Mi cena con André

Teatro
4 de 5 estrellas
Mi cena con andres
Foto: Cortesía de la producción

Una conversación entre dos hombres, André y Wallace, que se reencuentran para establecer un apasionado diálogo mientras disfrutan de una cena. En esa plática se resalta una crisis existencial latente que están viviendo y hondan en las preocupaciones existenciales de la sociedad, tales como olvidarse de uno mismo, la enajenación al mundo por la tecnología y la falta de empatía.

Esta reunión recalca cómo nos escondemos de nuestra vida real bajo un papel que representamos a diario, tal como en una obra de teatro. Hace énfasis en que la tecnología, si bien nos ayuda a estar más cómodos y nos facilita miles de cosas, también provoca indiferencia y nos hace perder poco a poco la sensibilidad que sentíamos cuando no era tan necesaria en nuestra vida. Habla también de una supeusta “desnutrición humana”. André dice que vamos por la vida ciegos en modo automático, sin sentir. Es un teatro consiente que le hace una crítica al mismo teatro y pone en manifiesto una crisis emocional y colectiva actual. 

Una obra basada en la película My dinner with Andre (1981), que después de 30 años los actores y directores Boris Schoemann y Manuel Ulloa Colonia presentan una adptación teatral con la traducción de Rodolfo Obregón.

Mi cena con André es un diálogo que perdura porque su mensaje es vigente. También es una conversación casual que te hace reflexionar y que te envuelve gracias a la escenografía: simple y diecta. Busca además una cercanía con el espectador, aunque no tan evidente, sí clara y concreta, hay que decir que el mismo mesero que atiende la cena de los personajes sirve una copa de vino al público. Los actores, el texto y el público están conectados bajo el cobijo de Schoemann, quien ha dirigido más de 80 obras de teatro y actuado en más de 30. 

Por Daniel Pesqueda

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