Gillian Anderson y Hannah Einbinder
Cortesía | Entrevista a Gillian Anderson y Hannah Einbinder
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El nuevo slasher queer: Hannah Einbinder y Gillian Anderson se confiesan

A propósito del estreno de Adolescencia, sexo y muerte en el campamento Miasma, platicamos con las actrices sobre la deconstrucción del arquetipo de la ‘Final Girl’ en el cine moderno

Stivi de Tivi
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En el cine de terror, la “Final Girl” es la mujer que sobrevive al asesino cuando todos los demás han muerto: Laurie Strode, Nancy Thompson, Sidney Prescott. En Adolescencia, sexo y muerte en el campamento Miasma la historia toma a esa figura y se pregunta qué pasa cuando la película termina, pero ella tiene que seguir viviendo con el mito.

La trama sigue a Kris, una joven directora queer interpretada por Hannah Einbinder, que intenta revivir una vieja franquicia slasher. Para lograrlo busca a Billy (Gillian Anderson), la actriz que protagonizó la cinta original. El encuentro entre ambas se convierte en una historia de obsesión, deseo y ficción que empieza a borrar los límites entre la realidad y la pantalla.

La dirige Jane Schoenbrun, una de las voces más interesantes del nuevo cine queer, responsable de I Saw the TV Glow. Aquí toma todo lo que ama del slasher, los campamentos, el sexo, la sangre y las “Final Girls”, para transformarlo en un relato sobre identidad y deseo. El choque actoral es un gancho irresistible: Hannah, que viene de la recién terminada serie Hacks, y Gillian, una actriz que lleva décadas sabiendo lo que significa quedar atrapada en un personaje icónico como Dana Scully.

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Time Out México conversó con ambas sobre el estreno del filme en cines nacionales, la construcción de un mito propio y el intento constante de escapar de él.

Gillian, ¿qué temes perder ahora que no temías perder a los 30? Y Hannah, ¿qué temes perder ahora que Gillian probablemente ya no teme perder?

Gillian Anderson: Las células cerebrales y todo eso. Definitivamente es parte de envejecer. Ya sea por las hormonas o Dios sabe qué, simplemente siento que estoy perdiendo células a cada hora; pero probablemente sea eso, la memoria.

Hannah Einbinder: Yo también me preocupo por mi memoria. He fumado marihuana desde los 14 años. Estoy en problemas. Así que espero que podamos conservarla. Sería genial mantenerla, ya veremos. Crucemos los dedos.

Gillian Anderson y Hannah Einbinder
CortesíaEntrevista a Gillian Anderson y Hannah Einbinder

Jane Schoenbrun tiene una forma muy particular de construir mundos. ¿Qué tuvieron que hacer para entrar en ese universo?

Gillian Anderson: Fue bastante fácil. Siento que ocurrió casi sin esfuerzo porque los sets eran extraordinarios. Para mí, el vestuario y el maquillaje hacen una gran diferencia en la transformación. Esa combinación me permitió sumergirme en el espacio. Jane también estaba muy abierta al acento sureño, así que de alguna manera se sintió bastante natural.

Hannah Einbinder: Yo diría lo mismo, pero agregaría las conversaciones profundas, vulnerables y personales que tuve con Jane sobre lo que mi personaje estaba a punto de atravesar y lo que la película intentaba debatir. Eso me permitió sumergirme en el estado mental en el que estaban cuando escribieron el guion. Me identifiqué con muchas de sus experiencias. Esas charlas íntimas hicieron posible que pudiera entrar profundamente en su mundo.

La película aborda cómo las personas queer se ven a sí mismas en obras de fantasía que no necesariamente fueron hechas con esa intención. Gillian, desde The X-Files hasta tu trabajo con Bryan Fuller, ¿cuánto has interactuado con eso? Y Hannah, ¿qué películas tuvieron ese mismo efecto en ti?

Gillian Anderson: No sé. Casi siento que no lo había pensado tan profundamente hasta que trabajar con Jane me permitió hacerlo. Cuando vi The Silence of the Lambs, sentí que había un elemento transfóbico problemático dentro de la película, y creo que incluso leí artículos sobre eso después. Más allá de eso, no estoy segura de si lo entendía en términos de las comunidades queer —lo veía más desde las posturas misóginas— y de lo problemática que ha sido históricamente tanta parte del cine. Así que, de cierta manera, esto ha sido una educación para mí. Uno se queda tan atrapado en su propia vida y en su trabajo que, a veces, solo cuando tienes la oportunidad de sumergirte en conversaciones emocionales con cineastas como Jane tu conciencia se amplía y ves perspectivas diferentes.

Hannah Einbinder: Sí, creo que en algunas de esas primeras películas hay una tendencia a leer lo queer entre líneas debido a la falta de personajes explícitamente queer. Para mí, las películas en las que leí esos elementos fueron Bring It On y Stick It, lo cual es gracioso porque son cintas de porristas o de gimnasia, pero sentía que esos personajes eran muy lésbicos y yo simplemente estaba captándolo. Nunca se dice explícitamente, pero se quedaron conmigo. Bring It On, de hecho, hizo que quisiera ser porrista de forma competitiva durante años. Al principio decía: "Oh, me encantan las porristas", pero en retrospectiva pienso: "Ah, también era gay". Estaba captando algo más.

Gillian Anderson y Hannah Einbinder
CortesíaEntrevista a Gillian Anderson y Hannah Einbinder

Hollywood está obsesionado con revivir viejas franquicias. ¿Creen que recuperamos estas historias porque todavía las amamos o porque tenemos miedo de crear nuevos mitos?

Hannah Einbinder: Creo que, en muchos casos, los estudios quieren renovar las propiedades intelectuales que ya poseen. Es un tema de "¿Qué propiedades tenemos?". Eso es lo que está pasando. A veces es divertido y genial, y en otros casos da mucha flojera. El verdadero problema es que eso supera la cantidad de historias originales que se están contando.

Gillian Anderson: Pero también quieren certeza, ¿no? Es muy difícil lograr que algo explote y marque una diferencia hoy en día. Los estudios ven muchísimo valor en la propiedad intelectual histórica porque, si algo ya tiene audiencia, no tienes que trabajar tanto para construirla desde cero. La propiedad intelectual lo es todo actualmente, es una moneda de cambio y entiendo por qué lo hacen. Sin embargo, espero que estemos llegando a un punto donde cada vez haya más cineastas independientes en el primer plano, intentando crear contenido único que pueda equilibrar la enorme cantidad de secuelas.

¿Cuál fue su despertar al horror? ¿Y cómo se sienten al entrar al panteón de las “Final Girls”? Quizá Scully, en cierto modo, ya era una.

Gillian Anderson: En realidad, sí. Se siente como que ahora estoy entrando a un panteón y me siento muy, muy orgullosa y honrada de formar parte de él.

Hannah Einbinder: Mi película de terror original favorita es interesante porque es una adaptación de un videojuego: Silent Hill. Brillante. ¿Y cómo me siento al ser una Final Girl? Dios mío, es increíble. Especialmente de esta manera que es radical y alegre; está reivindicando las cualidades y la imagen que se ha proyectado sobre la Final Girl, dotándola de dignidad, agencia y orgullo. Estoy tan emocionada.

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