Franz Kafka murió hace más de cien años, pero seguimos usando su apellido para describir situaciones absurdas, burocracias imposibles y esa sensación de estar atrapados en un mundo que no entendemos. Kafka, la serie de seis episodios de Film&Arts, encuentra una manera muy atractiva de acercarse a él: en lugar de contar su vida de principio a fin, lo reconstruye a través de las personas que realmente lo conocieron. Su padre, Max Brod, Felice Bauer, Milena Jesenská y Dora Diamant son quienes, aunque muchas veces quedan relegados cuando hablamos del escritor, aquí toman el protagonismo.
El elenco está encabezado por Joel Basman como Kafka, acompañado por David Kross, Liv Lisa Fries, Lia von Blarer, Nicholas Ofczarek y Tamara Romera Ginés. Detrás de esta mirada se encuentran dos creadores que llegan desde lugares muy distintos, pero que parecen hechos para encontrarse con este proyecto: el director austríaco David Schalko (Braunschlag) y el escritor Daniel Kehlmann (La medición del mundo), quien elaboró el guion a partir de la monumental biografía de Reiner Stach. La serie no intenta resolver el misterio de Kafka, sino entender cómo su vida terminó convirtiéndose en literatura; mientras más conocemos al hombre a través de quienes lo rodearon, más complejo y enigmático se vuelve.
Time Out México conversó con David y Daniel acerca de esta producción, que se estrenó el 6 de agosto en Latinoamérica por Film&Arts, con un nuevo episodio cada jueves.
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La mayoría de las biografías intentan recrear acontecimientos. Esta serie parece intentar recrear un estado mental. ¿En qué momento se dieron cuenta de que no estaban dirigiendo la vida de Kafka, sino su conciencia?
David Schalko: Es una buena pregunta. En realidad, desde el principio. Nos preguntábamos cómo contar la vida de alguien y qué forma parte realmente de ella. No se trata solamente de la biografía, sino también de la vida interior, que por supuesto es fundamental. No queríamos hacer una biografía clásica. Buscábamos mostrar no solo la vida de Kafka, sino también al escritor, su mentalidad y cómo crea una gran literatura; pero no existe un Kafka "completo". Por eso, cada episodio ofrece una perspectiva diferente sobre su vida y, de alguna manera, al final completa la imagen.
Las mujeres en la vida de Kafka suelen ser recordadas en relación con él, más que como individuos por derecho propio. ¿Qué cambió cuando empezaron a contar partes de la historia desde su perspectiva y no desde la de Kafka?
Daniel Kehlmann: Esa pregunta es especialmente relevante en relación con Milena, porque ella era una muy buena escritora por derecho propio, con obra publicada y, en su momento, bastante famosa. Leí mucho de su trabajo traducido al alemán e intenté utilizarlo para construir su personaje. Normalmente, solo escuchamos la voz de Kafka, ya que únicamente sobrevivieron sus cartas. Elias Canetti incluso escribió un texto sobre Felice Bauer en el que la llamó “la mujer silenciosa” porque siempre está la voz del escritor, pero no la de ella (sus cartas se perdieron). Así que esa etiqueta es un tanto ridícula.
Lo más importante en nuestro caso era darles una voz a las mujeres. Con Milena fui bastante lejos porque, en cierto momento, tiene un arrebato de ira y empieza a gritarle a Kafka. Y todo lo que le grita es correcto; todo lo que le reprocha es válido. Sentí que ella tenía derecho a hacerlo. Por supuesto, en el caso de Dora —que en muchos aspectos fue realmente su esposa, pues vivieron juntos durante más de un año en Berlín—, lo vital era que la gente supiera que existió. Hay una película reciente de un director polaco que eliminó completamente a Dora Diamant. Ni siquiera aparece, y ves a Kafka viviendo como un lobo solitario, como un genio triste y asilado, pero no era así. Lo más importante era volver a ponerla dentro de la historia.
Escribir sobre Kafka ya es un desafío. Escribir sobre las personas que lo rodearon y dejar que ellas lo definan parece todavía más complejo. ¿Cómo encontraron la voz de cada personaje sin perder de vista al autor?
Daniel Kehlmann: Muchos de esos personajes eran escritores, así que eso, por supuesto, es de gran ayuda. En el caso de Franz Werfel, Max Brod, Milena y Felix Weltsch conocemos su voz porque publicaron libros. En este caso tan particular, fue muy fácil encontrar esas voces porque sobrevivieron y están disponibles para nosotros. Por lo demás, soy novelista, eso es lo que hago, y me encanta escribir para la pantalla. Una gran parte del proceso recae en los maravillosos actores y en el director, que convierten las palabras en algo vital y vivo. Como escritor, ni siquiera tienes que darle una voz completamente desarrollada a cada personaje porque cuentas con la ayuda del elenco.
En lugar de preguntar “¿Quién era Franz Kafka?”, la serie parece preguntar “¿Quién era Franz Kafka para las personas que lo amaron, lo desafiaron o lo malinterpretaron?”. ¿Por qué esta perspectiva les resultó más reveladora que contar la historia cronológicamente?
David Schalko: Porque no es una biografía clásica. Para acercarnos a él y encontrar su verdad, nos preguntamos: ¿cómo se cuenta una vida? Es el mismo problema que tuvo un biógrafo como Stach. ¿Cómo relatas la vida de un hombre, especialmente cuando es escritor? No puedes separar la vida de la literatura; están conectadas.
Esa fue la perspectiva principal de toda la serie. Después empezamos a mirar su vida desde diferentes ángulos, porque el Kafka de la oficina es completamente distinto al Kafka como hijo o como amante. Incluso las mujeres que amó son muy diferentes entre sí, y su manera de comportarse con ellas cambiaba. Eso fue muy importante para nosotros: dejar claro que no existe un Kafka absoluto. Hay partes de su vida que dejamos fuera para concentrarnos en aquello que realmente fue importante para su literatura.
Hay una hermosa ironía en esta serie: cuanto más nos acercamos a Kafka a través de las personas que lo rodearon, más misterioso parece volverse. ¿Abrazar ese misterio fue uno de sus objetivos creativos desde el principio?
Daniel Kehlmann: Sí. Un sí absoluto. Hay un recurso narrativo que se ha usado bastante en televisión: que los personajes miren a cámara, rompan la cuarta pared y hablen con el público. Decidimos hacerlo, pero establecimos que Kafka no debería hacerlo. Así que todos los demás personajes principales miran al público y comparten su desconcierto ante el milagro de Kafka, pero no tenemos la voz directa de él. Él conserva su eternidad.
Siempre estuvo claro que, aunque sabemos mucho sobre él, nadie puede afirmar que lo comprende completamente. Ni las personas que lo rodeaban ni, por supuesto, nosotros. Sentimos que era crucial permitirle conservar el misterio más profundo de sí mismo.

