Pocos cineastas han transformado el cine contemporáneo como James Cameron. Director de clásicos como The Terminator y Titanic, su carrera ha estado marcada por la innovación técnica y una ambición constante por llevar el lenguaje cinematográfico más allá. Esa búsqueda encontró su proyecto más personal en Avatar, una saga que desde su estreno en 2009 redefinió el 3D, la captura de movimiento y los efectos visuales, convirtiéndose en un fenómeno global que Cameron consolidó con Avatar: The Way of Water.
Pero Avatar es más que espectacularidad, es una reflexión sobre colonización, identidad y la relación entre la humanidad y la naturaleza. Avatar: fuego y cenizas expande el universo de Pandora con la llegada de un nuevo clan Na’vi ligado al fuego, cuya visión cuestiona la idea de una armonía absoluta. Jake Sully y su familia se enfrentan ahora a un conflicto más oscuro donde las divisiones dentro de Pandora y las consecuencias de la guerra son tan peligrosas como la amenaza humana.
Conversamos con James Cameron sobre su carrera, los desafíos técnicos detrás de Avatar y la visión que ha sostenido una de las franquicias más influyentes del cine contemporáneo.
Te puede interesar: Guillermo del Toro sobre Frankenstein: Mi cine habla de esa carencia en la niñez
Del universo de Avatar, esta es la película más emocional. ¿Qué te inspiró y qué te retó a contar esta historia?
Llevamos tiempo preparando el terreno. En la primera película construimos el mundo y una historia de amor simple, porque todo era nuevo. En la segunda expandimos ese universo y lo volvimos más complejo, con nuevos personajes y culturas.
En esta tercera entrega damos otro salto, sobre todo después de un evento clave: la muerte del hijo mayor. Sentí que era fundamental anclar una película tan visualmente fantástica en emociones humanas reales como el duelo, la pérdida y el trauma.
El duelo no suele tratarse con profundidad en el cine comercial. ¿Era una postura consciente?
Totalmente. Muchas películas usan la muerte solo como un pretexto para la violencia. Yo no creo que eso sea honesto. He vivido pérdidas personales en los últimos diez años y el duelo no desaparece de golpe. No es un botón que te empuja automáticamente a la venganza. Neytiri entra en un lugar muy oscuro. Vive desde el odio y eso incluso la vuelve racista. Su viaje consiste en salir de ahí, en volver a ver a los demás por sus valores y por lo que llevan dentro. Después de dos películas construyendo el mundo, esta era la oportunidad de profundizar de verdad en los personajes.
También has defendido mucho el trabajo actoral en Avatar, que suele subestimarse.
Sí, y es porque la gente no entiende el proceso. Durante años lo oculté para no romper la magia, pero eso terminó siendo injusto para los actores.
Aún hoy se dice que Sigourney Weaver “prestó su voz” a Kiri. No es cierto. Ella interpretó a ese personaje durante 18 meses. Para ponerlo en perspectiva, Titanic se filmó en seis meses. Esto no es doblaje, es actuación completa. Ensayamos todos los días. Hablamos de las escenas, las exploramos, jugamos con ellas. No hago storyboards ni previsualizaciones. Dejo que los actores encuentren la escena. Es un proceso muy libre y totalmente centrado en la interpretación.
Pandora sigue siendo uno de los mundos más detallados del cine. ¿Qué te obsesiona de sus ecosistemas?
Queríamos que funcionara como un ecosistema real, con reglas claras. Nos inspiramos en la naturaleza de nuestro planeta. Por ejemplo, cuando decidimos que los Na’vi fueran azules, pensamos que el bosque debía ser azul verdoso para camuflaje. Lo probamos y se veía apagado. Entonces entendimos algo simple: para el público humano, el verde significa vida. El bosque tenía que ser verde. Todo está en los patrones.
Avatar es una de las franquicias más caras del cine. ¿Cómo justificas ese riesgo?
Es un modelo de negocio absurdo, no lo voy a negar. Para que funcione, la película tiene que estar entre las más taquilleras de la historia. Pero gastar dinero también significa crear empleos. Esta película tiene 3,800 nombres en los créditos. Además, Avatar está hecha para el cine: para ser espectacular, inmersiva. Eso cuesta dinero. Por eso buscamos estrenar en Navidad, porque funciona de manera estratégica y emocional. Son películas sobre la familia y el corazón. Experiencias que se viven en grupo, entre generaciones.
No te pierdas: Leonardo DiCaprio habla de Una batalla tras otra de Paul Thomas Anderson

