Hija de padre palestino, originario de Cisjordania y madre jordana, Cherien Dabis creció en un pequeño pueblo de Ohio. Pasó sus veranos entre Estados Unidos y Medio Oriente, aprendiendo desde niña lo que significa pertenecer a dos lugares. Tras enfrentar discriminación y amenazas junto a su familia, esa dura experiencia la impulsó a encontrar un refugio en el cine.
Luego de dirigir cintas como Amreeka y May in the Summer, así como episodios de series exitosas (Only Murders in the Building, Grey’s Anatomy), regresa a la pantalla grande con Lo que queda de ti, la película más personal de su carrera y una historia que llevaba años intentando contar.
La cinta sigue a una familia palestina a lo largo de siete décadas, transformando la pérdida, el desplazamiento y la memoria en un relato profundamente íntimo. Dabis no solo la escribió y dirigió, sino que también actúa en ella. La producción, que cuenta con Mark Ruffalo y Javier Bardem como productores ejecutivos, llegó a Sundance y ha ganado múltiples premios internacionales.
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A propósito de su estreno en México, platicamos con Cherien Dabis sobre la identidad, el exilio, la memoria y la imperiosa necesidad de relatar las historias que heredamos para entender quiénes somos.
Hay algo profundamente extraño en pertenecer a un lugar al que, al mismo tiempo, no puedes pertenecer del todo. ¿Cómo has vivido esa contradicción?
Cherien Dabis: Pasa por mi mente a menudo. Mi padre fue exiliado en 1967, así que mi vida ha transcurrido en la diáspora. Nunca me han permitido ir a vivir a Palestina, aunque he querido hacerlo y he pasado mucho tiempo allí. Pero estar en ese lugar implica mucho dolor y dificultades: checkpoints, acoso, ataques de ansiedad, detenciones e interrogatorios. Así que pienso a menudo que no se me permite vivir en el sitio del que provengo. Y es extraño.
Es muy valioso lo que logra la película al permitirle al público tener contexto a través de las historias. Para ti, ¿eso es el cine?
CD: Es la razón por la que me hice cineasta: para representar. Crecí rodeada de medios occidentales que nos deshumanizaban y reproducían estereotipos peligrosos, y mi familia sufrió racismo por ello. Quise usar el lenguaje universal del cine y de la emoción para mostrar quiénes somos realmente, contar nuestras historias auténticas y ponerle un rostro humano a los titulares.
Cuando estás tan cerca de una historia, ¿cómo decides que tú eres la persona adecuada para interpretar a uno de sus personajes?
CD: Al principio, la actriz que hay en mí quería hacerlo, pero la directora dudaba. La película era mucho más grande que mis proyectos anteriores: abarca varios periodos y cuenta con un elenco enorme, incluyendo niños. Pensé en elegir a otra actriz, pero durante el casting entendí que tenía una visión muy específica del personaje y de su función dentro de la historia. Unas seis semanas antes del rodaje supe cómo hacerlo y sentí que era la persona adecuada. Además, percibía que ella era, al igual que yo, la narradora y la sanadora de la familia.
En la película muestras personajes que buscan lo mismo, pero tienen ideas opuestas. ¿Por qué era importante reflejar esa complejidad?
CD: Era fundamental mostrar las distintas formas en que se construye la identidad, incluso dentro de una misma familia. Mi propia identidad se formó en oposición a mi padre: él se aferraba a Palestina y yo vi cuánto sufrió por ello. Heredé su dolor y el trauma de mi pueblo, pero quise convertir ese enojo en algo útil. Creo que por eso me hice cineasta y por eso quería hacer esta película: para transformar mi propio trauma en algo que pudiera servirle al mundo.
¿Por qué era tan vital contrastar la violencia con las escenas pequeñas, tiernas y familiares?
CD: Porque somos más que nuestro sufrimiento. Quería honrar quiénes son realmente los palestinos, y eso significaba llenar la película de amor, compasión, humor, ternura y generosidad. Después del 7 de octubre sentí que era todavía más importante, porque el público ya estaba cargando con todo el horror y las imágenes que había visto en las noticias. Necesitaba que la película pudiera ser vista y que la gente entendiera lo que los palestinos han soportado desde 1948.

