“Drag Race” dejó de ser hace mucho tiempo un reality sobre maquillaje y pasarelas para convertirse en un fenómeno cultural que ha cambiado la forma en que el mundo entiende el arte drag. Ahora, esa historia suma un nuevo capítulo con “Drag Race Latina Royale”, la primera competencia internacional en español que reúne a algunas de las drag queens más destacadas de Latinoamérica.
Desde México, Brasil, Venezuela, Panamá, Puerto Rico y Bolivia, las participantes llegan con estilos, historias y referentes completamente distintos, pero con un mismo objetivo: demostrar que el talento latino está conquistando el mundo.
Al frente de esta celebración se encuentran Lolita Banana y Taiga Brava, dos artistas que conocen el escenario desde todos los ángulos. Lolita pasó de cautivar a Francia con su carisma a convertirse en una de las figuras más importantes del universo “Drag Race” en habla hispana; por su parte, Taiga hizo historia al ganar “Queen of the Universe” gracias a una poderosa combinación de voz, presencia escénica y humor.
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Hoy, no solo conducen una competencia; representan a una nueva generación de artistas que ha llevado el drag latino a escenarios internacionales. Time Out México platicó con ellas sobre el arte que existe detrás de una peluca y la comunidad que cambió sus vidas.
Hay gente que todavía cree que el drag consiste únicamente en ponerse una peluca. ¿Cuál fue el momento en que sintieron que el personaje empezó a cuidar a la persona y no al revés?
Lolita Banana: Nosotros somos señores con peluca; no hay nada más honesto que esa descripción, pero también somos artistas escénicos. Todos tenemos una formación artística, un discurso y algo que decir. El arte drag siempre ha estado profundamente ligado a la conciencia política de nuestra comunidad. Hay muchísimas más capas debajo de la peluca. Primero te atraen el glitter y el glamour, pero cuando los quitas, descubres propuestas mucho más profundas.
Taiga Brava: Sí sentí que mi drag empezó a cuidar de mi persona, pero sobre todo fue la comunidad que construimos alrededor del drag. Eso es algo que siempre ha impulsado “Drag Race”: más allá de la competencia, buscamos encontrarnos, sostenernos y crecer juntas. Esa comunidad también nos ha hecho crecer como artistas y como seres humanos.
¿En qué momento sintieron que el público dejó de verlas como una curiosidad y empezó a reconocerlas como artistas?
Lolita Banana: "Todavía nos siguen viendo un poco como artesanía de Coyoacán", bromea entre risas. Después se pone seria: "El trabajo que han hecho todas las franquicias de “Drag Race” durante estos 18 años cambió por completo la percepción del drag y del arte queer. Hoy somos artistas mainstream, conocidas, respetadas y contratadas en todo el mundo. Formar parte de este momento de la historia queer es un honor, pero también implica recordar todas las luchas que hicieron posible que hoy estemos aquí".
Durante años, el drag latino tuvo que traducirse para entrar al universo de “Drag Race”. Hoy el programa está hecho completamente en español. ¿Qué cosas creen que por fin dejamos de explicar?
Taiga Brava: Antes había una persona latina dentro de un programa en inglés tratando de explicar quiénes éramos. Ahora sucede al revés: el público entra a un programa donde puede entender nuestras referencias, nuestra manera de hablar y las cosas con las que crecimos. También descubrimos cuánto compartimos entre países, desde “El Chavo del 8” hasta “Rebelde”.
Lolita Banana: México sigue siendo un referente cultural para toda Latinoamérica. Por eso tiene todo el sentido que un proyecto como Latina Royale nazca aquí y se convierta en un punto de encuentro para artistas de toda la región.
¿Qué cambió cuando dejaron de buscar la aprobación del jurado y se convirtieron en quienes ahora tienen que dar críticas?
Lolita Banana: Siempre me preguntan qué prefiero ser, si concursante o conductora. Conductora, claro, pero es una gran responsabilidad. A mí incluso me cuesta usar la palabra 'juzgar'. No siento que estemos juzgando a las participantes, sino guiándolas dentro de un juego. No estamos opinando sobre sus carreras ni sobre su talento, porque si están ahí es porque ya son grandes artistas. Lo que hacemos es ayudarlas a navegar los retos específicos de la competencia.
Hoy parece que siempre han trabajado juntas, pero, ¿cómo empezó realmente su relación? ¿Cuándo se dieron cuenta de que había una química especial entre ustedes?
Taiga Brava: Todo empezó mucho antes de que me invitaran a “Drag Race México”. Cuando terminó la primera temporada, Lolita me escribió por mensaje directo. En una industria tan competida, no es común que alguien se acerque simplemente para celebrar tu trabajo, y ella lo hizo. A partir de ahí empezamos a coincidir en eventos y descubrimos que teníamos una dinámica muy divertida. Jugábamos a que nos caíamos mal y el público se moría de risa; pero, más allá del humor, encontramos algo mucho más importante: compartimos la idea de profesionalizar el arte drag. No solo para quienes nos subimos al escenario, sino para toda la industria. Esa visión ha hecho que nuestra dupla funcione, y me siento muy agradecida de poder compartir este proyecto con alguien a quien admiro y quiero.
Si pudieran regresar al primer bar donde hicieron drag, ¿qué le dirían a esa primera Lolita y a esa primera Taiga?
Lolita Banana: Le diría: "vas bien, sigue por ese camino". Todo ocurrió muy rápido en mi carrera, pero desde el principio sabía que el escenario era el lugar donde quería estar. Mientras esa sensación siga existiendo, sabré que voy por el rumbo correcto.
Taiga Brava: También le recordaría algo que a veces olvidamos: detrás del maquillaje seguimos siendo personas que un día decidieron ponerse una peluca y unos tacones para expresarse y divertirse. Ojalá nunca perdamos de vista eso, ni nosotras ni la industria.

