Fernando Eimbcke lleva veinte años contando historias sobre personajes comunes. En películas como Temporada de patos, Lake Tahoe y Olmo, su cine ha retratado a adolescentes que buscan su lugar, familias que atraviesan cambios y personas que intentan conectar. Su mirada suele fijarse en esos pequeños momentos que parecen simples, pero que terminan cambiando una vida.
Ahora regresa a la dirección con Moscas. La película sigue a Olga, una mujer que vive sola y decide rentar una habitación a un hombre cuya esposa está hospitalizada. Todo cambia cuando descubre que también está ahí Christian, un niño que, poco a poco, empieza a derribar las barreras que ella ha levantado durante años. La cinta está protagonizada por Teresa Sánchez y ambientada en el multifamiliar CUPA de la Ciudad de México. Time Out México conversó con el realizador sobre su nuevo trabajo, una obra que habla de la soledad, de la incomodidad de dejar entrar a alguien en tu vida y de los encuentros que terminan transformándonos.
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Leí que la semilla de esta película nació hace más de veinte años y nunca se perdió. ¿Qué tenía esta historia que ni el tiempo ni otros proyectos lograron sacártela de la cabeza?
Fernando Eimbcke: Recuerdo perfecto estar en el tráfico, en Avenida Coyoacán, cuando vi un letrero que decía: “Se rentan habitaciones para parientes de pacientes”. Inmediatamente pensé: ¿cómo lidia alguien con rentar un cuarto a una persona que está atravesando algo tan doloroso? Ahí estaba el conflicto. Escribí una primera versión en dos días para un proyecto de televisión; después quedó guardada durante años, hasta que la encontré por accidente limpiando mi computadora. La releí y pensé: “Esto sigue siendo muy potente”.
Junto con Vanessa Garnica empezamos a profundizar en los personajes. El arco ya existía; lo que faltaba era entrar en la intimidad de Olga, de Christian y de la relación con su padre. La película habla de algo muy sencillo: abrirte a otras personas.
Tus películas suelen regresar a los niños y a los adolescentes. ¿Qué entienden ellos sobre la vida que los adultos olvidamos?
Fernando Eimbcke: Los adolescentes aceptan que les falta algo. De ahí viene la palabra: adolecen. Los adultos fingimos que ya resolvimos nuestras dudas y nuestras crisis, pero eso es una fantasía.
Con Moscas descubrí, además, que dirigir a un niño no tiene nada que ver con dirigir a un adolescente. Un niño no piensa en diálogos; piensa en acciones. Nosotros habíamos escrito conversaciones que nos parecían hermosas y, al llegar al rodaje, entendimos que no funcionaban. Hubo que quitarlas y reemplazarlas por acciones. Eso cambió la película. Por eso me gusta tanto Moscas, porque está contada más a través de lo que hacen los personajes que de lo que dicen.
Pasaste diez años sin dirigir un largometraje. ¿Qué aprendiste en ese silencio?
Fernando Eimbcke: Aprendí a escribir. En la escuela de cine aprendí muchas cosas, pero no realmente a construir guiones de largometraje. Durante esos años escribí muchísimo, estudié técnica de escritura y vi una enorme cantidad de películas. Viví en Alemania y pasaba horas en las bibliotecas viendo cine, tomando notas y formándome otra vez como director y dramaturgo. En su momento fue frustrante porque sentía que no estaba filmando, pero ahora entiendo que fue un periodo fundamental. Me permitió convertirme en un mejor escritor y regresar al cine con herramientas que antes no tenía.

