A lo largo de seis años, Gal S. Castellanos registró dos transformaciones en paralelo: la suya, mientras iniciaba una transición de género, y la de su madre, María del Pilar, quien tras enviudar decidió viajar a Turquía para perseguir una historia de amor. El resultado es Mi pecho está lleno de centellas, una película íntima sobre la libertad, el duelo, la familia y la posibilidad de empezar de nuevo. El documental ha recorrido festivales como Málaga, Monterrey, Zanate, Cleveland y Doc Buenos Aires, donde ha sido reconocido por su honestidad emocional.
En el marco del Mes del Orgullo y durante la semana de la Marcha LGBT+ en México, la cinta llega a las salas de cine este 25 de junio, con un estreno enfocado principalmente en el circuito independiente y espacios culturales. Time Out México conversó con Gal sobre la libertad como motor de la película, la ausencia de su padre, la valentía de su madre y el proceso de convertir una experiencia tan íntima en una obra audiovisual.
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La película plantea una pregunta muy poderosa: ¿cuánto de lo que somos realmente nos pertenece y cuánto fue construido para cumplir expectativas ajenas?
Gal S. Castellanos: Creo que esa ha sido la búsqueda más importante de la película. Habitamos el mundo desde lugares que muchas veces nos son asignados, pero esos lugares también pueden tener muchos más horizontes de los que imaginamos. Durante los años en que construimos la película, la libertad fue una pulsión constante. Nos interesaba pensarla como una herramienta para imaginar otras posibilidades y para descolocarnos. Creo que los ejercicios narrativos pueden llevarnos a lugares distintos y ayudarnos a descubrir cosas nuevas sobre nosotros mismos. Si no exploramos otros caminos, nunca descubrimos qué más podríamos ser. La película nos colocó a todos —a mi mamá, a mí y al equipo— en un lugar que nos invitaba a probar otras posibilidades de vida.
Tu padre está muy presente en la película, muchas veces a través de los silencios. Si pudiera verla hoy, ¿crees que entendería cosas de ti que nunca tuvieron oportunidad de hablar?
Gal S. Castellanos: Sí. La película también está pensada como una carta para él. Hay experiencias y sentimientos que me resultaban difíciles de dialogar directamente con su figura. Muchas de las anécdotas que aparecen hablan de quién fue él para mí y de la relación que construimos. Su muerte dejó un gran vacío familiar y también muchas preguntas. A veces siento que sigue dialogando con la película. Cada vez que voy a una función pienso que quizá está sintiendo algo respecto a ella.
¿Qué descubriste de tu mamá al verla a través de esos videos?
Gal S. Castellanos: Descubrí una autodeterminación que nunca había logrado ver en ella. Necesité verla fuera del filtro de la relación madre-hijo. Crecemos observando a nuestros padres desde lugares muy arquetípicos y pocas veces alcanzamos a ver todas sus capas. La cámara le permitió revelarse de otra manera: sus deseos, sus dudas, sus contradicciones. Descubrí que era mucho más valiente, libre y atrevida de lo que imaginaba.
Cuando conviertes tu vida en una película, el acto más importante no es filmar sino editar. ¿Cuál fue la decisión más difícil en la sala de montaje?
Gal S. Castellanos: La película se construyó entre tres personas: Andrea Rabasa, Daniela Silva y yo. Para mí era importante que hubiera ojos externos que pudieran mirar mi historia desde una distancia narrativa. Más que decidir qué quitar, el reto era encontrar la forma de que las cosas pudieran permanecer. Había material muy doloroso para mi historia familiar y también material que me daba vergüenza. Lo más complejo fue dejar que la vida estuviera ahí. Mi preocupación constante era sentirme en paz con el material que estaba compartiendo. Gracias al trabajo de Andrea y Daniela, la película pudo mirar a sus personajes desde el cariño y no desde el juicio.
Si pudieras hablar con la persona que eras al inicio de este documental, antes de todas las transformaciones, ¿qué le dirías?
Gal S. Castellanos: Le diría que no tenga tanto miedo. La vida va a seguir ocurriendo, las cosas van a transformarse y al final va a estar bien.

