La herida y la flecha: réquiem para no olvidarte

Teatro
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La herida y la flecha: réquiem para no olvidarte
Foto: Cortesía Sandra Narváez

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Retoman la compleja figura de Rita Macedo para abordar el tema de las mujeres y el arte en México

En el libro Mujer en papel, la escritora Cecilia Fuentes reúne las memorias inconclusas de su madre, la actriz, productora y modista Rita Macedo (1925 - 1993), una de las figuras más importantes del teatro mexicano del siglo XX, cuyo rostro y contundencia escénica han quedado eternizados gracias a su participación en filmes como Rosenda, Ensayo de un crimen y El castillo de la pureza y teleseries como El manantial del milagro y Alcanzar una estrella.

En el libro, la actriz no solamente da cuenta de las experiencias profesionales, sino también de su vida como hija, esposa y madre, enfatizando lo que tal vez las nuevas generaciones no saben con precisión: la actriz estuvo casada con el pionero de la TV mexicana, Luis de Llano Palmer, y con el laureado escritor Carlos Fuentes. Su hijo Luis de Llano es un prestigiado productor de televisión, su hija Julissa es una de las artistas más completas de los escenarios y uno de sus nietos, Benny Ibarra, es un popular cantautor.

Poco antes de que Mujer en papel saliera a la luz, se estrenó La herida y la flecha: réquiem para no olvidarte, una obra escrita por Marianella Villa y Anacarsis Ramos, quienes toman la compleja figura de Rita Macedo para abordar el tema de las mujeres y el arte en el México del siglo XX. Si bien es la actriz el centro del relato, junto a ella aparecen mujeres fundamentales de nuestra cultura: Rosario Castellanos, Elena Garro, Pita Amor y Leonora Carrington se reúnen en escena para acompañarse y confrontarse y, de paso, confrontar a los espectadores que, lejos de evocarlas, las sienten más presentes y cercanas que nunca. El público se identifica en sus anécdotas y conflictos, mismos que hoy exponen las mujeres del mundo en un movimiento que a todos atañe.

Martín Acosta dirige y consigue uno de sus montajes más redondos y poderosos por su intimidad, profundidad y pertinencia. No hay tregua: con malicia Acosta disecciona el mundo femenino de estas artistas y les otorga su justo lugar en la historia y, además, le otorga los adjetivos merecidos a esos hombres que las rodearon —y buscaron relegarlas—, principalmente Octavio Paz y Carlos Fuentes, los dos grandes paradigmas de la intelectualidad y del machismo dentro de ámbito cultural de este país.

La escenografía y vestuario de Natalia Sedano y la iluminación de Alita Escobedo son fundamentales para crear un universo evocador, realista y onírico, delicado y patético.

Este espectáculo íntimo está pleno de diálogos ácidos y contundentes que se deslizan entre escenas surrealistas y metateatrales que en su conjunto connstituyen un exquisito ajuste de cuentas con las verdaderas seres superiores de nuestra cultura. Ellas están espléndidamente escenificadas por actrices de diversas generaciones que componen un aquelarre homogéneo que corta el aliento ante tanta verdad antigua y actual.

Georgina Tábora, Tanya Gómez y Nicté Valdés se desdoblan en diversas mujeres y seres. En ellas, los fantasmas de Pita, Elena, Rosario, Leonora y Helena se incorporan a los malestares y batallas de nuestro tiempo. Empero, si alguien defiende de principio a fin todas las capas de la vida y muerte de una artista y mujer, es Xóchitl Galíndres, quien compone una Rita Macedo fascinante, oscura, trágica y, precisamente por mostrarse así, sin las máscaras impuestas por la sociedad de entonces, resulta profunda y luminosa. La complejidad de una de nuestras más grandes actrices permite el brillo absoluto de una  joven actriz que tiene todo para poder decir mucho en nuestros escenarios.

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Por Enrique Saavedra

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