Primate Johannes Roberts
Foto: Cortesía
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Primate: una película sobre cuando el miedo nace de una mala decisión

Primateconvierte unas vacaciones en una pesadilla y usa el horror para hablar de violencia, negación y pérdida de control.

Stivi de Tivi
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Johannes Roberts ha construido su filmografía alrededor de una misma inquietud: qué ocurre cuando el control desaparece. Desde 47 Meters Down hasta The Strangers: Prey at Night, su cine coloca a personas comunes en situaciones límite, donde la lógica se rompe y el miedo surge no solo del monstruo, sino del instante en que los personajes entienden que ya no tienen el mando de la situación. Su nueva película, Primate, lleva esa idea a un terreno todavía más incómodo. Lo que inicia como unas vacaciones tropicales se transforma en una pesadilla cuando un chimpancé llamado Ben se vuelve impredecible y letal. Muy pronto queda claro que no se trata únicamente de un animal fuera de control, sino de una historia sobre decisiones desesperadas, negación y violencia.

Conversamos con Johannes Roberts sobre el miedo, la brutalidad, la incomodidad moral y por qué, a veces, lo más aterrador en pantalla no es la criatura… sino nosotros mismos.

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Algo que me encantó al ver la película es que el público gritaba: “¡No hagas eso! ¡No vayas por ahí!”. ¿Qué piensas tú sobre los personajes que toman decisiones estúpidas en las películas?

Es gracioso. He hecho ya dos o tres películas similares, en el sentido de poner a personas en situaciones extremas de las que tienen que salir, y eso hace que la audiencia piense junto con los personajes. Las películas de 47 Meters Down funcionan igual: la gente se enoja y grita “¡vete por aquí!, ¡vete por allá!”. Pero es realista. ¿Me estás diciendo que la gente no piensa de forma estúpida? El mundo está lleno de eso. Todos creen que su decisión es la correcta. Basta mirar el mundo para ver que cada uno piensa que tiene la razón. A mí me gusta que la gente se enoje; no me molesta en absoluto. Eso es parte de la experiencia y es lo que la hace tan divertida.

Primate Johannes Roberts
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¿Quién es Ben el chimpancé para ti: un monstruo, una víctima o algo intermedio?

Definitivamente es una víctima que se convierte en un monstruo. Hay una tragedia ahí, pero cuando empieza su descenso aparece una malicia oscura, casi sin sentido incluso para él.

Miguel fue increíble tomando la actuación de Ben y llevándola a otro nivel. Hay algo muy tipo Freddy Krueger en él: disfruta matar y, para ese punto, cualquier tragedia personal ya quedó atrás.

¿Y cómo fue trabajar con Miguel, el actor que interpreta a Ben? A ratos uno se olvida de que es un actor; para mí, era Ben.

Fue maravilloso. Lo adoro, me encanta trabajar con él. Ya había hecho mucho trabajo práctico antes, así que teníamos una especie de lenguaje común para trabajar en condiciones tan intensas. Lo más importante es que todo partía del corazón. Él realmente creía que era un chimpancé. Para esta película, él era un chimpancé.

Y eso se contagió a todo el equipo: el miedo, la crueldad, la comedia, el amor… todo estaba ahí. Así se creó el corazón y el alma de la película. Esto nunca habría funcionado solo con efectos digitales; habría sido una película vacía. Estoy muy agradecido de que no sea solo espectáculo visual.

Las muertes aquí son brutales e inolvidables. ¿Cómo se diseñan? ¿Cómo haces que sean únicas?

Todo empieza por crear bien a tu villano. A partir de ahí nace el mundo. Una escena como la del cuarto rojo podría haber sido solo una muerte más, pero lo que la vuelve perturbadora es cómo él la disfruta. La tensión se construye lentamente, durante mucho tiempo.

El personaje de Drew, interpretado por Charlie, está completamente despistado y luego indefenso, sin darse cuenta de lo que le espera. Cuando el mundo que has creado se siente real y todos creen en él, el público te sigue. Todo se vuelve más horrible y, mientras más empujas los límites, mejor funciona.

Hubo momentos en los que odiaba a Ben, pero también sentía compasión. Quería abrazarlo… aunque sabía que quería matarme. ¿Cómo juegas con esa contradicción?

Esa fue una de las partes más divertidas. Jugar con la imprevisibilidad de la enfermedad, con su inteligencia, con su pasado. Es increíble cómo, incluso después de todo lo que hace, puedes volver a verlo como alguien amoroso y pensar: “¿Está bien?”. Y al mismo tiempo sabes que no lo está.

Primate Johannes Roberts
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Hoy el público es mucho más sensible a la violencia contra animales. Yo tengo gatos y perros, los amo. Al principio no estaba seguro de que pudiera disfrutar la película, pero lo lograste: me olvidé de eso y entré por completo en la historia. ¿Cómo se consigue eso?

La película te está diciendo desde el inicio: entra en mi mundo. Este es un mundo cinematográfico. Te voy a llevar de la mano durante una hora y media. No te pido juicios ni prejuicios: deja tu mundo afuera y confía en mí. Yo te llevo en este viaje.

Es como alguien que muere por llevarte a un tren fantasma, como un hermano mayor diciéndole a su hermana menor: “Ven, quiero asustarte”. Lo que la película te pide es algo muy puro, casi inocente. Solo quiere asustarte y que te diviertas. Si te dejas llevar, durante esa hora y media, la vas a pasar increíble.

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