James Bond no es solo un personaje; es un símbolo. Representa la idea del éxito británico, la elegancia y el poder, pero también dicta quién pertenece y quién no. Justo ahí es donde entra Bait, una serie que toma ese mito, lo sacude y lo convierte en algo mucho más incómodo y real.
Y es que Bait no trata realmente sobre ser James Bond. Trata sobre un actor que, de pronto, queda atrapado entre quién es y quién cree que debe ser cuando su nombre empieza a sonar para encarnar al nuevo 007. Es una comedia, sí, pero también aborda la ansiedad, la familia, la identidad y la ambición. Captura ese momento en el que la vida entera se siente como una audición constante.
Riz Ahmed —actor, músico, creador y ganador del Oscar y el Emmy— es una de las voces más interesantes en la actualidad cuando se habla de identidad y representación. Ahora es el productor, creador y protagonista de Bait, su proyecto más personal, arriesgado y libre hasta la fecha. La serie ya está dando de qué hablar, se perfila como una fuerte candidata para la temporada de premios y sus seis episodios ya están disponibles en Prime Video.
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Time Out México platicó con el histrión británico de ascendencia pakistaní sobre lo que significa intentar encajar cuando el mundo ya ha decidido quién debería ser el protagonista.
En un mundo dominado por franquicias, ¿cómo lograron hacer algo original usando una figura como James Bond?
Durante diez años estuve anotando momentos de mi vida que hablaban de la distancia entre mi yo público y mi yo privado. Cuando me reuní con mi socio, Ben Carlin, coincidimos en que necesitábamos un símbolo que condensara todo eso: aspiración, identidad y ambición. Ahí apareció James Bond. Sabíamos que probablemente no nos dejarían usarlo; incluso mis agentes me dijeron: “Es una gran idea, pero nunca va a pasar”. Aun así, lo intenté. Le escribí a Barbara Broccoli, quien controla la franquicia, me reuní con ella y le mostré los guiones. Ella entendió algo clave: que esto no trataba realmente de Bond, sino del símbolo que este personaje representa (el éxito, la aceptación, la aspiración). La serie aborda algo mucho más universal: esa sensación de que la vida es una audición constante y de que nunca sientes que eres suficiente.
En el fondo, el papel no es realmente el premio, sino la idea de ser elegido. ¿Crees que los actores persiguen los papeles o la validación que viene con ellos? ¿Cuándo te das cuenta de esa diferencia?
Es una gran pregunta, porque la línea se vuelve borrosa. A veces estamos persiguiendo el estatus, la validación, el aplauso. Yo mismo me lo he cuestionado: ¿cuánto de lo que hago viene del deseo de compartir algo real y cuánto de la necesidad de aprobación? La verdad es que siempre es una mezcla que cambia constantemente. Pero sí sé que el mejor trabajo proviene de un lugar sin ego. Estás en una batalla constante: ¿eres un producto o estás persiguiendo el arte? Todo se resume en una palabra: autenticidad. Si eres auténtico, encuentras a tu audiencia.
¿Cuál fue el mayor desafío creativo al que te enfrentaste y cómo terminó moldeando el tono de la serie?
El mayor desafío fue el tono; queríamos ofrecerle al público un menú completo. Me inspiran mucho series como Atlanta y Fleabag, que son muy divertidas pero también profundamente emocionales y psicológicas. Tratan sobre relaciones, familia y trauma, pero, antes que nada, te atrapan con sus personajes y su comedia. Queríamos lograr exactamente eso. ¿Cómo entrelazamos un drama familiar con una historia de amor y un thriller de espionaje? Nos dimos cuenta de que queríamos provocar una especie de "latigazo" emocional: que estés riendo a carcajadas en un momento y casi llorando al siguiente. Pienso mucho en el director Peter Brook, quien decía que Shakespeare no equilibraba el tono, sino que pasaba de lo vulgar a lo filosófico sin transición alguna. Así que decidimos abrazar lo caótico y lo impredecible; un tono honesto y desordenado, como la vida misma. Fue difícil y daba miedo, fue una gran apuesta, pero pasamos muchísimo tiempo afinándolo para que todos esos elementos convivieran en armonía, en lugar de suavizarlos y convertirlos en algo plano.
¿Has enfrentado retos reales sobre identidad y valor propio dentro de la industria?
Es difícil no tomártelo personal cuando no te dan un papel por quién eres, pero el mayor peligro es dejar tu valor personal en manos de otras personas. Muchos hacemos eso. Para mí, hacer esta serie fue parte de romper con ese ciclo: permitirme ser vulnerable, imperfecto y quitarme la máscara. Terminó siendo terapéutico. ¡Y mucho más divertido que ir a terapia!

