Carla Simón nació en Les Planes d'Hostoles, un pequeño pueblo de Girona. Gran parte de su filmografía está atravesada por una historia muy personal: perdió a sus padres cuando era niña y fue criada por sus tíos. A partir de esa experiencia, ha construido una de las trilogías más íntimas y reconocidas del cine español reciente. Primero fue Verano 1993, inspirada en su infancia y ganadora de tres Premios Goya; después llegó Alcarràs, la película que conquistó el Oso de Oro en Berlín y la consolidó como una de las cineastas más relevantes de su generación. Ahora presenta Romería, una cinta que completa ese viaje hacia sus raíces familiares.
En Romería conocemos a Marina, una joven que viaja a Vigo para encontrarse con la familia paterna que nunca conoció, mientras intenta reconstruir la historia de sus padres a través de cartas, recuerdos, silencios y versiones contradictorias. La película, inspirada en la búsqueda que la propia Carla emprendió para conocer mejor la historia de su padre gallego, tuvo su estreno mundial en la Competencia Oficial del Festival de Cannes.
Time Out México platicó con la realizadora sobre la memoria, la identidad y las preguntas que no tienen una respuesta clara.
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Después de Verano 1993 y Alcarràs, mucha gente puede creer que ya conoce tu forma de hacer cine. ¿Qué reglas de Carla Simón tuviste que romper para hacer Romería?
Carla Simón: El reto de Romería era justamente que, después de haber hecho dos películas con un compromiso muy fuerte hacia la realidad, tenía que permitirme romper un poco con eso y entender el cine desde un lugar más mágico. El cine te da la posibilidad, en mi caso, de crear esas imágenes o esa memoria que me falta, incluso de resucitar a los muertos. Había algo muy interesante en entender esa dimensión más poética, onírica e imaginada del cine. Eso fue precisamente lo que probamos en Romería.
En esta película abrazaste la imaginación como herramienta narrativa. ¿Cómo fue tu relación con ella durante el proceso?
Carla Simón: Tuve que estudiarla para entender cómo funciona. Marina, la protagonista, intenta reconstruir la historia de sus padres a partir de los relatos de otras personas. Pero cuando descubre que las piezas no encajan —porque esa memoria está atravesada por el tabú de la heroína y el sida—, su verdadera catarsis consiste en imaginar una posible historia. Me di cuenta de que la imaginación funciona de manera muy parecida a los sueños. Soñamos con elementos que ya existen en nuestro imaginario, cosas que hemos visto o vivido, y a partir de ellas construimos algo nuevo.
La imaginación es una especie de sueño en vigilia. Por eso, cuando Marina imagina a sus padres, lo hace utilizando elementos que ha recogido durante su viaje: lugares que ha visitado, imágenes que ha grabado, fragmentos de diarios, objetos y relatos familiares. Ella no tiene archivos familiares, no sabe cómo hablaban o se movían sus padres. Entonces, imagina a su madre a través de sí misma y a su padre a través de su primo. Todo ese mundo imaginado está construido con piezas de la realidad. Fue un ejercicio muy interesante.
Mientras otras personas heredan historias, tú heredaste silencios y vacíos. ¿Qué aprendiste del silencio al construir esta película?
Carla Simón: Que hay que romperlo. Cuando existe un silencio es porque hay algo que no se ha colocado bien emocionalmente dentro de la memoria familiar. Convivir con eso es muy duro y doloroso. Las muertes de la generación de mis padres fueron especialmente difíciles. Muchas familias decidieron ocultar ciertas historias o no hablar de ellas. Desde ahí puedo entender el silencio, pero también creo que mi generación tiene la responsabilidad de arrojar un poco de luz sobre esas historias, abrazarlas tal como fueron y aceptarlas con todas sus complejidades, sin juzgar. Ha sido un proceso muy importante entender que, a veces, cuando rompes esos silencios, puedes avanzar y aceptar las cosas tal como son.
Tienes una idea construida de quiénes fueron tus padres a través de todo este proceso. ¿Qué crees que dirían de esta trilogía formada por Verano 1993, Alcarràs y Romería?
Carla Simón: Creo que si vieran Romería probablemente dirían: "Nada de esto fue así". Y tendrían razón, porque esta es mi versión de las cosas. Si ellos contaran su historia, seguramente sería distinta. Y si comparáramos sus versiones entre sí, tampoco coincidirían completamente. La memoria funciona así, pero sí hay una voluntad muy clara, no solo en Romeríasino en mis tres películas, de poner en imágenes una memoria y un legado familiares.
La generación de mis padres ha sido una generación muy castigada. Muchas veces se ha hablado de ellos desde la vergüenza, la culpa o el juicio moral. Y para mí fue una generación fundamental para la transformación de España, para la llegada de nuevos valores y para la apertura del país al mundo. Por eso Romería también es un homenaje a esa generación. Espero que ellos pudieran sentirse orgullosos de eso.
Después de todo este viaje, ¿sigues buscando respuestas?
Carla Simón: No. Después de Romería me siento muy liberada de todas esas preguntas. Sobre todo, estoy en paz con la idea de que no voy a tener una respuesta para todo. Y también entiendo que, incluso si mis padres estuvieran vivos, probablemente tampoco podría fiarme completamente de todo lo que me contaran. La memoria es algo vivo. Está en constante transformación. Creo que aceptar eso me ha dado mucha tranquilidad.

