Andrés Kaiser presenta Feral, su ópera prima
Foto: Cortesía Andrés Kaiser

Feral, la ópera prima de Andrés Kaiser

Platicamos con el director mexicano sobre su debut con esta cinta de terror que mezcla el falso documental y el metraje

Gil Camargo
Escrito por
Gil Camargo
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Después de realizar Frank El Indomable, un corto de 2016, Andrés Kaiser hizo su debut como director de largometraje con Feral, en la que se apoya del falso documental para crear un ambiente de terror —perfecto para los amantes del género— y llevarte por la historia de unos niños ferales (se criaron fuera de la sociedad y crecieron en un ambiente salvaje).

Nominada a Mejores efectos especiales en los Premios Ariel, ganadora a Mejor director en el Festival Feratum, y a Mejor película en el Festival de los Cabos 2018, buscamos al director para que nos contara más sobre esta terrorífica historia

¿De dónde nació la idea de Feral?
La inspiración vino de múltiples fuentes; las películas VHS que mi papá grababa y añadía a su colección; los libros de horror infantil que leí de niño; y por supuesto de toda la tradición católica que viví, que más tarde me llamó la atención en varios niveles: estético, plástico y narrativo. No podría dejar de pensar en ello. Todo lo que escribía tenía que ver con eso. Pero fue hasta que conocí a Vicente Leñero y escuché la historia del Monasterio de Santa María de la Resurrección, que Feral comenzó a tomar forma.   

Sobre la investigación de niños ferales que hiciste, ¿cuál fue tu historia favorita?
Los niños ferales son extraordinariamente interesantes. Guardan de manera celosa el enigma sobre qué es lo que nos hace ser humanos, si es que acaso existe tal cosa. Un día caminaba por las calles de Santa María la Ribera en la Ciudad de México cuando me encontré con una librería de viejo. Al entrar, pregunté si tenían algún libro sobre niños salvajes, pero que no fuera Tarzán o el Libro de la selva. El librero de ese entonces me dio el libro de Jean Itard, un médico francés que escribió el primer ensayo antropológico de un niño salvaje. Su prosa es extremadamente sencilla, bien escrita, y narra su frustrante historia cuando se decidió por reformar a Victor, un niño encontrado en los bosques de Francia y quien no poseía el lenguaje humano. En realidad es la historia de un fracaso, de un intento cargado de buenas intenciones que termina por toparse con la realidad. Después investigué muchos otros casos, pero sin duda, el de Víctor siempre me pareció el más interesante. 

¿En qué momento del proceso creativo decidiste que fuera un falso documental?
Fue al ver una convocatoria de documental. Ofrecían $200,000 pesos para realizar un documental de 50 minutos y en ese momento pensé: “en realidad no tengo una historia documental, pero podría crear una”. Ese fue el momento en que la película realmente tomó forma. Al final, nunca participé en la convocatoria, porque el proyecto fue creciendo en la medida que lo platicaba con alguien más, y cada vez era más ambicioso. A tal grado que me tomaría cinco años más filmarlo.    

¿Crees que hubieses logrado el mismo resultado sin recurrir al falso documental?
No. Hubiera sido una película totalmente distinta. Las preocupaciones dramáticas y estéticas estarían enfocadas de otra manera y eso terminaría por modificar la historia. No sé si hubiese sido una mejor o peor película, pero lo de lo que sí estoy seguro es que el resultado sería completamente diferente.

El talento infantil lo hace increíble, ¿cómo trabajaste con ellos? ¿Cómo te sentiste al trabajar con niños en una película de terror?
Fueron extremadamente importantes para el éxito de la película. Si estos no funcionaban, se desmoronaría por completo. Así que invertimos mucha energía en contar con el casting adecuado. Conseguimos dos directoras de casting infantil, Daniela y Margarita Mandoki, y también incorporamos a Jaime Razzo, un extraordinario maestro de butoh, una danza japonesa muy fuerte, muy tirada a la tierra y entre todos buscamos a estos niños. La búsqueda comenzó en El Faro de Iztapalapa, los sábados hicimos un taller al que asistieron una gran cantidad de niños. Fue un año de estar los fines de semana, hasta que llegamos a los tres niños finales: Farid, Kari y Erick. Después de eso, los sometimos a un año de taller con Jaime, un taller de expresión corporal para que pudieran conectarse con su yo profundo. Para mí, trabajar con ellos fue una de las experiencias más bonitas de la película y sin duda alguna me gustaría volverlo a hacer.

¿Qué fue lo que más disfrutaste de filmar esta cinta?
Toda la filmación fue un deleite, estaba rodeado de gente muy talentosa que en todo momento ayudó a moldear la película. Pero sin duda, una de las cosas que más disfruté —y creo que todos los que participaron el la filmación lo hicieron como yo— fue el hecho de filmar en la montaña. Estar completamente rodeado de un bosque de niebla, con árboles de 30 metros de altura y ríos cristalinos. Fue una experiencia maravillosa. Eso ayudó a que todos estuviéramos siempre en un estado de concentración ideal.

¿Cuáles son tus películas mexicanas de terror?
Si las acotara a cinco me quedaría con las clásicas: Veneno para las hadas, El extraño hijo del Sheriff, El Santo contra Los Monstruos, La mansión de la locura y Misterios de ultratumba.

Recomendado: Las 15 mejores películas mexicanas de terror.

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