Anaconda vuelve, pero no como un simple remake ni como un ejercicio de nostalgia fácil. La nueva película dirigida por Tom Gormican toma el recuerdo del clásico de 1997 como punto de partida para construir una comedia de aventura que juega con el meta-cine, el peligro y el humor.
Protagonizada por Jack Black y Paul Rudd, la historia sigue a un grupo de amigos que decide filmar su propia versión de Anaconda. Lo que comienza como un proyecto impulsivo pronto se transforma en una experiencia límite cuando la ficción deja de ser controlable y una anaconda real entra en escena. En ese terreno se mueve Selton Mello, actor y cineasta brasileño que aporta a la historia un personaje entre lo extraño, lo cómico y una seriedad inesperada. Tras The Unbearable Weight of Massive Talent, Gormican vuelve a explorar la mezcla entre comedia, riesgo y reflexión sobre el propio cine.
Conversamos con Gormican y Mello sobre cómo reinterpretar un ícono sin traicionarlo y el reto de sostener un tono que oscila entre la risa y el peligro.
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Creciste con la Anaconda original y se nota. ¿Cómo nace la idea de homenajearla sin hacer un remake, sino algo distinto? ¿Cómo surge ese enfoque?
Tom Gormican: Soy un gran fan de la película original, como tú. Crecimos con ella y, justamente por eso, no queríamos tocar ese material, ni rehacerlo ni reiniciarlo. No tenía sentido volver a contar lo mismo. Mi socio Kevin y yo pensamos entonces en algo diferente: una película sobre cuatro amigos que intentan cumplir un sueño de la infancia, hacer eso que siempre quisieron hacer, rodar su propia versión de Anaconda, y que, en el proceso, terminen atrapados dentro de la trama de la Anaconda original, en peligro real por esta serpiente gigante y mítica. Para nosotros era una idea muy divertida. Es una forma de “disfrazar” la comedia: poner a la gente en situaciones extremas y ver lo poco preparados que están. Ahí hay algo muy gracioso.
El elenco es grandioso: Jack Black, Paul Rudd, Thandiwe Newton y Selton Mello. En particular, ¿qué aportó Selton a la historia que la hizo crecer o cambiar?
Tom Gormican: En el caso de Selton, nunca habíamos trabajado juntos y no lo conocía tan bien. No sabía cómo iba a encajar con Jack y Paul, pero llegó todos los días con ideas increíbles para su personaje. Aportó una autenticidad muy real: se tomó el personaje con muchísima seriedad y, al mismo tiempo, tenía ideas muy divertidas. Muchas de ellas terminaron en la película. Además, Jack y Paul fueron súper receptivos, así que se creó un ambiente creativo muy abierto, muy cómodo para jugar y arriesgar.
Selton, has trabajado en producciones de distintos países y escalas. ¿Qué fue distinto de esta experiencia dentro de una producción de Hollywood?
Selton Mello: En esencia es similar, pero la gran diferencia es la escala: todo es gigantesco. Aun así, me sentí muy bienvenido por todo el equipo desde el primer día. Jack y Paul son personas muy queridas, muy generosas, y eso contagia al resto. Yo me sentí muy inspirado para hacer lo mío. Además, mi personaje es fantástico: es gracioso, pero también raro, un poco excéntrico. Es exactamente el tipo de personaje que me encanta interpretar. La experiencia completa fue increíble. Me encantó todo.
Suelen decir que en cada rodaje hay que luchar contra “monstruos internos”. ¿Cuál fue el tuyo en esta película?
Tom Gormican: Para mí, el gran reto fue combinar los géneros y lograr que el tono se mantuviera consistente. En narrativa eso es muy difícil: pasar de escenas donde los personajes están en peligro real, donde podrían morir, a escenas donde el público se está riendo.
Selton Mello: El desafío fue lograr coherencia entre todos los departamentos: el score, los puentes entre escenas, la producción, el rodaje. Que todo se sintiera parte de una misma película. Y, a nivel personal, creo que el monstruo interno contra el que uno pelea casi todos los días es el autosabotaje. Es un monstruo terrible, pero muy real.
Para cerrar: en esta versión, ¿qué representa la anaconda? ¿Miedo, naturaleza, ego?
Tom Gormican: Creo que todos tenemos algo que nos da miedo hacer. Todos tenemos un sueño que queremos cumplir y que, al mismo tiempo, sentimos peligroso. Si hablamos de lo que la serpiente representa narrativamente, para mí simboliza justo eso: ese sueño que parece demasiado grande, demasiado arriesgado, pero que aun así no puedes dejar de perseguir. Es lo que enfrentan tanto los personajes de la historia como nosotros al contarla.
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