David Pablos es una de las voces más importantes y constantes del cine mexicano contemporáneo. Desde Las elegidas, una película brutal sobre la trata de personas, hasta El baile de los 41, donde retrató la represión y la doble moral en torno a la homosexualidad en el México de inicios del siglo XX, su cine ha girado siempre alrededor de personajes atrapados en sistemas de violencia, machismo o silencio emocional.
Ahora regresa con En el camino, historia galardonada con el premio principal de la sección Horizontes en el Festival de Venecia. La cinta sigue a dos hombres dentro del universo de los traileros mexicanos, uno joven y otro endurecido por la carretera, que terminan construyendo una relación afectiva y sexual en uno de los ambientes más masculinos y hostiles imaginables.
Aunque el cine mexicano ya cuenta con películas fundamentales de temática LGBTQ+ como Y tu mamá también, El lugar sin límites, Carmín tropical, Todo el silencio o la propia El baile de los 41, lo interesante de En el camino es que sitúa a sus personajes queer en espacios "artísticos" o urbanos, y dentro de un territorio históricamente asociado al macho mexicano: la carretera, los tráileres y el norte del país.
No te puedes perder: “Debía encontrar mi propio camino”: Javier Bardem sobre la nueva versión de Cabo de Miedo
Time Out México conversó con el director David Pablos y con el actor Osvaldo Sánchez sobre este filme que no solo habla del deseo entre hombres, sino de aquellos que crecieron aprendiendo a esconder cualquier emoción.
En la pasada edición del Festival de Morelia, aunque la película tiene violencia fuerte, las reacciones del público parecían más incómodas o escandalizadas por ver cuerpos masculinos desnudos que por el dolor mismo. ¿Qué dice eso sobre la manera en que seguimos educados para mirar el cuerpo masculino, el deseo y la vulnerabilidad?
Osvaldo Sánchez: Sí, justo siento que hay una paradoja muy fuerte ahí. Nos preguntamos por qué sigue siendo mucho más válido y aceptado ver cuerpos decapitados que escenas de intimidad. La única escena realmente violenta visualmente es la del hombre incendiándose, pero incluso ahí creo que hay algo poético, sugerente, casi onírico en la manera en que está filmada; está vista desde la distancia. Y aun así, lo que más altera a mucha gente es ver un cuerpo masculino desnudo. Ahí es donde uno entiende qué tanto hemos normalizado la violencia. Cuando pienso en películas tipo Rambo, donde la gente cae, muere y no sentimos absolutamente nada, me pregunto por qué el amor sigue siendo más incómodo que la guerra misma.
David Pablos: Sí pensé que los desnudos masculinos podían generar trabas al momento de exhibir o distribuir la película. Pero, justamente porque sabía que eso probablemente iba a suceder, decidí filmarla así. Me parecía importante abordar el deseo y el cuerpo masculino para romper muchos tabúes alrededor de eso. Me parece un poco ridícula toda esta negación o la supuesta imposibilidad de verlo en pantalla.
David, El baile de los 41 hablaba de hombres obligados a esconderse, pero esa historia ocurría hace más de cien años. Lo fuerte de En el camino es que demuestra que, emocionalmente, quizá seguimos igual. ¿Qué piensas de eso?
David Pablos: Fíjate que mientras preparaba y filmaba El baile de los 41, no dejaba de decirle a mi equipo lo sorprendente que era descubrir la cantidad de paralelos que siguen existiendo con el presente. Evidentemente las formas han cambiado, hay muchos constructos sociales que se han transformado, pero ciertos prejuicios permanecen: el castigo de lo femenino en lo masculino, el machismo, la ridiculización, la clandestinidad. Hay demasiadas cosas que no terminan de cambiar del todo, aunque hoy exista más representación y estos temas se hablen más. Sigo pensando que vivimos en un mundo profundamente machista, que condena no solamente lo femenino dentro de lo masculino, sino incluso la posibilidad de mostrar deseo, intimidad o vulnerabilidad entre hombres. En gran medida, la intención de hacer esta película nace de ahí. Quería hablar de la masculinidad, deconstruirla, ridiculizarla incluso, y mostrar lo tóxica que puede llegar a ser; no solo hacia el entorno, sino hacia el propio hombre. Personajes como Muñeco y Veneno, aunque desde lugares distintos, son analfabetos emocionales.
Osvaldo, estos personajes aprendieron a reconocer el peligro antes que el amor. ¿Cómo se construye emocionalmente a personas que están acostumbradas a sobrevivir más que a sentirse queridas?
Osvaldo Sánchez: Creo que el guion ya dibujaba muy claramente todo eso y sabíamos perfectamente hacia dónde teníamos que ir, pero también hubo un proceso actoral muy largo. Pasamos dos meses trabajando todas las mañanas sobre el texto, desmenuzándolo meticulosamente, entendiendo qué estaba pasando y cómo conectaba con la vida real. Después vino todo el trabajo corporal: entender qué hacía ese universo con el cuerpo, con las tensiones, con las atmósferas. En mi caso, fue muy importante vivir durante tres semanas dentro de un tráiler. Aprendí a manejarlo para darle herramientas al personaje, pero sobre todo para darle material al cuerpo. No se trataba solamente de estudiar algo desde lo intelectual o antropológico, sino de permitir que el cuerpo entendiera físicamente ese mundo: qué le pasa a la mente, a la voz, a la mirada, a la respiración. Gracias a eso logramos que estos personajes tuvieran un latido muy orgánico y que todas esas emociones pudieran sentirse en la pantalla.
David Pablos: Para ti fue muy importante salir a trailerear por primera vez y manejar de noche en carretera. Recuerdo que alguna vez me dijiste que te impactó muchísimo experimentar lo que se siente estar dentro de un tráiler, en medio de la nada.
Osvaldo Sánchez: Sí, era impresionante manejar por primera vez ese monstruo. Ahí empiezas a dimensionar realmente lo que significa esta profesión. Además, requería de una observación constante para entender qué le pasa al cuerpo y a la mente. Creo que uno de los grandes aciertos de David fue guiarnos para expresarnos no solo con palabras, sino con la presencia y con la mirada.
La película ocurre en un entorno de movimiento constante: carretera, motores, trayectos. Son personajes que recorren miles de kilómetros, pero emocionalmente parecen completamente detenidos. ¿Qué te interesaba de esa contradicción?
David Pablos: Creo que ahí radica gran parte de la esencia de la película. Son personajes incapaces de confrontar sus heridas y de enfrentar su pasado, y ese mismo pasado termina determinándolos por completo. Algo que repetía mucho durante el trabajo de personajes era que, mientras no fueran capaces de lidiar con eso, seguirían condenados a repetir los mismos errores y a lastimarse a sí mismos. La película habla mucho de esta persecución constante de un pasado no resuelto, y eso es justamente lo que termina conectando a los protagonistas. Por ejemplo, todas las relaciones de Veneno están marcadas por la figura del padre, por el rechazo y por la ausencia. Él intenta reparar esa falta en el presente buscando a otros hombres que funcionan, simultáneamente, como figuras paternas y de deseo.

