La capilla del Ex Teresa Arte Actual es ocupada por presencias que no se dejan ver, pero que definen la vida íntima: el miedo, la fuerza de la imaginación, la memoria del cuerpo y el eco de la infancia. Eso es Invisible, la primera exposición individual en México de María Marshall, figura clave del videoarte angloindio, que nos ofrece una revisión de más de dos décadas de obra donde conviven videoinstalación, pintura, performance y espiritualidad.
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Invisible de María Marshall tiene 30 piezas bajo la curaduría de Bárbara Perea, quien organiza la muestra como un recorrido por los impulsos que han definido el trabajo de la artista: la maternidad, las masculinidades tóxicas, la sexualidad, el trauma, la ansiedad y las distintas formas en que la psique se protege o se descompone.
Una artista que trabaja con lo que no se puede decir
María Marshall ha construido una trayectoria internacional —con obra en el Pompidou y el Guggenheim— a partir de imágenes que exploran lo que se esconde bajo la superficie. En Invisible, esa búsqueda se vuelve especialmente evidente en dos líneas centrales:
- La obra con sus hijos, que funciona como un laboratorio emocional donde la artista examina la protección, la vulnerabilidad y la violencia del mundo exterior. Videos como Don’t Let the T-Rex Get the Children, I Can See the Wood for the Trees o Lollipop despliegan duetos madre-hijo donde la cámara se convierte en un dispositivo de vigilancia afectiva: temores, juegos, advertencias y silencios que revelan la intensidad psíquica de la crianza.
- La exploración de la energía interior a través de pintura y performance. En la serie Blindfolded (Vendada), Marshall trabaja con los ojos cubiertos para activar la intuición antes que la mirada, siguiendo principios del kundalini y del yoga tántrico. En Stille, las veladuras rectilíneas que gotean sobre el lienzo funcionan como aperturas hacia otros estados mentales. Y con su álter ego Thought, inspirado en prácticas sufíes, la artista da un salto literal al vacío en Dropping Thought, o recorre 35 países en un whirling meditativo.
El cruce entre miedo, espiritualidad y deseo
Lo que vuelve particular la obra de Marshall es su capacidad para conectar emociones cotidianas con lenguajes espirituales y rituales. La exposición insiste en una idea: el miedo no es un enemigo, sino un material que puede moldearse. En sus videoinstalaciones, la artista enfrenta la ansiedad de separación, la violencia global o la fractura interior con una mezcla de vulnerabilidad y energía simbólica que convierte la experiencia personal en un espacio de investigación estética.
Este diálogo se potencia en el Ex Teresa, un museo con historia ligada a la experimentación estética. Aquí, las piezas de Marshall rodean, inquietan y respiran. Tristemente no pudimos ver todas las obras montadas al 100% pero lo que vimos y la forma en cómo se presentaba nos parece logrado y muy bien montado.
Creemos que la exposición hace una pregunta fundamental: ¿cómo se manifiestan los impulsos que rara vez admitimos en voz alta? La respuesta se construye con imágenes donde el cuerpo se duplica, se disocia o se entrega al vértigo; con pinturas que nacen sin la intervención de la mirada; con niños que juegan mientras el mundo parece a punto de desmoronarse.Todo en un recinto sacro que no hace más que intensificar cada sentir.
¿Hasta cuándo estará?
Se presentará hasta el 15 de febrero del 2026 en el Ex Teresa Arte Actual, sin costo, y creemos que sí representa un regreso a esas grandes exposiciones de videoarte (como la e Bill Viola en 2022) con las cuales el museo ha aportado mucho a la cultura de la ciudad.
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