Tras su debut con 10 Cloverfield Lane, Dan Trachtenberg se consolidó como una de las voces más interesantes del suspenso contemporáneo. Con Prey, revitalizó el universo Predator desde una perspectiva íntima y visceral, devolviéndole fuerza a una franquicia que parecía agotada. Ahora, regresa con Depredador: Tierras salvajes, una reinvención total donde el cazador se convierte en la presa. En un planeta remoto, seguimos a Dek, un joven Yautja exiliado que busca redención dentro de una sociedad que lo rechaza. Más allá de buscar retratar un choque entre especies, Trachtenberg propone una historia sobre identidad, supervivencia y pertenencia. Por eso hablamos con con el director sobre cómo desafiar una saga que parecía haber contado todas sus historias.
Te puede interesar: Las mejores exposiciones para visitar en noviembre
¿Esperabas el éxito de esta nueva etapa de Depredador?
No lo esperaba, pero sí lo deseaba. Yo construí Prey con la idea de regresar a lo básico, respetando todo lo que hizo el filme original de 1987, pero presentando a una protagonista única y una historia que ya era dramática e intensa incluso antes de que apareciera el depredador. Eso permitiría que más personas, no solo fans de la franquicia, pudieran verse reflejadas y emocionarse con la historia. Esa fue mi aproximación en aquella película y también en Tierras salvajes.
Algo constante en tu cine es el interés por personajes que están aislados o atrapados. ¿Ves a Dek como parte de esa fascinación por los solitarios y la sobrevivencia?
Es muy interesante como lo pones. No sé si yo mismo había notado esa línea. Para mí siempre hay una atracción hacia los marginados, y también a vincular la acción de manera directa con los protagonistas, para caminar con ellos durante toda la película en lugar de saltar entre múltiples perspectivas. Creo que siempre busco un hilo emocional que tenga un punto universal, y aquí definitivamente lo hay. Yo quería hablar sobre los marginados y cómo lidian con no encajar, y cómo superar lo que eso implica. Me gusta mucho cómo lo planteas.
Hablemos de Elle Fanning y Dimitrius Schuster. ¿Cómo construiste esa conexión entre ellos? Es el corazón del filme.
Pues más que nada los até de la espalda y los dejé correr. Y no estoy bromeando del todo. No hubo preparación previa entre ellos, no los forcé a actividades para “crear vínculo”. Ambos son personas muy carismáticas con una química muy natural. No solo entre ellos, sino entre un monstruo y un robot, que son dos figuras totalmente absurdas juntas, pero que generan electricidad. Solo pensar en esas imágenes ya crea tensión. Luego, cuando les sumas corazón, sucede algo especial.
¿Qué descubriste sobre la humanidad al contar una historia desde el punto de vista de un depredador?
Creo que encontré las similitudes entre todos. Digo, es un alien, es un robot, son criaturas distintas, y aun así todas enfrentan el mismo deseo: ser aceptadas, sin importar su apariencia. Trabajar con un lenguaje inventado fue parte de eso: ni yo ni el equipo lo conocíamos, pero aun así nunca se convirtió en una barrera emocional. Se puede decir tanto sin palabras. Eso fue lo que más me iluminó.
Hoy muchas películas explican todo de forma explícita. ¿Qué te atrae de mantener cosas en secreto?
En el cine de terror siempre terminamos volviendo a esa frase atribuida a Hitchcock y popularizada por Spielberg: “Todo gira en torno a lo que no ves”. Pero con el tiempo entendí que no se trata de no mostrar, sino de decidir qué mostrar y por qué. Jaws no es poderosa solo porque no vemos al tiburón hasta el final, sino porque vemos a la mujer devorada, vemos la aleta, vemos el vaso de agua vibrar en Jurassic Park. No es ocultar: es elegir. En esta película pensé mucho en cuánto mostrar sobre la cultura de estos extraterrestres para que te entregues al universo sin revelarlo todo. Ese misterio forma parte del viaje.
Depredador: tierras salvajes. Dir. Dan Trachtenberg. Estados Unidos, 2025. Con Elle Fanning, Dimitrius Schuster-Koloamatangi y Stefan Grube.
No te pierdas:
Ver esta publicación en Instagram

