Poncho es un adolescente que abandona la preparatoria para dedicarse al rap y al freestyle. Cuando su padre lo descubre,lo obliga a trabajar con él repartiendo tanques de gas por la Ciudad de México. Entre rimas, jornadas laborales y una convivencia inesperada, ambos se enfrentan a sus distintas maneras de entender el futuro.
Los días de Poncho compite en la sección de Largometraje Mexicano del 24.º Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), que se celebra del 16 al 25 de octubre de 2026. La ópera prima de Faustino Alanís es una película que observa la adolescencia sin idealizarla, encontrando en dos oficios, el freestyle y la distribución de gas, una vía para explorar la relación entre padres e hijos. Inspirada parcialmente en la experiencia del director de crecer sin su padre, la cinta retrata los silencios que acompañan el crecimiento de su protagonista. Al respecto, Faustino Alanís platicó con Time Out México.
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¿Cómo pasó de cortometraje a largometraje?
Faustino Alanís: La historia comenzó con un guion de diez páginas sobre un hijo y su padre que repartían tanques de gas. Al decidir hacer un largometraje expandimos el guion,incorporamos personajes y desarrollamos el universo del freestyle y el hip-hop. También queríamos demostrar que era posible hacer una película independiente con pocos recursos, grabada en nueve días y apoyados por el equipo que nos prestó la escuela.
¿Qué viste en Axel Shuarma para decirle “tú eres mi Poncho”?
Faustino Alanís: Desde el primer casting supe que él iba a ser Poncho. Hicimos una convocatoria abierta buscando jóvenes que practicaran freestyle; cuando recibí el video de Axel rapeando, descubrí que tenía un universo interior muy interesante. Necesitábamos a alguien que viviera el momento,pues gran parte de la película dependía de la improvisación, de las dinámicas familiares y del freestyle.
¿Por qué elegiste el gas como punto de partida?
Faustino Alanís: Para mí lo más importante es el oficio: tiene que dignificarnos. Mi papá murió joven y era electricista, así que siempre me ha dado curiosidad cómo se transmiten estos trabajos técnicos. La primera imagen de la película fue la de un gasero que le enseñaba a su hijo a conectar correctamente un tanque; de ahí partió la historia y, después, llegó el freestyle.
¿Qué significa llegar a Morelia con tu ópera prima?
Faustino Alanís: Estamos muy contentos, realmente no lo esperábamos. Queremos aprender y descubrir cómo recibe el público la película. Hacemos cine para que la gente lo vea y para evolucionar como cineastas. Me interesa mucho esa reacción, porque creo que varias personas pueden identificarse con esta historia.

