Nacha Guevara. Vuelvo

Teatro, Musicales
Nacha Guevara
Foto: Cortesía Sistema de Teatros de la CDMX

Time Out dice

Canta Nacha Guevara: “en aquellos tiempos duros, dura fui/Sobreviví a López Rega y estoy aquí”. Una frase que bien resume el universo profesional y personalísimo de quien, a los 78 años de edad, sigue siendo un referente del cabaret latinoamericano, de la escena transgresora, del arte desde el exilio. “¿Es cantante, es actriz o qué cosa es? Ahora aquí estoy, mírenme”, ha cantado quien, en efecto, es una de las actrices, cantantes, bailarinas, directoras y productoras icónicas de Argentina e Iberoamérica. Ella es La Nacha, o más bien, esas mil y una Nachas que llenaron las noches mexicanas de los años setenta, cuando llegó exiliada y amenazada por la dictadura militar de su país.

La artista regresa a México para seguir contando historias que divierten y desgarran. Y con ella, los recuerdos del exilio mexicano y setentero puestos en sketches y canciones lo mismo para sus fieles que la han aguardado, que para las nuevas generaciones interesados en la escena vintage y, sobre todo, en conocer la historia contemporánea dominada por la represión, la censura y la desaparición. Y por el arte de esos patitos feos de los que Nacha es la representante: “nacimos inventando historias al revés/rompiendo una muñeca para saber qué es/o robando monedas en mesas de café”. 

“Los patitos feos son los desobedientes. Amo a los desobedientes: el progreso siempre lo han traído los desobedientes. Pero los desobedientes creativos. No los desobedientes por ser desobedientes ni los rebeldes por ser rebeldes. El rebelde porque sí busca eternizarse en esa posición; en cambio, el rebelde creativo transforma la realidad y sigue siendo rebelde, pero ya con metas y logros cumplidos, no estacionado en la rebeldìa infantil”, nos dice en su encuentro con los medios en la Ciudad de México.

Sus espectáculos unen teatro y música, humor y protesta, que evoca los universos ya clásicos de Boris Vian, Jacques Brel, Georges Brassens y Stephen Sondheim, y los de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Amaury Pérez, Chico Buarque, con visitas y revisitas obligatorias a la poesía de Pablo Neruda, José Martí y, por supuesto, la de Mario Benedetti, con quien forjó una de las colaboraciones más representativas de la cultura latinoamericana contemporánea, enmarcada por la música del compositor, arreglista, pianista y director musical Alberto Favero, compañero profesional y sentimental de Nacha Guevara durante muchos años. Y si estos autores no son suficientes, los espíritus de Gardel, Santos Discépolo, Cobián y Cadícamo están dispuestos a aparecer en forma de tango. 

Inquieta, el cabaret y el café concert no le han sido suficientes. Testimonio de su presencia queda en películas como El lado oscuro del corazón, telenovelas como Padre coraje, series como Mujeres asesinas, reality shows como Bailando por un sueño, obras de teatro como El graduado y obras musicales como Eva. Figura cultural y mediática que lo mismo ha personificado a la diva del tango Tita Merello que contendido —ganado y renunciado— como diputada en el Congreso Argentino.

“Este espectáculo es como la vida, en la que en el mismo día te pasan mil cosas diferentes. El don que creo tener es que puedo unir cosas que son muy disìmiles, puedo hacer que sean un solo show, sin producir sobresaltos. Porque saltar de una canción de A chorus line a un poema de Martí puede ser un salto en el abismo, pero hay una manera de hacerlo para que no sea así”.

El espectáculo se llama Vuelvo, igual que el poema de Benedetti musicalizado por Favero que hoy en día sigue aplicando para cualquier exilio, para cualquier retorno, para cualquier ajuste de cuentas, para cualquier etapa de la vida y la trayectoria de la Nacha: “todos estamos rotos pero enteros / diezmados por perdones y resabios / un poco más gastados y más sabios / más viejos y sinceros.”

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