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Esto no es porno

Siete películas que demuestran que Lars von Trier no es el primero en convertir el sexo explícito en cine de culto

Foto: Time Out Barcelona
Rocco Siffredi en Anatomie de l'enfer
La primera parte del díptico del director danés Lars von Trier, Ninfomanía vol. 1, se exhibe en la 56 Muestra Internacional de Cine. En la película hay de todo: bondage, sado, pederastia y muchas partes impúdicas a la vista. Pero, ¿les parece que es pornografía? A nosotros no. Lo que hizo Von Trier forma parte de una larga tradición de obras maestras que han hecho temblar el pulso de los más puritanos. Aquí tienen un breve repaso de siete momentos esenciales de este género de largo recorrido que año tras año ha sacado lo peor de los más moralistas. Aviso: no apto para timoratos ni para personas de risa fácil.
El huevo a la japonesa

El huevo a la japonesa

El clítoris gutural de Linda Lovelace no fue el único milagro anatómico de la década de los setenta. En Japón, Nagisa Oshima rodó In the Realm of the Senses, una tragedia sexual con sado selvático donde un señor introdujo un huevo de corral recién escaldado por un agujero de su mujer que no me atrevo a nombrar, delante de la cámara. La pobre, al ver desaparecer tan delicioso alimento útero arriba, se agachó entre sollozos y, haciendo fuerza, expulsó el huevo, como una gallina ponedora.

Sexo en Nueva York

Sexo en Nueva York

Esto no tiene nada que ver con Sarah Jessica Parker. Ella ni siquiera se quitaba el brasier cuando hacía el amor. Hablo de Joe Dallessandro y su miembro, un referente de los años de la Factory desde que Paul Morrissey le dedicó no una película, sino una trilogía, donde este pupilo de miembro colgante era un chichifo yonqui que hacía esquinas por el East Side. Mítica la escena de la primera parte, Flesh, en la que el muy generoso se dejaba tocar por una especie de Matusalén con gafas de pasta.

Trío con De Niro

Trío con De Niro

Bertolucci se ganó la reputación de escandaloso por culpa de El último tango en París. Cuatro años más tarde todavía fue más lejos: en Novecento una prostituta epiléptica masturbaba a Robert De Niro y Gérard Depardieu, una mano en cada lado, sin una triste sábana que tapara el espectáculo.

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Así acabó Jean-Pierre Léaud

Así acabó Jean-Pierre Léaud

Pocos saben que aquel niño que corría por la playa al final de Los cuatrocientos golpes, el Antoine Doinel de las películas de Truffaut, Jean-Pierre Léaud, acabó como acabó: interpretando a un director porno en horas bajas, con el pelo grasiento como una pierna de cerdo y demasiado teñido de negro. El filme era obra de Bertrand Bonello. Se llamaba Le pornographe, y una parte sensiblemente elevada del casting eran profesionales de la industria pornográfica. Como los dos de la imagen.

Rocco descarga

Rocco descarga

No es que el pene descomunal de Rocco Siffredi sea una novedad para nadie. A pesar de esto, a más de uno se le removieron las tripas cuando Anatomie de l'Enfer, de Catherine Breillat, lo mostró en todo su esplendor, pantalla completa, en la sección oficial del Festival Internacional de Cine de Berlín.

De monjas y demonios

De monjas y demonios

Si alguien se siente ofendido por la vagina sangrante de Charlotte Gainsbourg que augura la segunda parte de Ninfomanía, aquí van dos momentos tan clásicos como desagradables: aquella mezcla salvaje de Saló, o los 120 días de Sodoma, de Pasolini, y la estampa de Vanessa Redgrave jorobada, con las faldas del hábito arremangadas, montando un cirio dorado durante la orgía sacrosanta de The Devils, de Ken Russell.

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Los de la bañera

Los de la bañera

Para que no se diga, acabaremos un poco románticos, gracias a Michael Winterbottom y la escena de coito acuático de 9 songs, una historia de amor que, como todas las que vale la pena disfrutar, tenía sus subidas de temperatura. Al final, el sexo es parte de la vida, y la vida parte del cine. Entonces, ¿a qué viene tanto escándalo?

Comentarios

1 comments

Está mal si las quiero ver todas? jajaj