Ricardo O’Farrill cierra Cortocircuito en el Auditorio Nacional
Foto: Cortesía OCESA | José Jorge Carreón
Foto: Cortesía OCESA | José Jorge Carreón

Ricardo O’Farrill cierra 'Cortocircuito' en el Auditorio Nacional

Este show fue una forma de reírse del dolor para seguir vivo

Michelle Cortina
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Llevar una historia íntima a uno de los escenarios más imponentes de la ciudad no es cosa fácil. Para Ricardo O’Farrill, presentarse en el Auditorio Nacional con Cortocircuito no solo representó un logro profesional, sino el cierre simbólico de un capítulo personal.

“Es el cumplimiento de un anhelo de hace mucho tiempo. Llevo años viendo el Auditorio diciendo ‘algún día’, y es muy bonito que finalmente suceda justo como cierre de un texto que significa tanto para mí”, comparte.

“Siempre presentarte en tu ciudad agrega un valor altísimo, y que además sea el último, todavía más. Despedirse de un texto es algo muy bonito, es como dejar ir a un hijo porque ya le toca volar”, nos cuenta.

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Cortocircuito plantea una pregunta muy interesante: ¿se necesita de la miseria ajena para sentirse mejor? A partir de ahí, O’Farrill relata su recorrido por clínicas y recaídas. “Las respuestas no las tiene nadie, y menos yo. Pero sí tengo una perspectiva que aprendí a través de lo que viví, y que tal vez le puede servir a alguien más”, dice.

El humor, en ese sentido, funciona como escape y como sanación. “Creo que siempre es un poquito de ambas. El arte sana porque te puedes relacionar con él y llorar, o porque fue una completa estupidez que solo te distrajo del dolor, y con eso basta”.

Uno de los grandes retos fue evitar que el show se convirtiera en una plática o en un discurso moralino. Esa transformación fue clave durante la gira. El texto original se fue puliendo función tras función hasta desprenderse del tono de disculpa. “Al inicio estaba con la cola entre las patas diciendo ‘qué mal, perdón’. Y luego se volvió: ¿cuál qué mal? Miren qué chistoso. Eso es lo que tenía que pasar”.

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La gran lección que deja el show es que el dolor pasa. “Es muy incómodo, pero es el mejor maestro. Aunque creas que no va a pasar, sí pasa. Si usas las herramientas, si le echas ganas, pasa”. Incluso lo conecta con el budismo: “Le llaman ‘maestro dolor’. No se persigue, pero cuando llega, se acepta y se aprende”.

Sobre lo que viene después, O’Farrill adelanta que su próximo proyecto será más confrontativo y cargado de humor negro. “Quiero hablar de la ‘responsabilidad’ (entre comillas) que tiene el comediante con un micrófono en la mano. ¿Hasta dónde cruzas un límite por diversión y hasta cuándo haces enojar a la audiencia? No es cruzarlo, es cómo lo cruzas”.

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