas pausas de respiración y de reflexión, nos interrumpimos los personajes, me resulta una obra tremenda. La complejidad de no hacer el panfleto y poder entrar en todos los universos donde está presente el amor es un reto enorme. Sería muy injusto de nuestra parte no dejar que los personajes sintieran amor el uno por el otro. Y creo que esa energía amorosa que hay en ellos, es la energía amorosa que llega a hacer que los seres humanos sintamos compasión y tengamos oportunidad de sanar. En el caso de estos personajes, nadie les dice que se vale esa energía amorosa y sienten mucha culpa. Es así de compleja y es así de dura, y creo que en el amor hay esperanza de sanación.

¿Cómo es ponerte en los zapatos de un personaje como Ray, Alejandro?

Alejandro: Es maravilloso. Uno como actor intenta evitar vivencias que no te tocaron vivir. Hay compañeros que tienen una especie de línea editorial sobre los personajes que pueden o no pueden hacer. Yo pienso que mientras más sorpresivo sea el personaje, entre menos tenga que ver conmigo, es más un regalo porque me permite explorar caminos inimaginados. Me encanta habitarlo y entenderlo, y me encanta compartir el escenario con Cass.

¿Qué tantas modificaciones puedes destacar de la obra de David Harrower a la presentación que ustedes tendrán?

Katina: El texto es muy poderoso con estos dos actores, y el cómo lo interpretan (porque le dieron otra dimensión a la obra). No hay muchos cambios, es más una obra de actores. Lo que más disfruto es dirigir actores, todo se basa en las emociones, en lo que se dice y que les pasa. Eso es lo que más funciona de la obra, habrá ciertos momentos que podamos cambiar el tono, pero el teatro es de los actores. Es una obra tan emocional e interna, que me gusta trabajar con apertura, pero se mantiene muy fiel. No hay tanto cambio, pero trabajamos con las posturas, con dónde se pone cada uno de los actores, uno frente al otro.

¿Cómo creen que podamos ir desarticulando los mecanismos de abuso que tenemos tan arraigados en nuestros entornos?

Cassandra: Pienso en cómo como humanidad nos relacionamos con la sexualidad. Hay varios momentos en los que tenemos que decir palabras sobre el sexo: pito, pechos, coger, venir, semen. Y cada vez que tengo que decir esas palabras, hay una sensación de tomarlo con mucha naturalidad, pero a la vez a mi personaje le cuesta mucho trabajo, siente que es sucio. Esa complejidad siempre me ha llamado la atención. Creo que la insistencia que tenemos de abordar la sexualidad con tanta naturalidad, nos ha hecho desacralizarla, y tiene que haber algo sacro en la sexualidad. Tenemos una exposición a la sexualidad tan violenta, que le quitamos la sacralidad y considero que eso es parte del problema. Por supuesto que es algo natural, pero también es muy poderoso, especial y espiritual.

Foro Shakespeare. Zamora 7, Condesa. Lun-mie. Hasta el 20 de julio. 8.30pm. $350-$380.

 Recomendación. Reseña Blackbird.

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