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Reseña
En un mundo de speakeasies, yo quiero ser un dive bar. Pero uno como Ladina, en donde la coctelería clásica y de autor, el servicio cálido, el ambiente sexy y las vibras relajadas te dejarán con ganas de volver, pero ya, al día siguiente.
Ladina es un bar inusual por muchos motivos. El primero, y tal vez el que más nos sorprende, es que lleva 14 años sirviendo igual negronis balanceados y bien hechos que tu destilado de confianza. Además, a diferencia de muchos otros lugares de la ciudad (que si laboratorio, speakeasy, listening room y un largo etcétera), el concepto gira alrededor de la calidad y la simpleza.
La idea parte del concepto del dive bar, que apareció por primera vez en el New York Herald en 1871 y que apelaba más bien a lo que ahora mis tías llamarían un bar de mala muerte (de hecho, si googleas el concepto, es probable que te encuentres con esta definición). Luego, en el siglo XIX, la palabra se adaptó para referirse a bares ocultos, debajo del nivel del piso, donde la gente iba para ser ellos mismos en un momento en el que las normas sociales prohibían muchos comportamientos.
Hoy, el concepto se refiere a un lugar relajado. Dentro del espectro del dive bar se pueden encontrar muchas cosas: algunos tal vez un poco descuidados, otros que se han convertido en el bar del barrio y otros más, como Ladina, que ponen el mismo empeño en el fondo que en la forma, privilegiando las cosas bien hechas.
Nos tocó la primicia del nuevo menú, que estará disponible durante todo el año. Se trata de una selección de tragos en honor al Club de los 27; probamos A mis enemigos: tomate verde, bacanora, mezcal, escabeche, mix de aguachile y un top de cerveza, en honor al mismísimo Valentín Elizalde. Pero en el menú no faltan homenajes a Amy Winehouse, Janis Joplin, Kurt Cobain, Jim Morrison o Robert Johnson.
Además de la carta temporal, aquí preparan muy bien los clásicos, pero también se atreven a divertirse con ellos. Un ejemplo es Into the Cosmos, una versión larga del Cosmopolitan que lleva gin, fernet, yogurt de arándano y vino rosado, y que sí sabe a tu episodio favorito de Sex and the City. O la Fancy Margarita, con tequila, licor de naranja, acidulantes, solución salina, bitters de toronja, perfume de pepinillos y, de garnitura, una brocheta de pepinillos. Un verdadero gozo.
La carta de alimentos no se queda atrás. Entre gildas, papitas fritas con aceite de trufa, dumplings de birria, hamburguesas con kimchi y club sándwich, hasta se antoja venir a comer aunque no planees tomarte un drink.
Ladina sabe rico porque se deshizo de la pretensión que a muchos bares les sobra. Acá te sientes a gusto, comes y bebes rico, la pasas bien y, lo más importante, te quedas con ganas y con posibilidades financieras de regresar.
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