Guillermo del Toro Frankenstein
Foto: Jazmin Hernandez | Frankenstein CDMX Premier 2025 Cr Jazmin Hernandez/Netflix © 2025
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Guillermo del Toro sobre Frankenstein: Mi cine habla de esa carencia en la niñez

Del Toro comparte cómo convirtió el clásico de Mary Shelley en un relato íntimo sobre el afecto perdido y la infancia herida.

Stivi de Tivi
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Guillermo del Toro es uno de los grandes arquitectos de la imaginación en el cine contemporáneo. Su obra transita entre lo fantástico y lo profundamente humano, donde lo monstruoso no es aquello que aterra, sino aquello que siente. Desde Cronos hasta El laberinto del fauno, pasando por La forma del agua —ganadora del Oscar a Mejor Director y Mejor Película—, su cine ha explorado la belleza que existe en lo diferente.

Ahora presenta Frankenstein, una relectura íntima y emotiva de la novela de Mary Shelley, que el cineasta soñó adaptar durante décadas. Ambientada en la Europa posterior a la Segunda Guerra Mundial, la película aborda la creación, la soledad y el deseo de ser amado desde la mirada de la propia criatura, interpretada por Jacob Elordi, junto a Mia Goth, Oscar Isaac y Christoph Waltz.

Más que un relato de terror, Frankenstein es una elegía sobre la paternidad, la pérdida y la necesidad de afecto. Platicamos con Guillermo del Toro con motivo de su estreno en Netflix.

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Este es un proyecto muy anhelado por ti, una película que llevabas años esperando realizar. ¿Cómo te sientes?

Si te soy sincero, yo no sé cómo sucedió. Imagínate: un chavo de provincia, en su bicicleta, va a un supermercado a comprar un libro de bolsillo de Frankenstein y, a los 11 años, dice: “voy a hacer esta película”. Y casi 60 años después, se logró. ¿Cómo pasó esto? Por poquito y no pasa.

Es una película que estuve desarrollando activamente durante 20 años y que todo mundo rechazó. Igual que con Pinocho. Fue estar batallando hasta cumplir sueños.

Se han hecho muchas adaptaciones de esta historia. ¿Qué hay en tu versión que no se encuentra en las otras?

Las partes que más me interesaban de la novela nunca habían sido usadas en cine. Por ejemplo, la mañana siguiente a la creación, cuando Víctor se despierta y la criatura lo está observando al pie de la cama. Eso no existía en el cine.

Tampoco la creación misma, tal y como Shelley la describe. En la novela, Víctor usa partes de animales, puercos, caballos y cuerpos provenientes de la guerra. Este cuate lleva 20 años obsesionado con crear una criatura y, cuando por fin la está construyendo, está feliz: cosiendo, jalando tendones, reparando músculos.

Entonces decidí filmar ese momento como si fuera un musical: él es un director de orquesta, y lo que está componiendo es un vals, el cuerpo de la criatura. Debía ser un momento de exceso: anatomía, sangre, tendones y músculo.

En la película hay temas que han atravesado tu filmografía, pero el más evidente es la relación padre-hijo. ¿Qué te interesa decir al explorarla?

La historia de la humanidad es la historia de familias rotas. Si analizas las tragedias de Shakespeare, ¿qué encuentras? Ausencia de afecto en la infancia. Las guerras napoleónicas, la corrupción política… todo nace de ahí.

Mi cine habla de esa carencia en la niñez. En Blade II vemos a un hijo vampiro cuestionando a su padre por cómo lo creó. Igual la niña en Cronos, o los niños en El laberinto del fauno y El espinazo del diablo.

En esta película, la criatura es un niño creado por otro niño herido, que intenta remediar su propia infancia, pero termina repitiendo la brutalidad. Es tan humano decir: “yo no cometeré los errores de mi padre” y encontrarte, a los 41 años, haciéndolos igual. Eso es muy potente.

El filme también es un homenaje a Mary Shelley. ¿Por qué era importante darle un lugar central en tu interpretación?

La hermosura del libro es que es una autobiografía de Shelley. Si conoces su vida, ves su dolor reflejado en la novela. En la película puse elementos biográficos que no suelen mostrarse.

La imagen del padre como villano no aparece en Frankenstein, pero sí en el resto de su obra, sobre todo en sus dos últimas novelas, donde las figuras paternas son tiránicas.

El romanticismo nace del dolor. Mary conoció a Percy Shelley cuando ella tenía 17 años y él 21, y estaba casado. Se fugaron contra toda oposición, a las cinco de la mañana. Es un dramatismo extremo.

Para mí, el romanticismo son los ingleses mexicanizándose: entrando al melodrama con gusto. Todo eso lo puse en la película.

En Netflix desde el 7 de noviembre. 

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