Fátima Molina y Alejandro Zuno
Cortesía | No tengo miedo Netflix
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El lado oscuro de México 86: Fátima Molina se sincera sobre "No tengo miedo"

La actriz y el director Alejandro Zuno revelan cómo transformaron un thriller italiano en un retrato de la pérdida de la inocencia en México

Stivi de Tivi
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A lo largo de los años, Ernesto Contreras ha contado historias profundamente humanas en proyectos como Las oscuras primaveras, Cosas imposibles y Párpados azules; ahora lo hace en No tengo miedo, siempre acompañado por intérpretes con los que ha construido relaciones creativas que trascienden una sola película. Fátima Molina es uno de esos casos: después de trabajar juntos en Sueño en otro idioma, su carrera siguió creciendo con producciones como Diablero, ¿Quién mató a Sara? y Luis Miguel, la serie, consolidándose como una de las actrices más sólidas de su generación.

Del otro lado está Alejandro Zuno, quien pasó de ser primer asistente de dirección de Contreras a convertirse en un cineasta con voz propia gracias a trabajos como Oasis, Tengo que morir todas las noches y El secreto del río. Hoy, los tres vuelven a encontrarse para contar una nueva historia.

No tengo miedo, recién estrenada en Netflix este 8 de julio (y adaptación de la reconocida novela homónima de Niccolò Ammaniti), nos lleva al Veracruz rural de 1986, mientras el país entero vive la euforia del Mundial de futbol. Ahí conocemos a Miguel, un niño que descubre a otro menor secuestrado; con ese hallazgo, comienza a derrumbarse la idea que tenía del mundo adulto. Filmada en locaciones naturales y con un elenco encabezado por Fátima Molina, Luis Alberti, Humberto Busto, Yoshira Escárrega y los jóvenes Aldo González y Regina Graniewicz, la miniserie utiliza el suspenso para hablar de la infancia, los secretos familiares y las decisiones que marcan una vida para siempre.

Con motivo de este estreno, Time Out México platicó con la actriz Fátima Molina y el director Alejandro Zuno.

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Uno de los temas de No tengo miedo es cómo una sola persona puede cambiarte para siempre. En su caso, ¿qué huella dejó Ernesto Contreras que hoy sigue presente cada vez que actúan, dirigen o entran a un set?

Fátima Molina: Trabajar con Ernesto marcó un antes y un después en mi aprendizaje. Tiene una enorme generosidad y una claridad para dirigir que me cambió muchas cosas. Hoy siento que llevo parte de sus enseñanzas conmigo. Siempre digo, en el mejor sentido, que parece que sigo tomando clases... solo que ahora me las pagan.

Alejandro Zuno: Conocí a Ernesto cuando hice mi examen para entrar al CUEC. Después fue mi asesor de tesis y más tarde me invitó a trabajar con él. Aprendí muchísimo porque me involucraba también en las decisiones creativas. Es alguien que te impulsa y, cuando siente que estás listo, simplemente te empuja a dar el siguiente paso. Para mí sigue siendo un maestro y una guía.

Fátima Molina y Alejandro Zuno
CortesíaNo tengo miedo Netflix

La novela ocurre en la Italia de finales de los setenta, pero ustedes trasladan la historia al México del Mundial de 1986. Mientras un país entero celebra, un pequeño pueblo vive una tragedia. ¿En qué momento entendieron que ese contraste era el contexto ideal y qué les permitía decir sobre México que la obra original no podía?

Alejandro Zuno: Cuando adaptamos la historia pensamos primero en respetar la época original, pero luego surgió la idea de México 86 precisamente por esa dualidad: un país viviendo un momento de euforia mientras, al mismo tiempo, existe una crisis humana, pobreza y precariedad. Los niños siguen ilusionados con el futbol mientras su madre está preocupada porque no hay qué comer. Ese contraste nos parecía profundamente mexicano.

He notado que en proyectos como Sueño en otro idioma, Diablero y ahora No tengo miedo, vuelves una y otra vez a historias donde los personajes cargan secretos y el propio paisaje parece esconderlos. ¿Qué encuentras en ese tipo de relatos que te hace regresar a ellos?

Fátima Molina: Me siento muy afortunada de trabajar con directores que realmente dirigen actores. Me gusta contar historias que ponen temas importantes sobre la mesa. Sí son entretenimiento, pero también invitan a reflexionar. Creo que la bondad y la maldad conviven en todos nosotros, y la serie nos pregunta qué estamos haciendo los adultos para proteger a la infancia. Esas son las historias que me llenan el corazón.

A simple vista, No tengo miedo parece un thriller sobre un secuestro, pero en realidad habla del momento en que un niño descubre que el primer monstruo de su vida puede ser un adulto en quien confiaba. ¿Desde el principio tuvieron claro que la pérdida de la inocencia era el verdadero corazón de la historia?

Alejandro Zuno: Sí, siempre estuvo claro. Leí la novela de Ammaniti varias veces y descubrí que la pérdida de la inocencia es un tema recurrente en toda su obra. Pero hay algo que me gusta mucho: sí, pierdes la inocencia cuando descubres que existe la maldad, pero no pierdes la luminosidad. No pierdes la capacidad de amar ni de enfrentar esa oscuridad desde el amor y la amistad. Creo que eso es justamente lo que refleja la serie.

El hoyo donde aparece Felipe parece más una metáfora que un escenario; es como si el pueblo hubiera enterrado ahí su conciencia. ¿Desde el principio hablaron de ese simbolismo?

Alejandro Zuno: Algo que aprendí de Ernesto Contreras es buscar una 'imagen ancla'. En No tengo miedo fue ese plano donde Miguel mira hacia el hoyo con la luz detrás y Felipe cree que está viendo a un ángel. Esa imagen resume toda la historia: un niño luminoso que está a punto de descubrir el lado más oscuro de los seres humanos.

Fátima Molina y Alejandro Zuno
CortesíaNo tengo miedo Netflix

En la mayoría de las historias la maternidad representa un refugio, pero aquí también está atravesada por el miedo. ¿Cómo construiste a una madre que intenta proteger a sus hijos mientras vive atrapada en una realidad que la rebasa?

Fátima Molina: Muchas veces los adultos insistimos en pensar que los niños no entienden. Pero sí entienden. Perciben cuando algo está mal, son profundamente sensibles. Tal vez no comprendan todos los detalles, pero sienten perfectamente lo que ocurre a su alrededor. Esa idea me acompañó durante todo el proceso. Yo no soy madre, pero sigo muy conectada con mi infancia y con las mujeres de mi familia. Ver a mi madre, a mi abuela y a mis tías enfrentar situaciones muy difíciles me ayudó a construir a Teresa desde un lugar muy humano.

Miguel observa mucho antes de entender. En la serie los niños nunca se sienten infantilizados. ¿Cómo fue dirigirlos para que transmitieran esa mirada tan honesta sobre el mundo adulto?

Alejandro Zuno: Lo primero fue dejar atrás el adultocentrismo. Nunca partimos de la idea de que los niños no iban a entender. Son increíblemente inteligentes y tienen un mundo interior enorme. Nuestro trabajo fue crear un espacio de juego donde pudieran explorar sus emociones con libertad.

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