Jafar Panahi habla sobre Fue solo un accidente y la censura en Irán
Foto: Cortesía
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Jafar Panahi habla sobre Fue solo un accidente y la censura en Irán

El cineasta iraní reflexiona sobre Fue solo un accidente y los desafíos de crear cine bajo un régimen represivo.

Stivi de Tivi
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Jafar Panahi, una de las voces más influyentes y perseguidas del cine iraní, vuelve al centro de la conversación internacional. El 1 de diciembre de 2025, un tribunal revolucionario de Teherán lo condenó en ausencia a un año de prisión, reafirmando la presión constante del régimen sobre su obra y su figura. En medio de este contexto llega a México su película más reciente, Fue solo un accidente, filmada de manera clandestina y aclamada mundialmente por su mirada crítica sobre la memoria, la justicia y las heridas que deja la violencia política.

En entrevista Panahi nos habla sobre su impulso creativo, los límites de la libertad artística y la tensión de seguir filmando cuando su propio país intenta silenciarlo.

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¿Qué te impulsa a seguir creando en contextos donde los artistas viven bajo presión estatal?

Cada país tiene sus propios problemas y desafíos. Solo viviendo dentro de una geografía puedes entender sus realidades y cómo enfrentarlas. El arte, por su naturaleza, no permite fórmulas universales ni caminos iguales para todos.

Desde afuera, estos regímenes parecen impenetrables y aterradores, pero cuando vives dentro de ellos encuentras, casi de manera instintiva, formas de respirar, crear y escapar de la presión.

¿Le habría gustado que su película fuera enviada por Irán? ¿Cómo podría la Academia evitar depender de gobiernos represivos?

Durante años hemos cuestionado las reglas de la Academia, porque no reconocen las dificultades que imponen regímenes como el iraní y las presiones que ejercen sobre los cineastas. Siempre deseé que mis películas no solo fueran enviadas a los Oscar por mi país, sino que también pudieran proyectarse en Irán. Pero nunca fue posible. Ocurrió con The Circle y después con Offside. Incluso Sony Pictures Classics pidió a las autoridades que la proyectaran una semana —el mínimo requerido para competir— y aun así se negaron.

Todo esto demuestra que las reglas de la Academia pueden fallar y necesitan revisarse. No es solo un problema de Irán; ocurre en países como Rusia, China o India. La Academia debe encontrar una solución real, o incluso considerar eliminar la categoría internacional, para que todas las películas compitan en igualdad de condiciones.

El filme contiene un plano secuencia de 13 minutos. ¿Cómo construyó esa escena tan intensa con tan pocos elementos visuales?

Yo mismo me pregunté por qué necesitábamos un plano medio fijo de 13 minutos. A lo largo de la película, los personajes hablan constantemente de alguien que nunca aparece en escena. Busqué una especie de “justicia visual”: un momento donde ese personaje ausente estuviera presente y los demás desaparecieran. Aunque parecía sencillo, fue el plano más complicado del rodaje. Comprendí que el problema era yo: no conocía lo suficiente a un interrogador.

Pedí ayuda a un amigo que pasó años en prisión y que también colaboró en el guion. Sus indicaciones sobre cuándo un interrogador se enfurece, manipula o se derrumba fueron cruciales. Con esa información, el actor logró la interpretación adecuada en dos o tres tomas. Me negué a filmar otros ángulos porque no quería la tentación de cortar en la edición. La fuerza del plano residía en ser una única toma, larga y sostenida.

¿Puede verse trabajando creativamente fuera de Irán?

Nada es imposible, pero para crear fuera de tu país necesitas un verdadero entendimiento del lugar, no algo superficial. Mis viajes siempre han sido breves, entre hoteles y salas de entrevistas, así que no he tenido una experiencia profunda que me permita filmar con la misma honestidad. Si hiciera una película en otro país, tal vez no sería mala, pero no sería la película que deseo hacer.

Mi base siempre será Irán. Cuando era estudiante, me encargaron un cortometraje. Lo hice inspirado en Hitchcock: técnicamente correcto, pero al editarlo noté que no tenía alma. Sabía que no podía permitir que existiera como parte de mi obra. Robé los negativos del laboratorio y los destruí. Incluso entonces, cuando nadie me conocía, tenía claro que nunca debía traicionar la santidad del cine en la que creo profundamente.

Fue solo un accidente estrena en cines este 4 de diciembre. 

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