Durante más de veinte años, Steve Carell ha demostrado algo muy raro en Hollywood: que se puede pasar de la comedia más incómoda a los dramas más oscuros del cine. Primero conquistó la televisión con The Office gracias a Michael Scott, uno de los personajes cómicos más influyentes del siglo XXI. Después, expandió su carrera con películas como The 40-Year-Old Virgin y Little Miss Sunshine, y sorprendió con interpretaciones dramáticas como Foxcatcher, que incluso le valió una nominación al Oscar. Ahora, Carell regresa a la televisión con Rooster (HBO Max), una comedia creada por Bill Lawrence, el productor detrás de exitosas series como Scrubs, Ted Lasso y Shrinking.
La historia sigue a Greg Russo, un novelista exitoso que llega a una universidad para dar una charla y termina quedándose mucho más tiempo de lo previsto cuando la vida de su hija —profesora en ese mismo campus— comienza a desmoronarse. Lo que parecía una visita breve se convierte en una convivencia incómoda entre dos adultos que tienen que volver a aprender a relacionarse: un padre que ya no puede proteger a su hija como antes, y una hija que intenta construir su propia vida sin sentirse juzgada.
Rooster le permite a Carell volver a un terreno que domina: la comedia que nace de lo humano, de personajes imperfectos, incómodos y profundamente reales. Time Out México conversó con el actor sobre lo que pasa cuando, tras pasar media vida haciendo reír, decide regresar a ese territorio, pero con toda la experiencia que le han dejado sus años en el drama.
Has hecho reír al público durante décadas. ¿Cómo logras mantener la comedia fresca?
He estado intentando hacer reír a la gente casi toda mi vida. Tengo 63 años, así que probablemente llevo unos 60 intentándolo. Cuando era niño hacía cosas muy tontas para hacer reír a mi familia. Una vez me vestí como un alienígena y simplemente aparecí así en la cena; y nadie dijo nada... porque era algo que yo hacía todo el tiempo para provocar una reacción. Siempre he abordado la comedia de la misma manera: lo que me hace reír es aquello que se siente creíble, algo que podría existir. Un actor puede ir muy lejos con la exageración, pero aun así quiero sentir que su comportamiento está anclado en la realidad. Para mí, eso siempre es más gracioso. Pienso en alguien como Peter Sellers: podía interpretar al personaje más exagerado posible, pero al mismo tiempo sentías que realmente estaba pasando por algo. Y eso siempre me ha hecho reír.
¿Qué te exigió este proyecto como actor?
Ya he interpretado a un padre en la ficción, y también lo soy en la vida real. Curiosamente, el reto aquí fue conectar con la relación que tengo con mi propia hija. Cuando algo es tan cercano a tu vida, a veces resulta más difícil abrirte completamente a esa emoción frente a la cámara. No soy exactamente ese personaje, pero inevitablemente tocas experiencias muy personales. Cuando Bill Lawrence y yo hablamos por primera vez de la serie, me dijo que ambos tenemos hijas de edades similares y que la historia exploraba cómo cambian esas relaciones cuando los hijos crecen. El hecho de que estuviera tan cerca de mi realidad lo volvió un reto interesante... y también muy divertido de explorar.
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La serie combina comedia con momentos muy emocionales. ¿Cómo trabajas ese equilibrio?
Creo que todo viene del mismo lugar. Un personaje no sabe si está en una comedia o en un drama; simplemente está viviendo su vida. Cuando algo resulta gracioso, lo es porque así sucede en ese momento. Por eso intento interpretar las situaciones de la manera más honesta y realista posible. Cuando haces eso, tanto la comedia como el drama terminan funcionando mejor.
¿Qué hace especial el trabajo de Bill Lawrence al mezclar comedia y emoción?
Bill es, sencillamente, muy divertido. Lo más sorprendente es que nunca adivinarías que está involucrado en tantos proyectos al mismo tiempo, porque cuando entra a una sala trae consigo una energía creativa enorme. De repente hay treinta maneras distintas de abordar una escena y él anima a todos a probar cosas. Recuerdo que en nuestra primera lectura de guion dijo algo muy interesante: "Nosotros escribimos esto, así que ahora tenemos el 95% de la propiedad porque lo pusimos en la página. Pero en unas semanas queremos que ustedes tengan ese 95%. Queremos que lo hagan suyo". Esa generosidad creativa abrió mucho el proceso y lo volvió muy divertido para todos.

