Darío Escobar. Lo que no es bueno para uno, no es necesariamente malo para otro

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Darío Escobar (Foto: Ramiro Chaves)
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La Galería Proyectos Monclova muestra a uno de los artistas plásticos más interesantes de la escena del arte contemporáneo de Guatemala, Darío Escobar (1971), con la exposición individual Lo que no es bueno para uno, no es necesariamente malo para otro.

Sin mayores pretensiones y alejado del recurso retórico que atrae superficialmente el efecto del público como luces o imágenes vistosas, Escobar reúne una serie de piezas que responden a la reflexión a propósito de fenómenos asociados al tránsito de objetos y personas entre Estados Unidos y Guatemala.

El trajín de camiones, autobuses o autos que van de Estados Unidos a Guatemala, a través de territorio mexicano, llamó la atención de Dario Escobar, quien trabaja con piezas de automotores que recupera de lo que ya no quiere o desecha el país del norte para convertir la galería en una especie de remolque que transporta objetos que podrían ser considerados chatarra, pero que en una economía como la de Guatemala, siguen teniendo valor comercial.

En la técnica, Escobar juega con los objetos deformados y maltratados al cubrirlos con el velo de lo que en su momento uitlizó Jeff Koons; un cromado que los inyecta de un halo de valor que impacta nuestros sentidos y les da su carácter simbólico-cultural. Y es que el hierro cromado tiene un efecto casi mágico de renovación. Es justamente el señalamiento de esa revalorización y no necesariamente de una reinterpretación, lo que le da originalidad al trabajo de Darío. 

Por otra parte, y siguiendo el mismo argumento, el artista conceptual propone una serie de piezas de papel inmaculado, con las que logra formar figuras geométricas en un guiño al modernismo, pero con un peculiar insumo: aceite que escurre de automotores viejos al estar estacionados y que él transforma en una especie de tinta —coloca el papel debajo de los autos y de esa forma recupera el líquido—.

Como lo menciona el texto de sala, Dario refiere al “orden y el desorden” al cuestionar dicha dicotomía. En este sentido, logra "darles la vuelta” a autopartes retorcidas o a aceite desechado para conseguirles su reincorporación al orden y su aceptación.

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Por Iván Islas

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