Durante décadas, la autora canadiense Margaret Atwood ha construido universos que parecen ficción, pero que están hechos con fragmentos de nuestra propia historia. Su legado es tan incómodo como necesario. Cuando escribió The Handmaid’s Tale, estaba inventando un futuro imposible y advirtiendo sobre un presente que ya existía.
La adaptación televisiva de esta obra, además de llevarse los galardones más importantes —como el Emmy a Mejor Serie Dramática—, generó una conversación que trascendió fronteras. A lo largo de sus seis temporadas, la serie nos sumergió en Gilead a través de los ojos de quienes lo habían perdido todo, haciéndonos sentir la opresión, la rabia y la resistencia. Esta semana se estrena en Disney+ su esperada secuela, Los Testamentos, una producción que cambia por completo la premisa original: ¿Qué pasa cuando no sabes que te falta algo?
La historia nos sitúa 15 años después de los eventos de la primera serie y se centra en una nueva generación de mujeres que crecieron dentro del sistema; para ellas, ese mundo no es una cárcel, es la normalidad. Se trata de un viaje de despertar, de búsqueda de identidad y de cuestionar aquello que siempre les enseñaron que era lo correcto.
El puente entre el pasado y el futuro lo tiende Ann Dowd, actriz que ganó el Emmy por su magistral interpretación de la tía Lydia. Ella no solo conecta ambas historias, sino que abre la puerta para entender este universo desde sus entrañas. A través de su personaje, conocemos a las nuevas voces de Gilead: Agnes (Chase Infiniti), una joven criada para obedecer sin cuestionar hasta que algo hace clic en su interior; y Shunammite (Rowan Blanchard), quien representa el rostro del poder y el estatus dentro de este régimen.
Time Out México conversó con Ann, Chase y Rowan sobre las tres miradas distintas que ofrecen de un mismo mundo, y sobre lo que significa crecer cuando nunca te enseñaron que podías ser libre.
¿Cómo construyes a alguien que nunca ha conocido otra realidad?
Chase Infiniti: Empieza con la imaginación, pero también con la realidad. Aunque parezca extremo, ese tipo de crianza no es completamente ajena a nuestro mundo. Investigué distintos contextos y formas de crecer; luego, tomé piezas de todo eso para adaptarlas al universo de Gilead. Es como armar un collage y, después, atravesarlo con tu personaje.
Rowan Blanchard: Para mí, el reto fue exactamente lo contrario: no pensar en otra realidad. Alguien que crece en Gilead no tiene puntos de comparación. Puede encontrar alegría, amistad e incluso felicidad, porque no sabe que está viviendo en condiciones extremas. No lo cuestiona; es simplemente su mundo. Cuando leí sobre mi personaje pensé: "¡Ah, es como Regina George!". Luego me aclararon: "Ella nunca ha visto Mean Girls. No sabe quién es Regina ni ha visto televisión jamás". Y fue como: "¡Claro!". No puedes apoyarte en nada conocido, no hay referencias ni nada que copiar. Tienes que construirlo todo desde cero.
Chase Infiniti: Exacto. No puedes partir de algo que ya existe. Todo viene de la investigación, de la observación y de imaginar cómo se forma la psique de alguien en ese entorno. Nada es derivado; todo tiene que sentirse auténtico y propio.
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En un mundo cada vez más incierto, ¿qué sienten al ver a las nuevas generaciones?
Ann Dowd: El mundo en el que vivimos no es particularmente feliz en este momento. Va a requerir mucha fuerza, conciencia y acción para cambiarlo. Pero, gracias a Dios, los jóvenes de hoy son fuertes.
Chase Infiniti: Yo también siento esperanza. Hay una resiliencia en las nuevas generaciones que es muy poderosa. Pero, al mismo tiempo, siento la responsabilidad de estar ahí para ellas, de apoyarlas y protegerlas.
¿Cuál fue la parte más difícil del proceso de filmación?
Chase Infiniti: Los días más difíciles eran los inesperados. Escenas que en papel no parecían tan intensas de pronto te golpeaban emocionalmente, y no siempre sabes cómo recuperarte de eso de inmediato.
Ann Dowd: Eso pasa. Nos pasa a todos.
Chase Infiniti: Sí, y lo que te sostiene es el equipo. Tener a mis compañeras ahí hacía que todo fuera más llevadero. No habría podido hacerlo sola.
Ann Dowd: Y eso se nota en pantalla. Son un grupo extraordinario: están muy bien preparadas, son generosas y saben escucharse. Es un verdadero regalo verlas trabajar juntas.
Ann, ¿cómo logras entender a un personaje que puede ser un protector feroz y, al mismo tiempo, un engranaje crucial del sistema opresor?
Ann Dowd: Todo empieza con la supervivencia. Si quieres sobrevivir, haces lo que te piden. Si quieres tener poder, lo haces mejor que los demás. Pero eso no significa que no haya amor en ella. Lydia ama a esas chicas, de verdad lo hace. Quizás "buena" no sea la palabra adecuada para describirla... pero su devoción es absolutamente real.
Rowan Blanchard: Eso es lo que lo vuelve aún más inquietante. Desde afuera lo vemos como algo retorcido e incorrecto, pero dentro de las lógicas de ese mundo, tiene todo el sentido.
¿Qué tipo de conversación les gustaría que generara esta nueva serie?
Ann Dowd: Me gustaría que la gente se detuviera a preguntarse: "¿Podrías imaginarte viviendo en ese mundo?".
Chase Infiniti: Que no pierdan de vista la luz. Porque incluso en el lugar más oscuro y restrictivo, sigue existiendo la conexión humana, la amistad y la hermandad. Eso siempre prevalece.
Rowan Blanchard: Al final del día, incluso en ese contexto tan duro, siguen siendo chicas jóvenes. Hay experiencias —como crecer o descubrir quién eres realmente— que son universales, sin importar dónde te encuentres.

