La producción Lobo, Morir Matando de Telemundo Studios arranca planteando un mundo donde la violencia es un evento aislado y el contexto. Ahí conocemos a Antonia Lazo, una agente que no solo persigue criminales, intenta sostener algo mucho más frágil: la idea de justicia. Entre persecuciones, decisiones al límite y una niña que lo cambia todo, la serie avanza como un thriller, pero en el fondo es una historia sobre en quién decides convertirte cuando todo a tu alrededor está roto.
Y justo ahí entra Fátima Molina. Su versión de Antonia no es una heroína de pose; es una mujer que carga con el peso de hacer lo correcto en un sistema que no siempre responde. Hay fuerza en ella, pero también contención, dudas y una profunda sensibilidad. Es el tipo de personaje que no trata de caer bien, busca ser verdadero y eso, en una producción de acción, se siente distinto.
Time Out México conversó con Fátima para entender que esa verdad en pantalla no es casualidad. Su carrera ha sido todo menos lineal: ha pasado desde proyectos íntimos en el cine independiente como Sueño en otro idioma, hasta producciones masivas como Te acuerdas de mí.
Cuando leíste el guion de Lobo, Morir Matando por primera vez, ¿qué sentiste? ¿Hubo algo que te incomodara?
Para ser muy honesta, lo que más me gustó es que en esta historia los buenos son los policías, los héroes, y que ya no estamos regresando al formato donde los villanos son los protagonistas. Me atrapó muchísimo porque estamos viviendo momentos críticos en los que se ha perdido la ilusión de salir a la calle y sentirse protegido; de creer que, pase lo que pase, habrá justicia. Antonia representa la justicia tanto en su vida como en su trabajo. Los protagonistas son héroes que buscan esa justicia y algo en mí se activó al pensar que mucha gente, al verla día a día, podrá reconectar con esa idea.
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¿Cómo eliges tus proyectos?
Hoy me siento afortunada de poder elegir, y creo que tiene mucho que ver con leer las historias cuando te lo permiten y pensar: "Este es un personaje que no he hecho en mi carrera y que me encantaría probar". También influye mucho el director o directora, cuando hay un deseo genuino de trabajar juntos. Hay proyectos que se planean, otros que coinciden en un momento en el que no estás trabajando y algunos más en los que ha habido cierta insistencia de: "Confía, te prometo que será algo importante", aunque no tengas toda la información de antemano.
Antonia vive en un entorno donde la violencia es cotidiana. ¿Cómo proteges tu sensibilidad como actriz?
Tiene mucho que ver con la concentración. Desde tus primeras clases de actuación trabajas en eso, aunque a muchos les parezca aburrido porque quieren entrar directo a la ficción. Hoy lo confirmo cada vez más: necesitas concentración tanto dentro como fuera del set. Adentro porque pasan millones de cosas; tú ves a dos o tres actores en escena, pero en realidad hay cincuenta personas moviéndose a tu alrededor —el de sonido, las cámaras—, todo ocurre al mismo tiempo. Necesitas enfocarte por completo. Afuera del set también es crucial, cada proyecto requiere su propia concentración y personalidad. Habrá actores que hagan rituales; en mi caso, me vuelvo muy disciplinada. Por ejemplo, en este tipo de proyectos me duermo a las nueve de la noche porque tengo una cantidad enorme de escenas que estudiar. Mi concentración me acompaña a todas partes. Se vuelve un pequeño sacrificio porque dejo de tener tanta vida social mientras grabo; me enfoco mucho en mi espacio, en mi casa y en mi trabajo.
¿Hubo algún momento en tu carrera en el que dudaste si este camino era para ti?
Sí, varias veces. Creo que la mayoría de los actores y actrices pasamos por baches emocionales y mentales en este medio. Recuerdo una vez, cuando era muy chica, que ya estaba a punto de regresarme a Guadalajara. No podía mantenerme, ya no podía pagar ni un taxi para ir a los castings. Todo cuesta: moverte, comer, la renta. Además, tenía a mi familia diciéndome: "Ya regrésate, deja de sufrir allá, aquí puedes tener estabilidad". Eso te abruma muchísimo. Justo en ese momento apareció un casting. Recuerdo perfecto que mi mánager de entonces me escribió por Twitter y me preguntó: "¿Quieres hacer un casting?". Yo estaba desesperada, pero con una idea muy clara: solo necesito una oportunidad, de lo demás me encargo yo. Me quedé en ese proyecto y a partir de ahí no he dejado de trabajar. Fue un momento decisivo, porque estaba a punto de dejarlo todo después de tres años de intentarlo. Pueden sonar a pocos, pero cuando estás batallando, es muchísimo tiempo.
La serie habla de lealtad. ¿Qué tipo de traición es más devastadora: la del enemigo o la del amor?
Siempre será mucho más devastadora la del amor, la de la gente que tú amas y quieres, porque no te la esperas. Es infinitamente más doloroso. La traición de alguien que no conoces o que no te importa puede ser fea, pero la superas rápido; arreglas lo que tengas que arreglar y sigues. Pero en el otro caso, el golpe emocional es durísimo.

