Serie Murder in a Small Town
Cortesía | Murder in a Small Town serie
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Ian Weir: "Todo crimen puede ser, en el fondo, una historia sobre la soledad"

El productor de Murder in a Small Town nos revela los retos de adaptar a la televisión las aclamadas novelas de L.R. Wright

Stivi de Tivi
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Murder in a Small Town parece una serie más de detectives y asesinatos, pero debajo del misterio se esconde una historia sobre la soledad, los secretos y las conexiones humanas. La trama sigue a Karl Alberg (interpretado por Rossif Sutherland, a quien vimos en The Handmaid’s Tale), un detective que llega a un pequeño pueblo costero para asumir el cargo de jefe de policía. Ahí conoce a Cassandra (Kristin Kreuk, la recordada Lana Lang de Smallville), una bibliotecaria que pronto se convierte en una pieza clave de su nueva vida.

La serie está basada en la saga de la autora canadiense L.R. Wright, cuya primera entrega, The Suspect, ganó el prestigioso premio Edgar. La adaptación televisiva corre a cargo de Ian Weir, escritor, novelista y productor con una larga trayectoria en la televisión canadiense, conocido por producciones como Arctic Air y Edgemont (donde, curiosamente, también trabajó con Kreuk).

Time Out México conversó con Ian Weir sobre la serie, que estrena su primera temporada esta semana en Universal+.

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Más allá del misterio, ¿qué espera que el público mexicano descubra o reconozca sobre la naturaleza humana a través de estos personajes?

Ian Weir: Espero que las audiencias mexicanas, como las de cualquier otro lugar, se vean a sí mismas en los personajes y en su humanidad. Los detalles de nuestra serie son muy específicos: está filmada en la costa oeste de Canadá y, dentro de su mundo ficticio, se ambienta en la costa oeste del estado de Washington. Sin embargo, anhelo que nuestros personajes sean universales. Espero que sus sueños, esperanzas y aspiraciones resuenen en todos. También busco que sean personajes tridimensionales e interesantes de seguir semana tras semana; esa era precisamente la visión de L.R. Wright en sus novelas. Por eso espero que el público mexicano responda a las historias de la misma manera en que yo lo hago.

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L.R. Wright creía que resolver un asesinato no era tan interesante como comprender la vida que llevó hasta él. Después de adaptar su obra, ¿cree que todo crimen es, en última instancia, una historia sobre la soledad?

IW: Qué gran manera de expresarlo. Sí, creo que es una forma maravillosa de verlo. Al igual que L.R. Wright, tengo una visión fundamentalmente optimista de los seres humanos. La mayoría de las personas que he conocido en mi vida han sido buenas en esencia, lo cual no significa que no exista la gente mala. Pero cuando ocurren cosas terribles, creo que hay toda una serie de factores que contribuyen a ello. Decir simplemente que alguien es malvado porque ha hecho algo malo me parece insuficiente.

La pérdida de conexión humana y la soledad —temas que tanto le interesaban a L.R. Wright— me resultan fascinantes. Toda la historia de Karl y Cassandra, el jefe de policía y la bibliotecaria, trata en gran medida sobre personas que entienden lo que es la soledad porque la han experimentado, pero que ahora avanzan hacia la conexión y la alegría. Por supuesto, hay altibajos; al final del día es una relación. Explorar esa conexión entre ellos es algo central en la serie.

La televisión actual suele premiar la velocidad: tramas más ágiles, revelaciones inmediatas y giros constantes. Murder in a Small Town se permite bajar el ritmo y simplemente observar a las personas. ¿Fue proteger ese ritmo uno de los mayores desafíos creativos al adaptar los libros?

IW: Sí. Me encanta ese tipo de narrativa; contar historias que no necesitan avanzar a una velocidad vertiginosa. Es cierto que la televisión necesita cierta agilidad, de lo contrario puede volverse un poco autocomplaciente, pero el desafío consistía en encontrar ese equilibrio: no apresurarnos ni intentar que suceda algo cada 30 segundos solo para hacer avanzar la trama.

Nuestra forma de abordarlo es creer que, al igual que en las novelas, si los personajes son lo suficientemente complejos, la audiencia seguirá intrigada al observarlos y no necesitará una secuencia constante de giros. No es una crítica a ese estilo de narración, pero me interesan más las historias que surgen de los personajes que las construidas a partir de la trama.

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Rossif Sutherland y Kristin Kreuk tuvieron la difícil tarea de dar vida a dos personajes literarios muy queridos. Como creador del show, ¿qué entendió cada uno de ellos sobre Karl y Cassandra que le sorprendiera o incluso profundizara su propia comprensión de los personajes?

IW: Es una pregunta muy bonita. A lo largo de los años haciendo televisión he descubierto que, al principio de la primera temporada, los escritores y productores conocen a los personajes mejor que los actores. Pero, por lo general, hacia el final de esa temporada se empieza a pasar la estafeta; los actores llegan a conocerlos igual o incluso mejor que nosotros.

Para cuando llegas a una segunda o tercera temporada, ellos los conocen a la perfección porque han estado viviendo en su piel todo ese tiempo. En un gran equipo —y nosotros hemos tenido muchísima suerte de contar con uno— es un proceso verdaderamente colaborativo. Nosotros establecemos quiénes son, pero los actores hacen descubrimientos y nos los traen, mientras nosotros seguimos aportando desde el guion. Cuando el proceso es productivo y feliz, la colaboración es una verdadera alegría.

Una vez que termina una temporada, ¿puede verla simplemente como un espectador o solamente ve las páginas que desearía haber reescrito?

IW: Inmediatamente después de terminar, solamente veo todo lo que desearía haber hecho de manera diferente. Después de unos meses, normalmente ya puedo empezar a verla como un espectador. En nuestro caso, la serie se estrenó unos cuatro o cinco meses después de terminar el rodaje. Mi esposa y yo siempre la vemos juntos en televisión. Es hasta ese momento cuando puedo relajarme un poco y dejar de castigarme pensando: "¿Por qué hice eso en lugar de hacer esto otro?". Pero creo que todos los escritores hacen eso, ¿no? Escribes algo, lo miras y dices: "¿En qué estaba pensando?".

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