Con más de dos décadas de trayectoria entre México y Estados Unidos, Ana de la Reguera suma un nuevo reto a su carrera con Un hombre por semana: además de protagonizarla y producirla, debuta como codirectora junto a Marco Polo Constandse. La película aborda el deseo, la soledad y la imperfección desde una mirada honesta y poco complaciente, alejándose de los códigos tradicionales de la comedia romántica.
En Un hombre por semana, Ana interpreta a Mónica, una mujer divorciada que decide volver al mundo de las citas con una regla clara: salir con un hombre distinto cada semana. Lo que inicia como un experimento aparentemente ligero se transforma en un recorrido emocional que cuestiona las expectativas sobre el amor, la madurez y la vulnerabilidad. Platicamos con Ana de la Reguera, Marco Polo Constandse y José María de Tavira sobre el reto de dirigir desde dentro, la evolución de los personajes románticos y la importancia de contar historias donde la imperfección es el verdadero motor narrativo.
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Con los años que llevas de carrera, la industria en algún momento quiso encasillarte. ¿En qué momento decidiste decir: “No, quiero hacer personajes distintos”?
Ana de la Reguera: Es algo muy natural: a la industria le gusta algo y de pronto ya no puede ver otra cosa. Eso fue justo lo que me pasó. Lo curioso es que quizá la gente no me vería como Mónica, pero yo soy muy Mónica. Uso apps de citas, estoy soltera, tengo su misma edad y también esa valentía de ponerte allá afuera, de ser vulnerable en el mundo de conocer a alguien.
Esa valentía de mostrarte vulnerable también está en los personajes que eliges. ¿Cómo llegaste a ese lugar donde disfrutas mostrar la imperfección?
Ana de la Reguera: Porque es mucho más divertido. Qué flojera querer verte siempre perfecta o cumplir con la imagen de la dama joven o la dama madura a la que no se le mueve un pelo. Ahí no está la carnita. La carnita está en la imperfección, y creo que por eso pensaron en mí: sabían que podía burlarme de mí misma y que eso iba a vivir dentro de la película.
Cuando estabas buscando a Mónica, ¿qué fue lo que te hizo pensar específicamente en Ana, más allá de su trabajo como actriz?
Marco Polo Constandse: Nos conocíamos desde hace muchos años, habíamos trabajado juntos y compartido mucho fuera del set. Yo estaba enamorada del guion, pero no estaba encontrando directoras, y eso me generó una duda fuerte: a mí me funcionaba, pero parecía no estar funcionando a otras mujeres. Yo había visto de cerca el proceso de Ana creando su serie y me encantaba cómo se reía de sí misma: de la profesión, del cuerpo, de la sexualidad, de todo. Esa libertad era justo lo que la historia necesitaba.
¿Cómo fue el momento en el que surge la idea de codirigir?
Marco Polo Constandse: Le pedí que lo leyera sin presión. Ella estaba en España y yo en México. Esa noche me escribió: “Oye, me gustó. ¿Tú qué onda?”. Le dije que yo quería dirigirlo. Me preguntó si buscábamos directora y le dije que sí, que necesitábamos esa voz. Entonces propuso: “¿Y si lo codirigimos?”. Y de ahí nació la travesura.
Tú ya venías explorando otras facetas creativas: producir, escribir. ¿Dirigir era algo que ya tenías en mente?
Ana de la Reguera: No de forma consciente. Nació por necesidad, por querer contar otras historias. Yo pensaba más en producir y escribir, pero en una serie terminé dirigiendo casi por accidente cuando mi director se enfermó. Ahí me picó el gusanito. Me encantó la experiencia y empecé a buscar más oportunidades para dirigir.
¿Qué descubrieron de Ana como directora que los sorprendió?
José María de Tavira: Frescura. No venía encasillada en una forma “correcta” de hacer las cosas. Aportó ideas muy libres, muy nuevas. Además, veía todo desde la perspectiva de la actriz, y eso fue algo muy especial. No es común que alguien actúe y dirija al mismo tiempo, y eso le dio una sensibilidad distinta al set.
El personaje masculino también se aleja del galán tradicional. A ti te ha tocado ver esa evolución. ¿Cómo la lees hoy?
José María de Tavira: Nunca me sentí identificado con el galán clásico de las telenovelas de los 2000. Siempre me sentí más cercano a otros personajes. Creo que los paradigmas de la masculinidad han cambiado, y eso permite que más personas se vean reflejadas en pantalla. Me acuerdo que hace años un amigo me dijo: “Qué bien, por fin salió alguien en la tele como yo”. Yo salía flaco, con pancita, y para mí eso era maravilloso. Me gusta estar en forma, pero dedicar mi vida a construir bíceps no es algo con lo que me identifique.
Para cerrar: ¿qué te entusiasma más de este momento creativo?
Ana de la Reguera: Seguir contando historias distintas, seguir arriesgando. Y ojalá seguir dirigiendo mucho más.
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