Entrevista al elenco de Cien años de soledad
Cortesía | Cien años de soledad Netflix segunda parte
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"Se alimentaban de amor": Los secretos detrás de la segunda parte de Cien años de soledad

Los actores de la adaptación de Netflix reflexionan sobre el poliamor, la herencia familiar y la resistencia a la magia en el tramo final de la historia

Stivi de Tivi
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La primera parte de Cien años de soledad terminó con Macondo dejando atrás la inocencia: el pueblo creció, llegaron las guerras y los Buendía comenzaron a repetir los mismos amores, errores y soledades. La segunda parte entra de lleno en esa familia cuando el mundo que construyeron empieza a cambiar para siempre. Ahí aparecen Aureliano Segundo y José Arcadio Segundo, los gemelos que interpreta Julián Román (Hasta que te conocí); Petra Cotes, una mujer que vive el amor y el deseo con una libertad que pocos personajes de Macondo se permiten, interpretada por Ángela Cano (La reina del flow); y Fernanda del Carpio, que llega a la familia con sus ideas de tradición, religión y orden, interpretada por Carla Baratta (Mayans M.C.). Son personajes que llegan cuando Macondo ya no está construyéndose, sino acercándose a su final, y cada uno carga de una manera distinta con la historia de los Buendía.

Time Out México platicó con Julián, Ángela y Carla sobre lo que significa entrar a un universo que millones de lectores llevan décadas imaginando y construir personajes que ya tienen una vida antes de aparecer en pantalla. La segunda parte ya está disponible en Netflix y el último episodio de Cien años de soledad llegará el 26 de agosto.

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Cien años de soledad es una historia donde nadie existe completamente solo. Cada personaje carga con las decisiones y los errores del pasado. Como actores, ¿eso cambió la forma en que construyeron a sus personajes? ¿Sentían que estaban interpretando a una sola persona o a toda una herencia familiar?

Julián Román: En mi caso, sí era toda una herencia familiar. Era la casta Buendía, que venía con esta tragedia desde el capítulo uno. Me ayudó muchísimo ver la construcción de los personajes de Diego, Claudio y Marleyda para entender y estar mucho más cercano a esta familia, que es la que mueve los hilos de esta historia.

Carla Baratta: Sí, yo también. Creo que, como en la vida real, cargamos con la historia de nuestros antepasados. Y nosotros, si somos conscientes, podemos decidir qué hacer con ella y si queremos hacerlo diferente. En el caso de Fernanda, ella carga con la historia de sus antepasados y la mantiene hasta el último día; la lleva incluso a la locura. Entonces sí creo que había un peso de un mandato familiar muy fuerte en este personaje.

Ángela Cano: En cambio, en Petra no. Siento que Petra sí logra liberarse de todos estos estatutos, de todo lo que recae en Macondo, porque vemos en Cien años de soledad cómo las decisiones de generaciones anteriores repercuten en las actuales. Entonces, más que con la herencia familiar, Petra está relacionada con todo lo que pasa en Macondo, pero en su construcción personal sí está más aliviada. No carga con esa enfermedad, con esos pesos que tiene la sociedad.

Entrevista al elenco de Cien años de soledad
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Julián, tú interpretas a dos hombres que nacieron siendo casi indistinguibles, pero terminan convirtiéndose en personas completamente diferentes. Como actor, ¿en dónde encuentras esa frontera que separa el alma del uno y del otro?

Julián Román: Afortunadamente, estos dos personajes se separan de lo que eran, de lo idénticos que eran. Hay varias descripciones en el libro, sobre todo de Aureliano Segundo, donde se dice que era el que menos se parecía a un Buendía. Era el "menos Aureliano" de los Aurelianos porque era como una isla independiente; nunca estaba pendiente de lo que pasaba en la casa, siempre andaba en sus fiestas y en sus parrandas. A José Arcadio Segundo sí le toca, o le cae, todo este peso familiar, esta pelea eterna que tiene con el coronel Aureliano Buendía. Resulta que era mucho más cercano a él. Precisamente ese acercamiento al personaje era eso: cuando algo te molesta o lo odias, muchas veces es porque realmente te sientes identificado, porque es tu espejo. Y él terminó siendo un espejo del coronel en las luchas. Esas dos cargas hicieron que pudiéramos diferenciar a estos dos personajes contundentemente, porque parte del reto era justamente ese.

Hay parejas que se enamoran escena por escena. Petra y Aureliano Segundo parecen reconocerse desde mucho antes de encontrarse. ¿Cómo se construye una relación que el espectador debe sentir como inevitable desde el primer instante?

Ángela Cano: Yo siento que también es por la forma en que está escrita. La historia de Aureliano Segundo y Petra es uno de esos grandes amores de Cien años de soledad. Está también el de Meme y Mauricio Babilonia, pero el de Petra y Aureliano es un amor muy, muy puro, muy de ellos. Entonces siento que nosotros pudimos encarnarlo fácilmente porque así también venía desde los libretos. Hicieron un muy buen trabajo de guion, pero también estaba así desde el mismo libro. Como lo describe Gabo, es hermoso: ellos se hundieron en el amor. Podían aguantar hambre, se alimentaban de amor. ¿Cómo actúas eso? No tuvimos que enamorarnos para hacerlo, pero creo que también hacía parte de esa magia que había en el set.

Julián Román: No, es que lo que tú dices: ahí está, en el libro está, en el guion está. Lo que [los directores] buscaron siempre con estos dos personajes era eso: se aman y punto. Se acabó. Aquí no puede haber dudas de si lo de ellos es conveniencia o qué. No, esto es amor. Creo que se logró.

Ángela Cano: Es que Gabo estaba muy avanzado.

Julián Román: Poliamor.

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Carla, a diferencia de otros personajes de la historia, Fernanda nunca se dejó atrapar del todo por la magia de Macondo. ¿Qué significó para ti interpretar a alguien que observa ese mundo casi como una extraña, incluso viviendo dentro de él?

Carla Baratta: Yo creo que, al final, su resistencia hizo que todo ese realismo mágico la llevara a la locura. Siento que es un personaje que empieza con una ilusión y una expectativa de la vida que puede tener, y se aferra tanto a eso que termina en la locura. Creo que toda su resistencia hacia el exterior hace que, al final, termine comiéndola por dentro. Es muy bonito porque también es una analogía con la casa, con cómo se destruye todo el pueblo y cómo se destruye la casa; y ella, internamente, también. Ella termina, pues, creo que ni siquiera creyendo ya en lo que creía. Fue muy bonito construir ese personaje y poder disfrutarlo en ese arco tan amplio que tiene. Fue precioso, la verdad que sí.

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