Juan Manuel Bernal se enfrenta al que él mismo define como el reto más complejo de toda su carrera. En La muerte de un viajante, la aclamada obra del dramaturgo Arthur Miller, el histrión da vida a Willy Loman, un vendedor fracasado que, tras dedicar sus años a perseguir el éxito y el estatus, no logró conseguir la felicidad que imaginaba.
Dirigida por Cristian Magaloni y bajo la producción de La Gran Audiencia y Diego Cantú, la puesta en escena llega a la cartelera para presentarse en el Teatro Rafael Solana, con una temporada que corre del 16 de octubre al 6 de diciembre. Más allá de ser un simple retrato de los años cuarenta, el montaje se erige como una profunda crítica al llamado "Sueño Americano", cuestionando si el dinero, el reconocimiento y la popularidad son elementos suficientes para determinar el verdadero valor de una persona.
Time Out México conversó con Bernal sobre el peso psicológico de encarnar a este icónico personaje, la vigencia del texto y la importancia de hablar abiertamente de la vulnerabilidad humana y la salud mental desde los escenarios.
Ha interpretado una amplia gama de personajes en cine, teatro y televisión a lo largo de su carrera. ¿Qué hace a Willy Loman un personaje tan complejo y diferente a los demás?
Curiosamente, desde hace unos quince años empecé a enfocar mi trabajo actoral hacia qué es lo que piensan los personajes, poniéndolo en primer plano por encima de lo físico. Y justo ahora me estoy topando con alguien en el que todo está en su cabeza, por lo que creo que es lo más complejo que me ha tocado hacer. Las complejidades de las que nos habla Arthur Miller tienen que ver directamente con la psicología y la salud mental. Estamos ante un hombre presionado por todos lados en un mundo que basa el éxito en quién eres y en cómo te ven los demás.
¿Tuvo alguna duda o miedo al aceptar este papel, considerando la inmensa carga emocional y la vitalidad que usted posee en este momento de su carrera?
No, al contrario, me siento más preparado que nunca. Siento que no podría haber abordado a un personaje así en otra época de mi vida, pero hoy tengo la madurez y el entendimiento necesario para hacerlo. Además, este papel ha sido un sueño para mí desde que lo estudié en mis clases de realismo norteamericano cuando era alumno en el Centro Universitario de Teatro. Desde que lo leí dije que algún día sería este personaje, y el sueño se cumplió.
Willy vive atrapado en las apariencias y la necesidad de ser admirado. En su trayectoria como actor, ¿se ha visto reflejado en ese aspecto por las presiones de su propia profesión?
Sí, el ser actor provoca que de repente te etiqueten de cierta manera, pero a lo largo de mi carrera he tratado de romper con todas las etiquetas que me han puesto. Y no lo hago confrontando, sino a través del trabajo que realizo en el teatro, el cine y la televisión. Me considero una persona muy afortunada y privilegiada, pero siempre abordo el privilegio desde la conciencia del esfuerzo; para mí, el privilegio se gana estrictamente a través de lo que haces y de tus años de trabajo.
La obra es una radiografía de la realidad estadounidense de los años cuarenta. ¿Cómo relaciona la tragedia de Willy con la sociedad mexicana actual?
Vivimos en un momento sumamente aspiracional en el que todo mundo quiere sobresalir; no hay nada más que ver las redes sociales, donde todos quieren ser influencers, buscando un éxito que en el fondo es efímero. Estamos presionados todo el tiempo sobre qué vamos a hacer en la vida, condicionados desde niños para cumplir expectativas que muchas veces son para darle el gusto a los demás y no a nosotros mismos. Esa presión no tiene época ni siglo, pero hoy se siente más grande porque lo vemos todo de forma muy inmediata.
En esta época en la que la salud mental comienza a desestigmatizarse, ¿considera que el público recibe el mensaje de la obra de forma distinta a cuando se estrenó hace varias décadas?
Más bien, ahora por fin hay conciencia sobre esto. Hoy se habla de salud mental, aunque todavía existe gente con el estigma y los prejuicios de pensar que ir al psiquiatra es porque "estás loco". Arthur Miller escribió esta historia en 1949 hablando de un hombre que atravesaba una fuerte crisis de salud mental, en una época donde solo se creía que existían los locos y ni siquiera se sabía por qué. Por eso es que la obra sigue siendo dolorosamente actual.
Si tuviera que definir esta experiencia escénica en tres palabras, ¿cuáles serían?
Dolorosa, amorosa, perfecta.
