Una familia complicada
Cortesía | Entrevista a Adriana Barraza y Mayra Batalla
Cortesía

"Vivimos en un país profundamente racista": Mayra Batalla por Una Familia complicada

Las protagonistas de Una familia complicada comparten las duras experiencias de sus carreras y desentrañan la compleja psicología de sus nuevos personajes en ViX

Stivi de Tivi
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Las familias perfectas no existen y, para prueba de ello, está Una familia complicada, la nueva serie de ViX que nos lleva a Orizaba para conocer a los Navarro. Esta familia, acostumbrada al prestigio, las apariencias y los secretos, enfrenta un punto de quiebre cuando muere el patriarca y la matriarca comienza a sufrir el avance del Alzheimer. Así, todo aquello que llevaba años escondido empieza a salir a la superficie entre traiciones, resentimientos y heridas que nadie quiso atender.

El personaje principal es Telma, interpretada por la nominada al Oscar por Babel, Adriana Barraza, quien intenta sostener a su familia mientras su memoria comienza a fallar. Por su parte, Mayra Batalla (ganadora de dos Premios Ariel) da vida a Telmita, producto de una aventura extramarital del esposo de Telma, y quien carga con ese estigma desde antes de nacer. A ellas las acompañan Marcus Ornellas, Marisol del Olmo, Oka Giner, Eduardo Maruri, Marco Treviño, Alberto Estrella, Ricardo Fastlicht, Alejandra Ambrosi, Daniela Aedo, Moisés Arizmendi, Giovanni Conconni y Ana Tena.

Time Out México platicó con Adriana y Mayra sobre esta producción, la cual plantea una intrigante pregunta: ¿qué pasa cuando la persona que mantiene unida a una familia es también la única que conoce toda la verdad?

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Telma no tiene filtros y dice cosas que incomodan o lastiman a gran parte de su familia. Ustedes trabajan en una industria donde seguramente escucharon opiniones, rechazos o comentarios sobre cómo debían verse o hablar. ¿Cómo construyeron esa coraza para que esos comentarios no las dañaran? ¿Hay alguna frase que recuerden de sus inicios y que se les haya quedado grabada?

Adriana Barraza: A mí me dijeron una vez, no voy a decir quién porque lo quiero muchísimo y quizá ni se acuerda: “No sirves para nada, ni para sentarte ni para pararte”. Yo venía de una carrera larga haciendo teatro universitario en Toluca y Chihuahua. Entré a un montaje profesional donde por primera vez me estaban pagando por actuar y tenía un personaje muy pequeño. En una escena debía permanecer tirada en el suelo junto a otras compañeras; recuerdo que el director se enojó muchísimo conmigo. Después incluso fui su asistente y hoy es un gran amigo, pero en ese momento me dijo: “No sabes hacer nada. Mejor ponte un puesto de tacos ahí afuera”. Yo pensé: “¡Caray! Vengo de hacer toda una carrera”. Me dolió muchísimo, lo recuerdo perfectamente. Pero así es la vida. Después las cosas cambian y las personas también.

Mayra Batalla: Más que una historia puntual, para mí ha sido una lucha constante hasta el día de hoy. Vivimos en un país profundamente racista y eso se refleja en la industria audiovisual. Sigue existiendo la idea de que las personas morenas no representan personajes profesionistas o de determinados sectores sociales. No diría que fue algo que me pasó únicamente al inicio de mi carrera; es algo que sigue ocurriendo. Es una conversación permanente.

Una familia complicada
CortesíaEntrevista a Adriana Barraza y Mayra Batalla

Adriana, pensaba en Amelia de Babel, la madre de Octavio en Amores Perros, Nana en Blue Beetle y ahora Telma. Son mujeres muy distintas, pero todas parecen cargar el peso emocional de una familia. ¿Qué sigue descubriendo sobre esas mujeres que sostienen a los demás mientras ellas mismas se están rompiendo por dentro?

Adriana Barraza: Qué buena observación. Lo que descubro en todas ellas también lo descubro en las mujeres reales. Hay muchísimas mujeres allá afuera, de cualquier profesión y clase social, tratando de sacar adelante a sus familias. A veces eso implica sacrificarse; otras veces implica defender un espacio propio. Con Telma sucede algo muy particular. Yo la conozco profundamente y, honestamente, le doy las gracias. Es una mujer que está tratando de hacer lo mejor que puede para que sus hijos estén bien. Claro, está el tema de la clase social y de las apariencias, pero en el fondo sus acciones nacen del amor. A veces se equivoca, unas veces más que otras, pero siempre intenta proteger a los suyos. Quizá en algún momento reflexione sobre lo mal que ha tratado a Telmita, porque ahí sí hay una deuda emocional importante, pero eso es lo que veo en estas mujeres: intentan sacar adelante a sus familias como pueden.

Una familia complicada
CortesíaEntrevista a Adriana Barraza y Mayra Batalla

Mayra, te ha tocado interpretar a mujeres que sobreviven a estructuras muy duras. ¿Qué conversación continúa Telmita dentro de ese recorrido que has construido en tu carrera?

Mayra Batalla: Lo que más me interesó fue la relación entre Telma y Telmita. Más allá del vínculo familiar, existe algo que en psicología se conoce como “el basurero familiar”: esa persona sobre la que terminan descargándose las frustraciones, las culpas y las heridas del resto. Puede ser el más vulnerable, el más débil o quien enfrenta alguna condición particular. Siento que Telmita ocupa ese lugar dentro de la familia. Ella es la hija que el padre tuvo fuera del matrimonio; llega a la casa porque su madre murió y simplemente la colocan ahí. Le dicen a Telma que la críe, que haga como si nada hubiera pasado. Es una situación terrible. Aunque entiendo el dolor de Telma, también entiendo a Telmita. Ella crece sintiendo que no pertenece, que no es querida, especialmente por la figura materna. Además, es una familia donde la apariencia importa más que cualquier otra cosa. No importa si todo se está derrumbando; importa qué va a decir la gente. Por eso Telma acepta criarla, pero también descarga sobre ella el resentimiento que tiene hacia el padre. Telmita crece sintiéndose fuera de lugar y esa frustración la lleva al alcohol y a muchas otras heridas. Para mí representa a ese miembro vulnerable que existe en muchas familias y sobre quien, por desgracia, terminan cayendo las cargas emocionales de los demás.

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