La balada de la isla Tim Key
Foto: Cortesía
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Entrevista con Tim Key por La balada de la isla

El actor y guionista Tim Key nos cuenta cómo una vieja fantasía entre amigos se convirtió en una entrañable comedia británica.

Stivi de Tivi
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El humor británico más peculiar llega al cine con La balada de la isla, una comedia sobre la soledad, la música y las segundas oportunidades. Dirigida por James Griffiths, la cinta sigue a Charles (Tim Key), un excéntrico millonario que vive en una isla remota y decide reunir a su dúo musical favorito, McGwyer y Mortimer, para un concierto privado. Time Out México conversó con Tim Key, quien no sólo protagoniza la película, sino que también coescribió el guión junto a Tom Basden.

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¿Qué opinas de que esta comedia pequeña, que habla sobre la soledad y la nostalgia, haya conectado con el público alrededor del mundo?

Hicimos algo que ha generado reacciones llenas de cariño y conexión humana entre Charles y Herb. Queríamos crear un arco donde dos hombres que no se soportan al principio terminen siendo grandes amigos. Eso sabíamos que debía pasar, pero tuvimos que trabajarlo para que sucediera de forma natural. Vemos a Herb irse ablandando con Charles y dándose cuenta de que lo juzgó mal, lo evaluó demasiado rápido.

Otra cosa que ayuda muchísimo es el genio de Carey Mulligan. Ella aporta mucho al filme. Desde el principio, cuando Herb no soporta a Charles, vemos que todo el cariño y la nobleza de ella salen a flote apenas conoce a Charles. Incluso lo encuentra gracioso, y eso hace que Herb también comience a verlo con otros ojos. Mi parte favorita del filme es cuando los tres se hacen amigos. No sé cómo explicarlo, pero que Nell vea con cariño a Charles le ayuda a Herb a cambiar su perspectiva.

Tú y Tom Basden escribieron el guión. ¿Cómo nació esta idea?

Te voy a contar la verdad. Tom y yo somos amigos desde hace muchos años. De hecho, vivimos juntos en el peor momento económico de nuestras vidas, pero también uno de los más divertidos. Era alrededor de 2006, recién comenzábamos nuestras carreras y nos iba fatal. No teníamos dinero, así que compartimos lo que nos quedaba y nos compramos una cerveza para los dos. Mientras la tomábamos, empezamos a fantasear: “Cuando seamos millonarios, ¿cuál sería la cosa más estúpida en la que gastaríamos nuestro dinero?” Y surgió la idea de contratar a nuestra banda favorita para un concierto privado con solo una persona en la audiencia.

Ahí nació la historia que luego se convirtió en un cortometraje dirigido por James Griffiths, que también empezaba su carrera. Al corto le fue bien en festivales, lo nominaron al BAFTA y, después de eso, cada uno siguió su camino. En 2020, en plena pandemia, los tres nos reencontramos y dijimos: “Imagínate irnos a vivir a esa isla”, y de ahí nació la idea de convertir el corto en un largometraje. Tom y yo escribimos el guión, James lo dirigió y se lo mandamos a Carey. No solo aceptó protagonizarlo, también quiso ser productora. Este año lo presentamos en el Festival de Sundance. ¡Qué gran recorrido!

¿Qué cambió durante estos 18 años, desde la primera vez que empezaste a escribir el guión hasta ahora que se estrena?

Quisimos darle un enfoque diferente al que tuvimos con el cortometraje, pero lo curioso es que nos divertimos tanto en esa época, en 2006, que ese espíritu se coló de algún modo en el guión. Me parece una coincidencia que, cuando reescribimos la historia en 2020, estuviera tan cargada de nostalgia. Los tres estábamos un poco atrapados en el pasado. Y eso se refleja en los personajes, Charles y Herb, que también están estancados emocionalmente, tratando de revivir un momento en el que eran felices, o en el que estaban enamorados.

Creo que, de alguna manera, eso pasa cuando escribes: el estado emocional en el que estás se filtra en la historia. Esta película es profundamente nostálgica. Todos queremos volver al pasado, cuando quizá deberíamos estar mirando hacia adelante.

¿Quién es Charles?

Mi personaje es un bufón, y al principio parece que está loco, pero lo que pasa es que es un incomprendido, como suelen llamarlos. Mucho del humor viene de ahí, de que son dos personas completamente distintas. Eso es lo que lo hace interesante. Imagina a dos personajes como Charles y Herb intentando convivir. Cuando Herb llega a la isla, el último ser humano que querría encontrarse es alguien como Charles. Y eso es divertido, porque Charles es excéntrico, y todo en él representa justo lo que Herb no quiere.

Es como cuando alguien pisa un recogedor y se golpea en la cabeza: no quería que eso pasara, y por eso es gracioso.

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