Amanda Seyfried
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Entrevista a Amanda Seyfried por El testimonio de Ann Lee

Hablamos con la actriz sobre su papel más arriesgado en 'El testimonio de Ann Lee' y su nueva visión de la vida a los 40

Stivi de Tivi
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Nacida en 1736 en Manchester e hija de un herrero, Ann Lee estuvo marcada por la pobreza y la devastadora pérdida de todos sus hijos. Ese dolor inabarcable la empujó hacia una experiencia espiritual radical que terminaría convirtiéndola en la líder del movimiento Shaker, una comunidad religiosa que predicaba la igualdad de género, la vida en común y el celibato absoluto. Sus seguidores llegaron a creer que ella era la segunda venida de Cristo encarnada en mujer, una idea casi inconcebible en pleno siglo XVIII.

De esta fascinante figura histórica nace El testimonio de Ann Lee, una cinta que se aleja de la biografía tradicional. La directora Mona Fastvold construye un relato que entrelaza el drama histórico con una suerte de musical espiritual, donde la fe se manifiesta a través del canto, la danza y el trance colectivo.

En el epicentro de la historia se encuentra Amanda Seyfried, entregando uno de los trabajos más arriesgados y transformadores de su carrera. La estrella desaparece para dar paso a un personaje crudo y profundamente humano que sostiene todo el peso de la trama. Resulta inevitable, por tanto, cuestionarse cómo una actuación tan comprometida y excepcional quedó fuera de la conversación de los premios Oscar.

Time Out México conversó con Seyfried sobre el reto de dar vida a Ann Lee, su propio viaje espiritual y su relación con la música.

Cuando conociste la historia de Ann Lee, ¿qué fue lo que más te sorprendió?

Que una mujer del siglo XVIII pudiera liderar un movimiento de esa magnitud. En aquella época, las mujeres eran consideradas prácticamente propiedad de los hombres; aun así, ella logró fundar una comunidad basada en la igualdad y reunir a miles de seguidores. Fue perseguida, golpeada y encarcelada en múltiples ocasiones, pero siempre volvía a levantarse. Esa resiliencia me parece extraordinaria.

Este proyecto te llevó a explorar la vida de una mujer profundamente ligada a la fe y al liderazgo. ¿Cambió tu forma de ver estos conceptos?

Sí, absolutamente. Para mí fue un cambio monumental. Estoy en una etapa de mi vida, muy ligada a cumplir 40 años y ser madre, en la que reevalúo mis prioridades y trato de mirar el mundo con mayor claridad. Algo que realmente me marcó de Ann Lee es su convicción de que nuestra responsabilidad es hacer lo que podamos por el bien común y liderar con compasión. En un set, por ejemplo, trato de ser una buena líder dándole espacio a los demás, respetando sus métodos y procesos. Cuando eres la primera en la hoja de llamado, marcas el tono de todo el equipo. Aprendí que cada persona llega con su propia historia, sus luchas y su manera de sobrevivir. Cuando respetas eso, el trabajo fluye mucho mejor para todos.

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Tu carrera está llena de proyectos poco convencionales. ¿Qué te atrae de estos personajes tan complejos?

Todo empieza con la curiosidad. Tengo la enorme suerte de que mi trabajo me permita jugar a imaginar y transformarme. A través de mis personajes aprendo mucho sobre mí misma: me gusta investigar quiénes son, entender cómo piensan y mezclar eso con mi propia esencia para darles vida. Además, elegir proyectos diametralmente distintos ayuda a que el público se olvide de ti y crea realmente en el personaje. Ese siempre ha sido mi objetivo: que la gente no vea a Amanda Seyfried, sino a la persona que estoy interpretando.

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Searchlight PicturesAmanda Seyfried in THE TESTAMENT OF ANN LEE. Photo courtesy of Searchlight Pictures. © 2025 Searchlight Pictures All Rights Reserved.

¿Qué fue lo más difícil de interpretar a Ann Lee?

Encontrar el equilibrio entre el profundo dolor que vivió y la luz que emana después en su historia. Ann Lee perdió a sus hijos y atravesó un sufrimiento inimaginable; para que el público entendiera su transformación, era vital mostrar primero esa oscuridad. El gran desafío era representar algo que, desde fuera, podría parecer locura, pero sin perder al espectador en el proceso. Necesitábamos que el público creyera en lo que ella creía, y lograr eso es una de las tareas más difíciles para cualquier actor.

¿Hubo algo que este proyecto te haya enseñado sobre ti misma y que no esperabas?

Sí, cambió por completo mi relación con la música. Durante mucho tiempo me preocupaba demasiado por cómo sonaba mi voz, por si cantaba perfecto o no. Al trabajar en esta historia, aprendí a dejar de escucharme tanto y a simplemente sentir lo que estaba cantando. Fue increíblemente liberador. Me di cuenta de que no necesito ser perfecta para conectar con la emoción. Y si pude soltar esa autoexigencia en la música, tal vez también pueda hacerlo en otros aspectos de mi vida.

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