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Reseña
Las "cantinas contemporáneas" son LA tendencia de los últimos años. Personalmente, creo que autonombrarse cantina lleva un peso que no debería tomarse a la ligera. Sin un menú muy sabroso que sustente el nombre, muchas veces terminan siendo solamente bares temáticos. El Maldito de Jalisco fue una sorpresa. La primera buena señal es que al entrar vi mesas de señoras y señores de más de 50 años, quienes probablemente valoran la cocina más que la foto.
Efectivamente el lugar tiene muchos guiños a las cantinas de antaño, desde el mobiliario, el estilo de los óleos en las paredes o la barra con su decorado de vitrales; pero fue hasta que empezamos a probar que nos convencimos de que aquí quieren servir comida reparadora y que contrarreste el buen beber. Salsas con textura densa, condimentos presentes, cocciones lentas y lo que debe picar, pues pica. Eso sí, si estás a dieta será todo un reto no caer en tentaciones no contempladas.
En lo que te aclimatas, ve pidiendo un cantarito o una batanga de la casa. Tres platillos que te harán la visita: el aguachile negro se sirve con dos tacos de papa y kimchi casero fritos. El chiste es usarlos de base para el camarón. Un combo inesperado pero glorioso. Luego probamos algo que fue francamente grosero –perdóname virgencita, pero no me arrepiento– bajo recomendación del equipo, las quesadillas de barbacoa (12 horas de cocción) con un poco de tuétano.
Por otro lado, ningún suplemento en el mercado te va a reconstituir como esta carne en su jugo. Lleva carne Wagyu cocinada al horno en su jugo, con frijoles de la olla y tomatillo. Solamente volveremos a probar la torta ahogada con amigos tapatíos para ver su reacción.
Tip de Time Out: hay dos postres pero cierra con plátanos asados con crema de rancho, superan por mucho a la tarta de elote.
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