En dos décadas, el productor Fernando Rovzar ha demostrado que no solo quiere entretener, también desea tener algo que decir. Desde Sr. Ávila (ganadora de un Emmy Internacional), Monarca y Control Z, su búsqueda por la mejor historia lo llevó a encontrar la de Las Azules, el primer cuerpo femenino de policía en México fundado en 1971. Rovzar tomó esa historia real y la convirtió en un thriller sobre cuatro mujeres que entran a una institución que no está preparada para ellas y terminan investigando a un asesino serial.
Bárbara Mori, Amorita Rasgado, Ximena Sariñana y Natalia Téllez interpretan a María, Gabina, Ángeles y Valentina, cuatro mujeres que en la primera temporada tuvieron que descubrir qué significaba realmente llevar una placa. La serie llegó a los Emmy Internacionales con una nominación y ahora regresa para una segunda temporada mucho más peligrosa. Las Azules ya están dentro del sistema, y un nuevo caso las lleva hasta un lugar del pasado de México que sigue doliendo, porque hay verdades que el poder preferiría mantener enterradas.
Time Out México se sentó con Fernando Rovzar para hablar de cómo se construye una historia cuando ya conoces a tus personajes y qué pasa cuando intentar cambiar un sistema desde adentro puede ponerte en peligro.
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En la preparación de esta nueva temporada, llegaste con una idea preconcebida. ¿Qué te sorprendió al avanzar en la producción?
Fernando Rovzar: Desde la primera temporada sabía que en algún momento quería hablar de Tlatelolco, del Halconazo y de esa relación entre la gente y el gobierno. Pero primero necesitábamos establecer a Las Azules, su mundo, la policía y las razones por las que estas mujeres fueron invitadas a formar parte de ella. Por eso situé la primera temporada un mes antes del Halconazo. Si había una segunda, sabía que podría entrar de lleno en ese tema, y así fue: la situamos un día después del Halconazo.
El reto era hablar de una tragedia de ese nivel con respeto y responsabilidad, pero también preguntarnos a través de quién contarla. Cuando encontramos a los personajes interpretados por Renata Vaca, Luis Curiel, Alejandro de Hoyos y Elena del Río, sentimos que teníamos esas voces que podían abrir una puerta hacia una de las peores tragedias de nuestro país.
Estas series, aunque están hechas para entretenernos, también sirven para dar visibilidad a temas como la injusticia en México y el camino que han recorrido las mujeres para ser reconocidas en su trabajo. ¿Qué tanto crees que la primera temporada de Las Azules sirvió para dar esa visibilidad y de qué forma quisiste potenciarlo en la segunda?
Fernando Rovzar: La primera temporada fue como el primer día de clases para Las Azules: conocer el mundo, la policía, el espacio de trabajo y a los personajes. Pero como entramos muy rápido en la historia del asesino, apenas tocamos la corrupción dentro de la corporación. Creo que una segunda temporada siempre sirve para profundizar. En la primera tienes que presentar a los personajes; en la segunda ya asumes que el público los conoce y puedes entrar de lleno.
Me pareció muy acertado el eslogan de Apple: "Desafía al sistema y descubre la verdad". Es imposible descubrir una verdad si antes no desafías al sistema que quería silenciarla. En la primera temporada el riesgo era un asesino; en esta es todo un sistema, uno que todavía no reconoce lo que hizo en aquella época y que sigue teniendo la necesidad de esconderlo. Descubrir la verdad en nuestro país conlleva un riesgo tremendo.
¿Cómo cambia el conflicto dramático cuando un personaje que tiene una lucha justa debe enfrentar esos problemas desde adentro?
Fernando Rovzar: Ese es el tema de los sistemas: muchas veces te obligan a trabajar bajo sus reglas y, cuando empiezas a operar con ellas, de pronto ya no te reconoces. Por ejemplo, María quiere ser una buena teniente y, al mismo tiempo, una buena detective. Cuando esas dos cosas chocan, ella misma puede convertirse en el obstáculo para la investigación de Las Azules.
También queríamos hablar de que no todo es "buenos contra malos". Existen leyes y reglas, y la pregunta es cómo puedes cumplirlas sin traicionarte a ti mismo. Creo que todos nos enfrentamos a eso, incluso yo escribiendo. Todo el tiempo me pregunto: ¿Me estoy traicionando? ¿Quién era yo cuando estaba en la universidad y quería escribir películas? ¿Estoy siendo esa persona? Tenemos ocho episodios para explorar precisamente eso: qué tanto es tantito cuando uno siente que está traicionando su integridad.
Las Azules habla de mujeres que intentan transformar una institución desde dentro, y tú llevas más de veinte años intentando transformar la manera en que se cuentan historias mexicanas desde dentro de la industria. ¿En qué momento sentiste que dejaste de abrirte camino para empezar a abrirle camino a otros?
Fernando Rovzar: Cuando empezamos hacíamos mucha ópera prima porque nos sentíamos como foráneos dentro del propio cine mexicano. Queríamos hacer Matando Cabos o Kilómetro 31 y nos sentíamos como los bichos raros. Por eso nos gustaba trabajar con óperas primas; reconocíamos en esos directores la misma ilusión y cierta ingenuidad que nosotros teníamos.
Con el tiempo dejamos de hacerlo, equivocadamente, y empezamos a apostar por proyectos más conservadores. Las series nos dieron la posibilidad de regresar a contar otro tipo de historias porque el riesgo monetario era distinto: teníamos enfrente a un público que ya pagaba una suscripción o que ya tenía un canal. Hace siete años empecé a dar clases de showrunner en México y ahí entendí que necesitaba cultivar una generación nueva, una que eventualmente pudiera darme trabajo a mí y también abrir oportunidades para nuevos directores. Ya empezamos la octava generación. Me emociona mucho saber qué generación viene, porque quienes comenzamos a finales de los noventa y principios de los dos mil ya estamos esperando a las nuevas voces. Creo que no hay que quitar el dedo del renglón; en la educación está todo. Tenemos que capacitar más y mejor.

