Entre colinas doradas, viñedos infinitos y un diseño que abraza el entorno, este nuevo santuario en Baja California ofrece una experiencia sensorial única con villas privadas, plunge pools y gastronomía local que crean el escape perfecto para quienes buscan desconectarse… sin renunciar a la elegancia.
Nos sentamos con el arquitecto Marcos Mustri, quien, junto con Grupo SMARQ y su hermano Salomón, fue responsable de la arquitectura interior, el diseño y la construcción del proyecto. Entre planos, mármoles y viñedos, conversamos sobre uno de los desarrollos más ambiciosos que ha visto el Valle de Guadalupe: Banyan Tree Veya Valle de Guadalupe, un santuario de lujo, bienestar y diseño que abraza el entorno y lo convierte en el eje central de la experiencia.
La firma tiene un enfoque en la funcionalidad, la estética y la armonía, y crea espacios atemporales que fusionan innovación y calidad. Nacida como una extensión de una empresa familiar, ha destacado por su capacidad para materializar proyectos innovadores en oficinas, casas, hoteles y restaurantes. Su sello: una conexión profunda con el cliente y el entorno, así que cada proyecto nace de una colaboración cercana, lo que permite diseñar espacios a la medida de sus sueños y necesidades.
Construir en medio de la nada
Inaugurado en julio de 2024, el resort se alza sobre colinas áridas con vistas infinitas a los viñedos, fusionando arquitectura contemporánea y naturaleza en perfecta armonía. “Fue un trabajo creativo, demandante y retador, pero profundamente satisfactorio. Desde el inicio sabíamos que teníamos que fusionar la arquitectura con el entorno, no imponerla”, recuerda Mustri.
Ubicado a tres horas de Tijuana, el proyecto enfrentó condiciones extremas. El arquitecto recuerda esa etapa como un desafío tan complejo como gratificante: “Fue muy demandante y complicado, porque no estábamos construyendo en una gran ciudad, sino en medio de un paisaje agreste. El personal de construcción y nuestro equipo de supervisión fue gente muy comprometida y con muchas ganas de hacer este proyecto realidad”.
Para superar los retos del terreno, se eligieron materiales resistentes y de bajo mantenimiento, muchos de ellos provenientes de la región. “Queríamos que el hotel envejeciera con dignidad, como el propio paisaje”, explica.
Diseño con carácter único
En este lugar cada rincón cuenta una historia. No hay dos espacios iguales: cada villa y cada área común fue diseñada individualmente para provocar sensaciones distintas.
Mustri lo dice con orgullo: “Lo que más me gustó de este proyecto fue el resultado y el nivel de diseño que se pensó para cada una de las áreas. No hay espacios repetidos; cada rincón tiene su historia”.
Las 30 villas privadas —con plunge pools, chimeneas interiores o exteriores, terrazas abiertas y vistas panorámicas a los viñedos— están concebidas como refugios íntimos donde el lujo se siente natural. Mármol de piso a techo, maderas nobles y texturas orgánicas construyen una atmósfera envolvente y elegante.
Los restaurantes también acompañan el ritmo del día: abiertos y luminosos por la mañana, íntimos y sugerentes por la noche. “Queríamos que la experiencia nocturna se sintiera más emocional, con iluminación tenue que provocara sensaciones en el huésped”, agrega Mustri.
Más que un hotel, es una experiencia sensorial. Arquitectura, paisaje y hospitalidad confluyen en un solo gesto: invitarte a bajar el ritmo, reconectar y disfrutar de uno de los rincones más especiales de Baja California. “Lo recomiendo por su diseño, su servicio y por la experiencia única que te hace vivir el Valle de Guadalupe”, concluye Marcos.
Ver caer la noche entre los viñedos es una experiencia que se queda contigo, así que te recomendamos reservar una de las villas con plunge pool y chimenea exterior. Para cerrar con broche de oro, no dejes de probar la propuesta gastronómica de sus restaurantes —Aldea, Atalaya, Jardín Botánico, Roka y Cognac Room—, que se distinguen por sus menús de temporada con productos locales, sabores frescos de Baja California y maridajes cuidadosamente seleccionados que celebran la esencia del Valle.
Time Out Tip: La mejor temporada para visitar el Valle es de agosto a octubre, cuando las cosechas de uva pintan el paisaje de tonos dorados y la luz del atardecer convierte cada terraza en una postal.
Camino Vecinal #179 Ejido El Porvenir Valle de Guadalupe, 22755 Ensenada, B.C., México

