Exiliados

Teatro
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Exiliados (Foto: Alejandra Carbajal)
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La calidad y relevancia dramática de esta obra se debe a algo simple y llano: se trata del único texto teatral escrito por James Joyce, narrador de principios del siglo XX que se encargó de redefinir las reglas, la forma y el fondo de la novela universal. Si bien con Exiliados su aportación al teatro universal no resultó tan contundente como con Retrato del artista adolescente o Ulises, estamos ante una obra con todas las de la ley que, por lo que se ve en el montaje de Martín Acosta, estaba adelantada a su época ya que esos desterrados no lo son de otra cosa más que de su propia relación sentimental. Sobre todo sexual.

La traducción y adaptación de Acosta nos deja ver la verdadera necesidad de Bertha por volver a su tierra: su esposo Richard. A pesar de los coqueteos de ella con Robert, del enamoramiento de él con Beatriz y de esos pequeños exilios cotidianos que cada vez consumen más a Robert y fortalecen a Bertha.

Si algo le ofreció Joyce al teatro del siglo pasado fue una gran comedia marital con una forma realista y un fuerte trasfondo espiritual y filosófico, con diálogos en los que pesa más lo que no está dicho que lo que se dice. Sin embargo, hay algo en la manera en la que director y actores abordan la obra que no nos permite apreciar en todas sus dimensiones a estos personajes y situaciones.

Estamos ante uno de los textos que más se esperaba que volviera a montarse en nuestro país (tuvo mucho éxito la puesta de Martha Luna en 1979 con Ricardo Blume y Ofelia Medina). Cada función con los cuatro estupendos actores que integran al reparto Verónica Merchant, Pedro de Tavira, Carmen Mastache y Tenoch Huerta— da cuenta de como logran comulgar y hacer suya esta pieza con sólidos elementos endebles como el tono, el ritmo y la dicción. Por desgracia, la escenografía y el vestuario no apoyan su trabajo. La iluminación, por el contrario, nos da momentos de elegante belleza.

De estos exilios nos quedamos con el placer de conocer, como una nueva generación, ésta, la única obra dramática del mayor narrador irlandés, quien fue amigo y gurú de otro gran compatriota, ése que sí cambió las reglas, la forma y el fondo del teatro universal del siglo XX: Samuel Beckett.

Por Enrique Saavedra

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