Dos niños se quedan solos en casa mientras su mamá sale a resolver un problema que podría cambiarles la vida. Parece una situación cotidiana, incluso familiar para muchos mexicanos que crecieron escuchando el clásico “no abran la puerta y no se maten”; sin embargo, en No dejes a los niños solos, esa idea se convierte en algo mucho más oscuro. Lo que empieza como una noche normal, poco a poco se transforma en paranoia, miedo y una sensación constante de que algo terrible está por pasar. Lo más inquietante es que la película nunca te dice exactamente de dónde viene el peligro: si de la casa, de la mente o de las personas a su alrededor.
La nueva cinta de Emilio Portes, responsable de producciones como Pastorela y Belzebuth, es protagonizada por Ana Serradilla (Cansada de besar sapos) y Jesús Zavala (Club de Cuervos). Time Out México platicó con los tres sobre el terror sobrenatural de la casa donde se quedan los niños y del otro terror de la película: una fiesta llena de adultos manipuladores, silencios incómodos y personajes que dan más miedo que cualquier fantasma.
El humor negro fue, de cierta manera, la puerta para que nos conociéramos. Desde Pastorela o Conozca la cabeza de Juan Pérez, Emilio, ese tono siempre estaba muy presente. Aquí sigue existiendo, pero ya no domina la película. ¿Sentías que era momento de contar algo distinto?
Emilio Portes: Sí. Belzebuth todavía era una película muy brutal, muy violenta. Pero No dejes a los niños solos es un terror mucho más psicológico. Empieza como algo muy cotidiano, muy amable. Los niños son adorables, te ríes con ellos y de repente las risas se acaban y te das cuenta de que somos cabrones.
No te puedes perder: “Cuesta aceptar que una mujer pueda desviarse por sus deseos”: Ludwika Paleta
Justamente la película habla de algo muy reconocible: esta idea de tener que dejar a los niños solos porque no hay otra opción.
Emilio Portes: Claro. Yo me acuerdo perfecto de mis papás diciendo: "No se maten, no se corten la cabeza". Toda la película nace un poco de recordar esas aventuras de infancia que hoy piensas y dices: "De milagro sobrevivimos".
Ana Serradilla: Catalina no tiene de otra. Es una mujer viuda, vulnerable, tratando de sacar adelante a sus hijos en una época donde las mujeres tenían muchísimas menos herramientas. Además, la película tiene dos terrores: el sobrenatural de la casa y el real, el de los hombres, el abuso, la manipulación.
Jesús Zavala: Eso era lo interesante de la fiesta. Nunca sabes realmente cuáles son las intenciones de la gente. Todo tiene una vibra muy incómoda, muy tipo Rosemary's Baby.
Al inicio de la película, justo cuando el personaje de Catalina se tiene que ir y empieza a poner reglas de "está prohibido que hagan esto y aquello", me hizo pensar mucho en ustedes y en las reglas que les tocó romper dentro de la industria. ¿Qué reglas sintieron que tuvieron que romper para poder hacer el tipo de proyectos que querían?
Ana Serradilla: Todas. Yo las rompí todas. Salí de una escuela de televisión y me puse a hacer cine. Luego te decían que no podías hacer teatro, y yo hacía teatro y televisión. No quería hacer solamente la televisión de TV Azteca, que era mi escuela. Entonces el CEFAC se convirtió en el CEFAT porque dijeron: "Estamos formando actores para que se vayan a hacer cine y teatro, y no hagan nuestra tele". También era empezar a decir "hagamos series". Éramos un poquito más visionarios los que queríamos hacer cine y teatro que los que estaban haciendo solamente telenovelas. A muchas telenovelas les tuve que decir que no para poder hacer cine y teatro, que era lo que realmente me llenaba el alma.
Jesús Zavala: A mí me tocó empezar muy chavito, hace como 23 o 24 años, y sí, era completamente el mundo de la televisión. Solo había dos opciones. Llega un momento donde ya no entras en ciertos perfiles y necesitas cambiar. Además, en ese entonces se hacía muy poco cine. Ha sido muy bonito ver cómo cambió la industria. Yo hablo con gente más joven y no imaginan cómo era esto hace apenas 10 años, deja tú hace 20. Ver películas como No dejes a los niños solos, que toman un género que amamos muchísimo como mexicanos y lo hacen desde nuestras referencias y cultura, emociona mucho.
Algo muy fuerte de la película es que nunca sabes exactamente qué está pasando ni de dónde viene el peligro.
Emilio Portes: Exacto. Los niños están rodeados de peligros físicos, reales y sobrenaturales. Siempre estás esperando el golpe de la película. Eso me interesa muchísimo: esta idea de que la realidad es ambigua y que el miedo muchas veces viene justamente de no entender del todo qué está pasando.
Y hablando de los niños, nunca se sienten como "niños actuando".
Emilio Portes: No, Ricardo y Juan Pablo sí son actores. Estaban construyendo personajes completamente distintos a ellos y eso fue increíble de ver.
Ana Serradilla: Además, muchas escenas dependían totalmente de la imaginación. Las llamadas telefónicas, por ejemplo, eran casi teatrales. Tú sabes que algo horrible está pasando, pero nunca lo estás viendo.
Jesús Zavala: Creo que ahí está lo más perturbador de la película: que no necesitas ver tanto para sentirte incómodo.

