Los hijos también lloran

Teatro
 (Foto: Cortesía de la producción)
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Foto: Cortesía de la producción
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Foto: Cortesía de la producción

Deconstruir la propia biografía, revisitar el pasado y sus fantasmas para convertirlos en material de ficción. Algo así es lo que persigue con este proyecto el actor, cantante y productor Andrés Zuno, quien nos muestra una faceta de novelista y dramaturgo a fin de contarle al público su propia biografía, la cual está enmarcada por los momentos agridulces que vivió en la década de los ochenta.

Explica: “Es una propuesta que rompe con las barreras de la ficción, de la realidad y del recuerdo. Es una especie de teatro documental y jugamos con ello y con los distintos formatos teatrales, con la música, con lo audiovisual.” Y asegura que, aunque se conjugan distintos elementos sobre la escena, el objetivo central es rendir un homenaje al teatro.

El argumento aborda la relación de un niño con su madre a partir de la pérdida de su padre, durante los ochenta.  Las preguntas naturales sobre la vida, la muerte, la identidad, así como la inquietud por el pasado y el futuro, son formuladas desde la imaginación del niño y la evocación del adulto. Como marco, el México melodramático de las telenovelas y la extravagancia de los programas de variedades de aquellos años. Los personajes pasan de la risa al llanto y de pronto pueden cantar y bailar. Todo es parte de una ficción sobre sueños reales de infancia.

Para todo esto, Andrés Zuno se rodeó de un muy atractivo equipo de creadores teatrales que se convierten en sus cómplices no sólo de la escena, sino de su vida: Lorena Maza (3 días en mayo) y Álvaro Cerviño (Ayolante) son los directores de ésta obra que requiere atravesar distintos géneros y tonos teatrales y por ello precisa de dos figuras sólidas y contrastantes de nuestra escena. Como coproductora y protagonista, Ludwika Paleta regresa al escenario para interpretar a una cálida madre de familia.

Los actores Pablo Perroni, Hamlet Ramírez y Monserrat Marañón  complementan el reparto logrando una variedad de personajes que oscilan entre el teatro y la telenovela, ya que, en la perspectiva de Andrés: “La educación sentimental la venimos heredando desde la época de oro del cine mexicano y su mutación es la telenovela mexicana.”

El melodrama, la comedia y la tragedia se unen con algunos momentos musicales y escenas proyectadas en video, a fin de ofrecer una obra de teatro que es un poco la biografía del autor, pero también puede ser la de cualquiera de los espectadores. El espectáculo como realidad y como fuga,  el llanto como lo más genuino de la ficción. Y la sonrisa franca de un niño que quiere que todos lo vean, como emblema de todos aquellos que sueñan con algo y viven y trabajan para que sea real. Como Andrés.

Por Enrique Saavedra

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