Familia en renta: Hikari
Foto: Cortesía James Lisle | Brendan Fraser in RENTAL FAMILY. Photo by James Lisle/Searchlight Pictures. © 2025 Searchlight Pictures. All Rights Reserved.
Foto: Cortesía James Lisle

Familia en renta: Hikari y la historia sobre la soledad, las familias elegidas y Japón

La directora japonesa Hikari habla sobre su nueva película protagonizada por Brendan Fraser, una historia íntima que explora la epidemia de la soledad

Stivi de Tivi
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Hikari, directora japonesa criada en Osaka y formada entre Japón y Estados Unidos, ha construido una filmografía atravesada por la experiencia de vivir entre culturas. Tras el reconocimiento internacional de 37 Seconds y su trabajo en series como Tokyo Vice y Beef, se ha consolidado como una voz autoral interesada en la intimidad, la soledad y las familias que elegimos.

Su nueva película, Familia en renta, protagonizada por Brendan Fraser, parte de una premisa tan insólita como profundamente humana: en Japón existen empresas que ofrecen familias “rentadas” para acompañar a personas que viven en soledad. A través de Phillip, un extranjero que llega a Tokio sin raíces ni rumbo claro y termina trabajando en este negocio, la película explora cómo el afecto, incluso cuando inicia como un servicio, puede transformarse en algo real. Más allá de una tradición japonesa, la cinta habla de una necesidad universal: ser visto, acompañado y escuchado.

Hablamos con Hikari sobre este trabajo, aplaudido en festivales como Toronto y recién llegado a la cartelera mexicana.

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Viviste en Estados Unidos como estudiante de intercambio y luego regresaste a Japón. ¿Cómo influyó esa experiencia entre culturas en tu forma de abordar la película?

Muchas de las historias que escribo nacen de mi propia experiencia. Como estudiante de intercambio era la única chica asiática en el salón y, al principio, me sentí sola. Con el tiempo, al aprender el idioma y hacer amistades, entendí que la familia no es solo la de sangre. Mi familia estaba a miles de kilómetros, y la que encontré entonces se convirtió en mi verdadera familia. En un mundo tan dividido, quise tender un puente y llenar ese vacío en las relaciones humanas.

La historia de un padre y un hijo “rentados” conmueve incluso fuera de Japón. ¿Cómo lograste que la película cruzara barreras culturales?

Para mí todo se reduce a las personas. Quería que cualquiera pudiera conectar con Phillip. Es un “pez fuera del agua” que lleva años en un lugar que no siente como hogar. Las relaciones que construye, con Mia y con Kikuo, exploran la idea de que, aunque no haya lazos de sangre, si das el primer paso para conectar y ayudar, puedes crear una familia.

Mi coescritor, Stephen Blahut, buscaba trabajos curiosos que un estadounidense pudiera hacer en Japón y encontró el negocio de las familias rentadas. Nos intrigó entender por qué existía. Descubrimos que nace de una epidemia de soledad, amplificada por la tecnología y, después, por la pandemia. Quise contar una historia que reconectara a las personas de forma humana, cara a cara.

Hay una línea clave: puedes vivir muchos años en Japón y aun así no entenderlo del todo. ¿Cómo trabajaste ese diálogo con Brendan Fraser?

El personaje de Brendan es el público. Quería que vivieran lo mismo que él: meterse en su piel y experimentar ese mundo. También quería dejar claro que está bien no entenderlo todo. Incluso yo, siendo japonesa, hay cosas que no comprendo. Esa línea le da permiso al espectador para ser curioso y simplemente acompañar el viaje.

Además, tiene un toque de humor. Empieza como alguien que no cree en nada y que solo busca un lugar donde existir. A través del negocio de las familias rentadas, se convierte en esposo, en padre, y encuentra figuras que nunca tuvo. Al escuchar y seguir su corazón, crece como persona. Todos los personajes aportan algo a su transformación, y él también transforma a los demás.

¿Hubo cambios en el guion cuando Brendan llegó a Japón?

Brendan ya conocía Japón y lo ama. No hubo un choque cultural como tal, sino una profunda apreciación por la generosidad de la gente y del equipo. Se sintió cómodo, bien cuidado, y disfrutó enormemente la experiencia y la comida japonesa.

¿Cómo funciona Japón como un personaje dentro de la película?

Tokio es parte del relato. Quería mostrar dónde existen los personajes: edificios, trenes, miles de vidas cruzándose. Rodar ahí es un reto logístico y cultural, pero también una experiencia de respeto. La ciudad no es solo un fondo; es un organismo vivo que acompaña la historia.

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